Nadie pareció realmente sorprendido por la caída en picada de la imagen favorable del presidente Juan Manuel Santos y su gobierno.
¿Dónde está la causa? ¿Fue el paro agrario, la "movilización de las ruanas", la manifestación callejera del descontento social de los más diversos sectores? ¿O, más bien, fue la evidencia de falta de liderazgo del gobierno central, específicamente de la persona del presidente, que no supo cómo gestionar el problema, ni inspiró en los colombianos confianza en su capacidad de afrontar tamaña crisis?
La caída no es sólo coyuntural, ni mediada por las imágenes de caos y descontrol del paro. Con este, cambió el lente con el que los colombianos miran la acción del gobierno, no sabemos si de manera irreversible. Es una enmienda de rechazo acumulado al balance del gobierno, pobre en ejecución y peor en comunicación con el pueblo.
A la fecha, según la encuesta Gallup revelada ayer por este diario en su edición digital y ampliada hoy en el impreso, el 72 por ciento de los consultados tiene opinión desfavorable de Juan Manuel Santos; pero más delicado aún, el 82 por ciento considera que las cosas en el país van empeorando.
De 19 temas de interés público, el Gobierno Santos reprueba 13, y solo aprueba seis, algunos de ellos con nota media: relaciones internacionales, construcción de vivienda popular, asistencia a la niñez, cubrimiento de la educación, servicios públicos y calidad del transporte y carreteras.
De los 13 que los colombianos consideran mal gestionados, la mitad son reprobados con índices de rechazo alarmantes para cualquier político. El 80 por ciento o más de los encuestados descalifican la gestión pública en corrupción, costo de vida, inseguridad, cubrimiento en salud y en política agrícola.
En los indicadores referentes a la paz, las Farc deben tomar nota de su imagen desfavorable: 95 por ciento. Solo el 2 por ciento de los encuestados la acepta. A esto se suma que el 60 por ciento de los consultados no cree conveniente que se sacrifique la justicia en busca de un acuerdo de paz. Si se leen con inteligencia esos datos, es patente el rechazo al historial violento de la guerrilla y sus efectos sobre los civiles. En últimas, la ciudadanía no está dispuesta a aceptar impunidad frente a sus crímenes.
Lo anterior no riñe con la idea, levemente mayoritaria, de que el diálogo es la mejor salida al conflicto armado. El 57 por ciento prefiere las conversaciones frente al 38 por ciento que se inclina por una solución militar. Es clave entender estas estadísticas en el contexto de un proceso que apenas arroja resultados parciales en solo uno (desarrollo rural) de los cinco puntos principales de la agenda y que además avanza en medio de ataques armados. De hecho, el 62 por ciento de los encuestados cree que es positivo haber creado una mesa de conversaciones en Cuba. La paz, como derecho y deber, tiene todavía respaldo entre la gente.
Pero es sobre el resultado final de las conversaciones que los encuestados son escépticos: el 60 por ciento sigue pensando que el diálogo para terminar el conflicto no será exitoso. Solo el 36 por ciento cree que las cosas arribarán a buen puerto.
El Gobierno y las Farc deben entender que el tiempo y la necesidad de logros concretos son apremiantes para que no decaiga el respaldo actual de la opinión pública a los diálogos y para que en el futuro, de llegar a un acuerdo final para la terminación del conflicto armado, haya legitimidad de cara a una refrendación popular que permita cerrar este capítulo sangriento y dañino de la historia colombiana.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4