Solo faltaron promesas al Señor Caído de Monserrate, cadenas de oración y la alocución presidencial para que por fin el sueño de muchos hinchas, periodistas y expertos, fuera tener un técnico extranjero como Pekerman dirigiendo la Selección. No podemos desconocer su excelente trayectoria: tres títulos mundiales con selecciones menores de Argentina, mentalidad ganadora y formador de talentosos jugadores que hoy brillan por el mundo.
La millonaria contratación en dólares no deja de ser escandalosa y desmotivadora para los excelentes técnicos de nuestro país.
Razón suficiente para pedirle no solo una simple clasificación al mundial, sino estar en octavos de final. El señor Pekerman tiene o tiene que llevarnos a la mejor presentación mundialista de nuestro tricolor. Recibe un seleccionado lleno de altibajos, con dos técnicos sacrificados prematuramente, una hinchada dividida y un país confundido futbolísticamente. Los honorables y perpetuos dirigentes de la desacreditada Fedefútbol también estarán bajo la más estricta lupa de todo un país. ¿Le darán al nuevo técnico extranjero el mismo trato que a los colombianos? ¿Serán tan estrictos y radicales como lo fueron con "Bolillo" y Leonel?
Lo cierto es que por la rimbombancia con que fue contratado y con las expectativas que ha despertado no podemos medirlo con el mismo rasero que a los técnicos colombianos. Ya no hay tiempo de más cambios.
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