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Razones para el optimismo

  • Gral. (r) Henry Medina Uribe | Gral. (r) Henry Medina Uribe
    Gral. (r) Henry Medina Uribe | Gral. (r) Henry Medina Uribe
05 de enero de 2012
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No comparto la posición de los pregoneros de la desgracia. No creo que en próximo diciembre se acabe el mundo, ni en el pronto descalabro de la economía europea, ni el inmediato fin del predominio militar y económico de Norte América, ni que en Colombia lo que presenciamos es mucho ruido y pocas nueces. Al contrario, estoy de acuerdo con Fernando Malkún cuando afirma que el año que comienza será de avances hacia una humanidad más consciente de sus realidades y de las responsabilidades personales y colectivas. Pienso que Colombia no es ajena a tales tendencias.

Aunque con razón Edgar Morin, en su libro " La vía para el futuro de la humanidad " nos habla de una multitud de crisis que conforman la gran crisis de conciencia, lo cual hace que nos encontremos lejanos de la observancia del "principio de humanidad", en la forma en que lo entiende el General francés Jean René Bachelet, también son evidentes permanentes desarrollos científicos y tecnológicos que presagian un mejor futuro.

No le faltó razón al Papa Benedicto XVI cuando dijo, hace pocos días, durante la celebración del Te Deum de Acción de Gracias, que hay que "reavivar una fe que instaure un nuevo humanismo capaz de generar cultura y compromiso social".

Comparto el optimismo de Malkún porque creo que la realidad es afectada por los contenidos de la mente. Como lo dice esa maravillosa colección de aforismos budistas, conocida como el Dhammapada: "Somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestro pensamiento. Con nuestro pensamiento construimos el mundo".

Si le damos algún mérito y aún limitada credibilidad a la astrología, podemos observar, así sea en gracia de discusión, que este año termina la era de piscis e inicia la era de acuario y que ello representa un cambio en la conciencia colectiva hacia formas más elevadas de interacción, solidaridad y resolución pacífica de conflictos.

En el año que terminó vimos hechos importantes como el fin de guerra de Irak, la suspensión de las acciones guerreristas de ETA y el auge de movimientos hacia la democracia en algunos países árabes. Pienso que el presente año veremos otros movimientos en igual sentido y un panorama más alentador, como producto de nuevos gobiernos en cerca de 40 países, a pesar de los temores sobre Corea del Norte e Irán.

En Colombia, los resultados económicos del año pasado superaron todas las previsiones. El Presidente ha consolidado su gobernabilidad y la Fuerza Pública es cada día más efectiva en su tarea en busca de la paz y más querida por la sociedad colombiana. Esperamos no habernos equivocado al elegir los gobernadores, alcaldes y concejales recientemente posesionados.

La proporción entre la capacidad militar de las fuerzas legítimas del Estado y la de las Farc es cada vez más asimétrica, lo que hace posible que en un momento de inteligencia de la organización delictiva decida buscar la negociación política, por primera vez honesta, y hacer factible la reconciliación y la paz.

Kristian Herbolzheimer, investigador de la ONG Conciation Resources, con sede en Londres, y con quien tuve la oportunidad de viajar a Filipinas para analizar las similitudes y diferencias del conflicto de ese país con las de Colombia, hace muy interesantes observaciones sobre el conflicto colombiano. Una de ellas es que los conflictos no los resuelven los Estados sin el concurso de la sociedad. Por ello, advierte, la sociedad civil tiene un poder de incidencia y transformación espectacular y cuanto más incluyente y democrático es un proceso de paz, más sólido es el final del mismo.

Dice Herbolzheimer que Colombia necesita urgente una propuesta concreta e innovadora para terminar el conflicto armado. Agrega que no se trata de tender nuevos puentes de diálogo con los actores al margen de la ley, sino de atacar problemas sociales, políticos y culturales. Finaliza diciendo que la guerra es un negocio para muchos, pero una desgracia para la gran mayoría.

Ojalá el optimismo supere a los pregoneros de la desgracia y tengamos en este año el comienzo de una era donde la reconciliación sea más importante que la venganza.

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