Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

¡Quieta, Margarita!

  • Ernesto Ochoa Moreno | Ernesto Ochoa Moreno
    Ernesto Ochoa Moreno | Ernesto Ochoa Moreno
27 de enero de 2012
bookmark

A menudo en la prensa escrita se olvida, en textos y en títulos, una bella minucia ortográfica: la coma del vocativo.

Por ejemplo, el sábado pasado, mi vecino de la página de al lado, Ramiro Valencia Cossio, tituló una columna sobre el pintor Fernando Botero, así: "Gracias maestro", sin coma. Debe ser: "Gracias, maestro". Es uno de los tantos títulos que suelen aparecer en EL COLOMBIANO con ese error de puntuación. Que afea, de todas maneras.

La coma del vocativo no existe para algunos periodistas y columnistas y, lo que es peor, tampoco para algunos correctores. Y no sólo se comete el error en los títulos, que es donde más se nota, sino también en la redacción de noticias o artículos. Estoy convencido de que las más de las veces no es por descuido, sino por ignorancia.

He preguntado a muchas personas del común, a estudiantes de secundaria, sobre todo, pero también a universitarios y profesionales, si sabían qué era el vocativo y si conocían la norma de puntuación de separar en la frase, con una coma, a la persona o al vocablo interpelados. Muchos no tenían ni idea.

Referirse a este persistente error fue predicar en el desierto para Argos, mientras vivía, y lo sigue siendo hoy para Abel Méndez, por citar dos conocidos cazagazapos de oficio.

Consulto precisamente el libro "Gazaperas gramaticales", del inolvidable Argos, y allí encuentro una nota de 1988, en que advertía que en la entonces llamada "Revista Viernes Cultural", de este diario, se hablaba de la telenovela 'Quieta Margarita' (que muchos recordamos) sin coma y sin interjecciones. Y aduce este texto de la Real Academia:

"Está en vocativo la persona o cosa personificada a la que dirigimos la palabra en tono de súplica, mandato o invocación. Este caso no forma parte de la oración como sujeto ni como complemento, y por eso se coloca siempre entre comas, si va en medio de la frase, y con una coma después, si va al principio". Y hasta a la Real Academia le pilla Argos un gazapo, porque comenta entre paréntesis: "Aquí le faltó a la Academia el caso en que el vocativo va al final de la frase, en el cual antecederá la coma, como en el título que consideramos: '¡Quieta, Margarita!".

Tan largo introito para apoyar la idea, lanzada en muchas oportunidades por el Defensor del Lector de EL COLOMBIANO, el colega y amigo Víctor León Zuluaga, de que en este periódico sea creada una sección que asuma ante los lectores tanto las imprecisiones de rigor informativo (nombres, fechas, datos históricos, etc.), como los errores gramaticales y ortográficos, a manera de fe de erratas. El centenario que estamos a punto de celebrar sería una buena ocasión. Un gesto bien recibido, sea porque una equivocación no corregida puede llevar a las audiencias a un engaño, sea porque el mal uso del lenguaje afea la redacción de un texto.

La prensa escrita debe entregar a los lectores un producto que, como todos los productos del mercado, requiere control de calidad. Que eso, ni más ni menos, es la corrección de textos y de estilo. Una actividad del periodismo que, hay que decirlo, es cada vez más olvidada.

En el periodismo escrito debería existir un equipo de control de calidad que prevenga y evite los errores y gazapos ortográficos y de tipo informativo y que, cuando se cuelen en la edición, los reconozca y los corrija a los ojos de todos.

Perdone, amigo lector, (lo digo en vocativo) que me haya dejado picar por la culebra del perfeccionismo.

¡Quieta, Margarita!

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD