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SUS PEORES ENEMIGOS

  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
    SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
03 de octubre de 2012
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El pasado 30 de septiembre se realizaron las consultas internas de los partidos Verde, Polo Democrático Alternativo y Mira para escoger delegados a sus congresos nacionales y comités temáticos. El costo de la consulta fue de unos 36 mil millones de pesos, con unos 500 mil votos registrados y menos de esa cifra de votantes (las personas podían votar en más de una de las consultas), según datos de la Registraduría.

Empiezo por aclarar que estoy convencido de que la democracia es cara. Y que requiere de recursos e inversiones para garantizar su funcionamiento, particularmente a la hora de promover la participación de los ciudadanos. Sin embargo, la torpeza no puede constituirse en la única rectora de la política colombiana.

Porque lo más irónico de estas consultas es que fueron pensadas para fortalecer a los desprestigiados partidos políticos, pero su fallida ejecución ha logrado todo lo contrario. La preocupación tiene que ser real, según la encuesta bimestral de Gallup el 73 % de los colombianos tiene una imagen desfavorable de los partidos políticos a junio de 2012. Durante los últimos 5 años esta tendencia se ha mantenido, el desprestigio de los partidos en Colombia ha sido una constante en época reciente.

De alguna manera, es entendible la apuesta que hacían los partidos con estas consultas: ganar legitimidad ante los ojos de sus miembros, mientras a la vez avanzaban en la sofisticación de sus mecanismos de transparencia. Un propósito loable, pero con una ejecución bastante torpe.

Los tres partidos pidieron a la Registraduría imprimir 7’600.000 tarjetones, de los que no se utilizó ni el diez por ciento. Los sobrantes, como lo dicta la ley, fueron destruidos en los mismos puestos de votación.

Es claro que hay que fortalecer los partidos políticos. El escepticismo de las personas frente a las organizaciones políticas colombianas está bien ganado, ante la inconsistencia, el clientelismo, la poca representación, la pobre organización de los partidos pequeños y el excesivo centralismo de las decisiones.

Una democracia sin partidos sólidos, representativos y responsables es una “democracia” de caudillos y cada vez menos una democracia. El buen funcionamiento de un sistema democrático exige partidos políticos fuertes para articular los intereses de los diferentes grupos que integran una sociedad moderna. Pero los partidos políticos colombianos y sus dirigentes nos demuestran con cada decisión que ellos son sus propios peores enemigos.

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