Cuando los padres matriculan a su niño en una institución educativa tienen diferentes motivaciones para seleccionar entre la amplia oferta. Pero elegir bien va más allá del portafolio que cada institución elabore para vender su propuesta. Elegimos instituciones pero desafortunadamente no podemos elegir profesores, lo cual resultaría muy complejo. Esto es tan vital como elegir la persona que cuidará a nuestros hijos mientras trabajamos. Buscamos personas idóneas, intentamos elegir personas capaces de apoyar nuestro trabajo por construir valores y fortalecer la autoestima en nuestros hijos. Pero delegamos esa labor fundamental realmente a ciegas.
Este es un riesgo que hay que correr y confiar en que todo nuestro esfuerzo se pueda apoyar en personas que valoren al ser desde nuestra propia idea de lo que es ayudar a un ser humano a construirse a sí mismo.
El profesor lleva su propio equipaje al colegio que indefectiblemente irá a manifestarse en sus interacciones con los alumnos y, como nosotros cometerá los mismos errores que nuestro guión nos ha posibilitado. Somos lo que somos, adonde quiera que vayamos. Sin embargo en el camino, con nuestro propio compromiso, podemos variar nuestro papel y ayudarnos a equilibrar ese bagaje que cargamos del pasado y lo que vamos aprendiendo en nuestro devenir como seres humanos.
Un profesor definitivamente es transitorio en la vida de cualquier ser humano, pero sus enseñanzas o su actitud frente al alumno suelen marcar a éste para toda la vida: bien porque construye o destruye el interés por la materia que enseña, o bien porque construye o destruye de su alumno la fe en sí mismo, su autoestima, su motivación, su persistencia.
Cualquier profesor con una preparación académica adecuada puede enseñar religión, matemáticas, geografía etc. pero no cualquiera puede ayudar en la construcción de autoestima, ni en dotar al alumno de valores humanos.
¿Son conscientes los profesores, no sólo los directores de grupo sino los de las diversas áreas, de que nos están ayudando a tallar esas gemas preciosas que son nuestros hijos para hacer con su esfuerzo y dedicación, que no son fáciles ni sencillos, un ser humano pleno, seguro de sí mismo, motivado para el estudio, asertivo, que luego cumplirá un papel decisivo en la sociedad en la cual se desarrolla su vida?
¿Tienen conciencia de que con hechos como comparar a un alumno con otros, asignar rótulos negativos como el perezoso, el tímido, el maqueta, etc., ridiculizar las actuaciones de los niños o jóvenes, corregirlos delante de sus compañeros, premiar sólo los logros y no los esfuerzos, ignorar al que se muestra tímido o callado, o al que no tiene grandes logros académicos, y sólo darle oportunidad de demostrar sus atributos al extrovertido, al que siempre recibe las menciones y participa en todos los actos públicos?
Su alumno posiblemente olvidará las lecciones de geografía, no volverá a acordarse de derivadas y ecuaciones, guardará en el cuarto de San Alejo los problemas de física, pero jamás, jamás olvidará si usted le enseñó a amarse a sí mismo, si le enseñó con su conducta a ser responsable y honesto, si usted con su calidad humana lo orientó para ser un humano pleno, feliz, compasivo, y auténtico, si alcanzó a motivarlo para sentirse seguro de sí mismo y afrontar con valentía las vicisitudes de la vida.
Los mejores profesores no son los que dominan el conocimiento y la información, son los que saben conducir con delicadeza al alumno hacia su propio conocimiento y a hacer esa maravillosa simbiosis entre humanidad y ciencia.
Sugerencias para fomentar la autoestima en los alumnos
· Fomente el buen trato en su salón de clases.
· Cuando corrija a su alumno critique el acto, no al niño y no lo haga delante de sus compañeros.
· Reconozca ante sus alumnos que usted también es un ser humano y por eso comete errores.
· Hágale saber a cada alumno que es un ser valioso e importante.
· No espere el mismo resultado académico de todos sus alumnos.
· Configure unas normas claras en el manejo de la disciplina.
· Promueva el trabajo en grupo.
· Escuche con atención a sus alumnos y aprenda a leer el lenguaje no verbal que tanto expresa.
Amado profesor a quien tanto valoro, que al final de tu labor tu alumno te recuerde porque le enseñaste a amarse y a amar al universo, y no porque alejaste de su alma la autoestima.
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