Ya pasó la fiesta. El corazón lo tienen grande porque una vez más cumplieron el sueño de pasear por las calles de Medellín con sus afamadas silletas. Esas obras de arte admiradas por sus familias, los antioqueños y el mundo entero por esa combinación de tradición, simplicidad, naturalidad y hermosura.
Este domingo, ellos, los campesinos de Santa Elena regresan a sus casas aún florecidas, talleres de artistas que las tenían llenas de materiales que días atrás habían recogido del mismo bosque para elaborar su silleta y adornaban corredores, alcobas y cocinas.
Tener cajas de flores, icopor, chamizos, pitas, pegante, palos, tallos, flores y botellas con sacol por toda la casa no importaba. Pero este domingo, tras el Desfile, esos materiales serán recogidos y puestos en su sitio. Muchos se utilizarán el próximo año y pasarán de mano en mano y de generación en generación porque para los habitantes de Santa Elena, elaborar silletas más que una tradición es una pasión que se transmite de padres a hijos para que nunca muera.
Cuando todo esté recogido y limpio, quienes residen allí, podrán sentarse de nuevo a contemplar el lugar donde viven, escuchar el agua que corre cerca de sus casas, ver el verde intenso de las montañas que los rodea, escuchar el cantar de los pájaros y observar las formas y colores inimaginables de las flores, esas que cultivan y protegen con amor para que miles de personas las admiren y descubran en ellas la grandeza que puede producir la tierra cuando se trata con cuidado y respeto.
Nada raro es que este lunes, apenas un día después del desfile, ya muchos estén sintiendo pálpitos de cómo será su silleta del próximo año y desde ya piensen en las flores que necesitarán para elaborarla y comiencen a cultivarlas. Por eso, los jardines de Santa Elena siempre están florecidos.