Con hambre de gloria y de título, Holanda y Uruguay, dos de los elegidos para buscar el primer cupo para la final del Mundial de Sudáfrica 2010, salen hoy, en Ciudad del Cabo, a espantar el fantasma de la derrota que los asustó en las últimas ediciones de la Copa del Mundo.
La sangre charrúa, desde el cono sur de América, en el segundo país más pequeño de la región, después de Surinam, está caliente gracias al valor y disciplina de 23 jugadores y un maestro (el técnico Tabárez) que se metieron a una fiesta a la que no estaban invitados, reconoció el estratega. Y atraviesa todo el continente que desde la distancia clama por la victoria.
La nación suramericana, de apenas 3,4 millones de habitantes, de tradición futbolera por sus coronas en los mundiales de 1930 y 1950, y el torneo de los Juegos Olímpicos en 1924 y 1928, está de fiesta en el inicio de la semana definitiva de emociones.
Pero igual que en Montevideo y las demás ciudades, en Holanda los tulipanes gozan con la pureza del fútbol que expresan sus ídolos, y ruegan por un título esquivo. Rezos que también se escuchan desde España y Alemania, países que mañana protagonizarán el otro duelo para conocer el segundo finalista.
En Sudáfrica, mientras tanto, contagiados por el fervor de los visitantes que colorean sus cuerpos de múltiples formas motivados por su orgullo patrio, los nativos disimulan la nostalgia que genera el acercamiento del adiós, luego de un mes en el que el Mundial de fútbol resaltó su existencia. Una semana para gozar y no olvidar.
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