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Pobreza endurece la discapacidad

EXISTEN TRATAMIENTOS E implementos para que los discapacitados físicos lleven una vida más sana y normal. No todos pueden tenerlos.

  • Pobreza endurece la discapacidad | Róbinson Sáenz | Con tres taxis cuenta por ahora la empresa Tedix. Su teléfono es 448 33 49.
    Pobreza endurece la discapacidad | Róbinson Sáenz | Con tres taxis cuenta por ahora la empresa Tedix. Su teléfono es 448 33 49.
31 de agosto de 2011
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No es que los billetes lo pongan a caminar, pero mientras más ceros haya a la derecha de cualquier número en el bolsillo y en la cuenta bancaria de una persona que no pueda andar, avanza en su recuperación y en su bienestar como si esos ceros fueran ruedas aceitadas.

Hace un par de semanas, este diario dio la noticia de la visita de directivos de la Confederación Suramericana de Fútbol al exdirector técnico de fútbol Luis Fernando Montoya. En ella, la promesa de Nicolás Leoz, presidente de esa entidad, de ayudarle en la consecución de dos bicicletas especiales, recomendadas "por el médico John McDonalds, el mismo que atendió a Christopher Reeve, quien encarnó a Supermán", las cuales cuestan 46 millones de pesos.

Ni él ni ningún discapacitado moriría por la falta de estas bicicletas, pero, si le cumplen la promesa, los aparatos contribuirán, según Maritza Posada, líder de Contratos de Amigos de los Limitados Físicos, a prevenir la osteoporosis, la artrosis, problemas musculares y las escaras. También evitan la tromboflebitis. "Evita que se agrave más".

Juan Pablo Botero Rave, estudiante de ingeniería de Eafit, quien tiene en su proyecto de grado la construcción de una bicicleta para acondicionamiento físico, añade que sirven para mejorar la circulación, la digestión y el metabolismo. Y Eduard Carmona, comerciante y estudiante de Antropología, que le ayudarán a mejorar la respiración y el equilibrio, y a adquirir fuerza en las articulaciones.

Y así como esas ciclas, en el mundo de la discapacidad motriz hay cientos de aparatos y tratamientos para todo. Para mejorar. Para no morir. Hay quienes practican deportes, esquían o pilotean un avión. Pero, como es sabido, todo el mundo no tiene acceso a esos privilegios. Es preciso tener plata, patrocinio o, en su defecto, paciencia y espíritu combativo para estar encuellando simbólicamente, con tutelas, al doctor No de cada EPS o el Sisbén, para que otorgue cualquier sonda.

En Amigos de los Limitados Físicos y la ciudad entera se ven casos lamentables: discapacitados que sólo tienen una silla plástica con ruedas adaptadas. Unos que reptan por las aceras y otros que ruedan en una especie de patín. Las más de las personas que tienen movilidad mermada, apenas sí adquieren sillas de ruedas genéricas, que no están hechas a su medida.

Esa silla que se ve en las entradas de hospitales y en uno que otro supermercado, vale unos 500.000 pesos.

Germán Chavarría, líder de la ciudad en materia de reivindicación de derechos de discapacitados, instructor de independencia en esa materia, tiene una silla personalizada.

La mandó a hacer en Bucaramanga a la medida de su cuerpo. Es ergonómica y anatómica. Pesa 9 kilos porque es de aluminio, en tanto que una genérica pesa 18. Le costó un millón 400 mil pesos hace un año. Con ella rueda cuesta abajo desde su casa en Manrique San Pablo y recorre la ciudad. Según sus amigos, él es dueño de una independencia total. "En la discapacidad, lo más duro no es no poder caminar sino la dependencia", dice Carmona.

Ni Germán ni ningún discapacitado moriría por falta de una silla personalizada, pero, al tenerla él consigue bienestar: mejora la postura corporal y su columna vertebral sufre menos; como posee cojín antiescaras, es decir, que evita la formación de heridas en puntos de más presión, como el cóccix.

Ni Juan Pablo Botero Rave ni ningún otro discapacitado moriría por no tener la silla que tiene. Una de motor y baterías, importada de Estados Unidos con un costo de 32 millones de pesos, gracias a recursos obtenidos en un concierto de rock que organizaron para eso unos amigos suyos. La silla le permite llevar la vida social que debe llevar. Nadie tiene que estar empujándolo dondequiera que vaya.

Tampoco él ni ningún otro discapacitado moriría por no viajar en los taxis especialmente acondicionados de una naciente empresa.

Son Renault Kangoo a los cuales, mediante una rampa de leve inclinación, el usuario asciende montado en su silla, por la parte de atrás. Va anclado y atado con cinturón de seguridad y puede ir acompañado hasta por tres personas.

No moriría, pero si le evita morirse de rabia por la humillación que suelen causarle los más de los taxistas corrientes, que no le paran por no perder tiempo con él, cargándolo de la silla de ruedas al asiento y guardando la silla en la maleta.

"Salen con mil excusas: 'es que se me perdieron las llaves de la maleta'", cuenta Catalina Vélez, propietaria de Tedix, la empresa de taxis especiales, en compañía de su novio Andrés Villa. Ellos montaron este negocio tras observar esas conductas. "La mínima vale 15 mil pesos -cuenta él-. El tacómetro cobra por metros recorridos".

Ni Eduard Carmona ni ningún otro discapacitado moriría si no tuviera su carro adaptado para conducirlo con las manos. Acelerador, freno, embrague, cambios. Hizo instalar una varilla de control a su Mazda.

En él va a trabajar a un restaurante, a estudiar a la Universidad -"Dieciocho kilómetros contaditos de mi casa a la U y viceversa, de martes a viernes", y a surtir víveres a la Central Mayorista. Con tecnología "chibchombiana", la adaptación sale en 600 mil o 700 mil pesos. Con tecnología estadounidense, en 1.200 dólares.

Con ello él evita subirse a los buses y al metro. "¿Quiere que le explique cómo hacemos en los buses? Pues, un conductor amable se detiene y espera que pasemos de la silla a la escala más bajita de la puerta de atrás. Ahí estamos perdiendo parte de nuestra dignidad: donde los pasajeros se paran, nosotros nos sentamos. De ahí, con las manos, pasamos el cuerpo para la otra escala. ¿La silla? Esa nos la ayuda a entrar un buen samaritano".

Ni él, ni Juan Pablo ni ningún otro discapacitado moriría por falta de un Sars. Esto es un dispositivo de estimulación de raíces sacras anteriores, que conecta sus órganos excretores y sexuales con el sistema nervioso.

Con ese dispositivo pueden controlar tres funciones: la orina, la deposición y la erección de su pene. Esa cirugía, que supera con mucho los 130 millones de pesos, ya la brinda la EPS y el Sisben porque evita el uso de sondas para evacuar la orina, el cual se convierte en factor de riesgo de contraer infecciones urinarias y renales: la otra causa más común de muerte entre esta población. También evita la ingestión de viagra y mejoran la autoestima.

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