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Que cien años no son nada

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04 de febrero de 2012
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Ese día, Joaquín Misas avisó en primera página que estaba recibiendo "los paños más bonitos, más buenos y más baratos. También lindos cortes para chalecos". Y más adelante Plus Forma Emulsión sentenció: "Las Flacas viven ignoradas. Hemos podido comprobar que a una mujer flaca le resulta muy difícil salir del anonimato".

Era el 6 de febrero de 1912 y nacía EL COLOMBIANO, "Un periódico de todos y para todos" al que muchos aman y algunos odian, pero todos leen. El nombre, insuperable. Un acierto en doce letras que tal vez no imaginaron los fundadores cuando lo crearon, pero nos acoge a todos los que nacimos sobre el mapa nacional. Para muchas generaciones de antioqueños, EL COLOMBIANO no sólo ha sido el periódico por excelencia, sino que cualquier otro periódico ha sido llamado un colombiano, por generalidad.

Para mí fue la cartilla en la que aprendí a leer. Mientras algunos recitaban tiernas oraciones de Coquito , como "mi mamá me ama, mi mamá me mima, yo amo a mi mamá", yo unía sílabas cuyas frases, para la edad, seguramente no comprendía: "Pér di das por vein te mi llo nes de jó a gua cero en Bo gotá". O "Is rael ini ció re pre sa lia". Ahora que leo de corrido veo cuán poco han cambiado las noticias.

Basta hojear sin afanes la cuarta edición de Primera Página, publicada con motivo de los 95 años, para que el asombro cobre protagonismo: leer en una edición de 1934: "El magistrado que tolera la impunidad gana para sí el desprecio o la infamia", (Laureano Gómez en la posesión del doctor Alfonso López como Presidente de la República), es un claro indicio de que el mundo va en cohete, pero la condición humana viaja en tortuga. Ese titular bien podría salir en la edición de mañana y no se notaría la diferencia entre ayer y hoy. Igual pasaría si cambiamos la palabra impunidad por injusticia. El periódico es testigo de los tiempos. Nada hay más viejo que un periódico de ayer, pero difícil encontrar uno tan moderno como este de cien años de existencia. Mantenerse durante un siglo en los primeros lugares de preferencia de los lectores no ha sido como soplar y hacer botellas. Angustias, ataques, amenazas, intentos de cierre y hasta bombas hacen parte de la historia del periódico, junto con los opuestos: aceptación, credibilidad y respeto, que han pesado mucho más en el inventario de las audiencias. No en vano se ha mantenido como guía de opinión, con una definida orientación política que punza y saca ronchas, pero que es absolutamente válida, respetable y necesaria.

Dentro de cien años otras generaciones estarán celebrando, a su manera, los doscientos. Tal vez para entonces las gordas hayan recuperado de nuevo un lugar respetable en esta dictadura social del culto a la belleza, y los jueces, su sensatez a la hora de impartir justicia.

Entre tanto, hoy aplaudimos con fuerza, regocijo y sentimiento este primer siglo de existencia. ¡Salud, compañero de todas las mañanas!

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