Las prótesis articulares son dispositivos hechos por el hombre para reemplazar uno o los dos componentes de las articulaciones.
Éstas, se utilizan principalmente en situaciones donde hay desgaste de la articulación como sucede con las artrosis y, en algunos casos, por fracturas en las que la reconstrucción del hueso, o es muy difícil técnicamente o su reconstrucción tiene un mal pronóstico.
Las articulaciones que se reemplazan son: cadera, rodilla, hombro, codo, y algunas de la mano y el pie.
Si bien estas prótesis son una muy buena opción, en general se recomiendan en pacientes de edad avanzada, pues la prótesis se desgasta y con el tiempo, si se trata de un paciente joven, éste muy seguramente requerirá una segunda intervención, que tiene más riesgos de fallar.
En estos últimos pacientes, los de menor edad, reciben prótesis articulares sólo en casos estrictamente necesarios, cuando sufren un trauma severo o tienen enfermedades muy agresivas.
Luego de recibir la prótesis, el paciente mejora el dolor y la flexión.
Las complicaciones se presentan en un porcentaje muy pequeño y pueden ser manejadas.
Las más frecuentes son infecciones, luxaciones y aflojamientos de la prótesis del hueso.
Para contribuir al éxito de la cirugía, el paciente debe conocer previamente algunas limitaciones que tendrá en su vida futura y que varían de acuerdo con la articulación intervenida.
Por ejemplo, en las prótesis de miembro inferior, es muy recomendable no aumentar de peso ni realizar actividades físicas de impacto.
El paciente debe tener en cuenta, que aunque los reemplazos articulares se pueden realizar en instituciones de salud de baja complejidad, las ventajas de hacerlos en hospitales de alta complejidad, es que es intervenido por personal especializado en prótesis, manejo multidisciplinario luego de la cirugía o de las complicaciones que ocurren luego de ésta, además de contar con instalaciones de cirugía, quirófanos modernos con flujo laminar, y una excelente central de esterilización.