
NADIE IMAGINA LO complicado de los primeros envíos de material periodístico desde Europa. Vivencias de la mano de EL COLOMBIANO.
El día más largo en la vida del fallecido periodista Bernardo Buriticá -Ber-Buri- fue por culpa de un Tandy, un pequeño aparato transmisor de texto que partió en dos la que fuera tecnología de último modelo para EL COLOMBIANO en su época.
El capo de capos del periodismo del pedal se había recorrido Colombia y el mundo dándoles tecla a los viejos télex, un sistema telegráfico de transmisión de datos del siglo pasado, con velocidad de 60 bits por segundo, que les permitió a los lectores conocer las gestas maravillosas y, a veces, hasta infravaloradas del ciclismo de antaño.
En ese 1985 fue el momento de hacer el quiebre histórico y tecnológico. Fue la época del Tandy, un pequeño aparato transmisor de texto -computador "de pedal", con velocidad de 300 bits por segundo- que, por medio de unas chupas pegadas al teléfono, permitía enviar la información... Pero, ¡a qué costo! Un avance de la época del que sólo había seis dentro de los enviados especiales de ese año y único de un periodista colombiano en América.
Recuerdo que ese primer día de carrera de la Vuelta a España de 1985 fue todo un martirio, tanto para Ber-Buri, como para quienes estábamos pendientes de la información que contaba de esos pedalazos de los escarabajos en la Madre Patria.
A eso de las once de la mañana, una vez finalizada la etapa, se inició el contacto con Bernardo por parte de Óscar Palacio, quien en el tiempo que lo tuve a mi lado nunca se llegó a ofuscar o a salir de casillas con ese parto que fueron los primeros enlaces internacionales por medio del "bendito" Tandy.
Bernabé, como le decíamos en el Área Deportiva, ese día de abril se había levantado a las 6:00 de la mañana, para iniciar el trajín del comienzo de la ronda ibérica. Cuando empezó el intento de transmisión, eran las 6 de la tarde en la península ibérica.
Pues bien, los enlaces comunicativos se hicieron repetidos durante ese memorable día para todo el periódico, porque con este sistema se abría paso a un nuevo campo tecnológico en el que para España también resultaba incipiente, con las operadoras telefónicas de por medio, ya que algunas veces interrumpían la señal para preguntar "¿qué era ese ruido que se escuchaba en la línea?". Sin embargo, la señal que llegaba al módem era muy baja y los bombillos verdes -que indicaban que la transmisión había sido exitosa- no se prendían todos. Vaya desazón y angustia, pues de nada valieron los ensayos locales de varias semanas, previo el viaje al Viejo Continente.
Oh sufrimiento y angustia. Lo único que teníamos seguro, en horas de la tarde, eran las telefotos y los cables de la agencia Efe, en caso de que la información del enviado especial no llegara.
El ingeniero Santiago Martínez daba vueltas cada tanto por esa pequeña oficina, para preguntar por la suerte del periodista y del material, en ese laberinto de la parte trasera de las viejas instalaciones de EL COLOMBIANO, situado en el centro de Medellín, sobre la calle Juanambú, a donde ingresábamos en medio de carretillas con venta de pescado, aguacates, tomates, camionetas de transporte a los barrios populares y rufianes al acecho.
Por fin, y no sé cómo, la conexión se realizó a las ocho de la noche, hora colombiana -tres de la madrugada en España-, y en menos de tres minutos entró todo el rollo de Ber- Buri, con su infaltable Entre Bielas , columna del pedal, en la que nunca le negó el elogio a quien se lo ganaba, el jalón de orejas a quien se lo tenía merecido, sin faltar, claro está, los apuntes picarescos que marcaron toda una época de un periodista que por querer tanto al ciclismo no pudo gozar del nacimiento de sus hijas Yamile y Maribel.
Pues así se partió en dos la historia, esa que habían trazado antes Óscar Salazar Montoya (Racso), Luis Eduardo Gómez (Luisego), César Giraldo Londoño quienes antecedieron a Bernardo Buriticá Patiño (Ber-Buri) en temas de ciclismo, que con su Tandy también ayudó y le dio imagen y letras a la conquista de Europa por parte de los escarabajos, esos que nunca imaginaron los descomunales esfuerzos que debía hacer un periodista para contar sus historias, tan duras como las etapas de las grandes Vueltas.
El tipo se paró del asiento, tomó el pequeño computador "de pedal" en sus manos y lo estalló contra la pared.
Esa imagen se volvió repetida dentro del imaginario de los enviados especiales a las competencias de ciclismo de Europa, pero el único que tuvo la osadía de hacerlo fue un colega de la agencia Efe.
El Tandy y la falta de señal nos sacaban la piedra. Así fue esa tarde en Logroño y se hizo común en la ronda ibérica, en el Tour de Francia o en el Dauphiné Liberé. Eran otros tiempos en los que ni siquiera imaginábamos la llegada del internet que tampoco resulta infalible.
Escribir con el estómago vacío, con pocas horas de sueño y hasta con 300 kilómetros de carretera hechos en un día, eran momentos de disfrute. De una genuina comunicación con los sentimientos y las expresiones del esfuerzo vistos en el escenario del ciclismo, algunas veces bajo la nieve o con un achicharrador calor que castigaba el cuerpo.
Pero otra cosa era el momento de la transmisión y saber que se podría ser el colero, portador del farolillo rojo, en la larga fila del llamado a lista por parte de los operadores de la telefónica de turno.
"Arbelaiz o monsieur Pablo" eran palabras que me producían escalofrío, sobre todo dichas, minutos antes de cerrar las salas de prensa de unas competencias en las que resultaba una alegría contar lo grande que eran los pedalistas colombianos. Mandar la información era como ganar una etapa, de aquellas que disfrutaron en su momento Lucho Herrera, Fabio Parra o Martín Ramírez.
Pero el escenario también se hizo cambiante, con sesiones de escritura sentados en esquinas en el duro cemento o con episodios como el de una Vuelta a España en la que Colombia estaba incomunicada con el mundo, y cuya única opción de envío de información, era dictar por los micrófonos de RCN las notas más importantes, debido a una huelga en Telecom, algo que incluso fue recogido por la televisión española, testigo de las angustias de los enviados especiales de la prensa nacional que parecía que tuviéramos encadenadas las manos, sin poder escribir lo que vivíamos.
Eran tiempos de un periodismo aguerrido, apasionado, ese que era capaz de vencer toda clase de obstáculos, y que armados de un Tandy, así nos volara la piedra en esa relación de amor y odio, podíamos enviar la información desde una cabina telefónica, un supermercado o desde un teléfono de una alma bondadosa que entendiera que esas notas eran más importantes que la comida, el sueño, el cansancio o la pérdida del cabello, para hacer de este colectivo de chuzógrafos un lote de calvos. Y que la vivimos aquí en EL COLOMBIANO, así muchos lectores ni siquiera supieran lo duro que era mantenerlos informados de estos trajines del pedal.
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Gramática (puntuación). Sobran comas en: "... sobre todo dichas, minutos antes..." "...se hizo cambiante, con sesiones..." "...envió de información, era dictar..."


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