Estadios que pueden desmontarse y llevarse a otros países; canchas con 25 grados de temperatura mientras el exterior puede ser el mismo infierno; y diseños que van más allá de las películas futuristas. Con todo esto, Qatar ganó, y con mérito, el derecho a ser la sede de la Copa del Mundo de 2022.
El proyecto, presentado por Qatar, que lo llevó a convertirse en la sede para 2022 parece sacada de la mente de un genio loco, de esos chiflados de bata blanca y pelos canosos. Una colección de estadios futuristas, que incluye la construcción de nueve estadios y reformará casi en su totalidad otros tres (con menos de 20 años de vida), con el objetivo de enseñar los recintos deportivos más modernos del mundo.
De los doce estadios de la candidatura, nueve serán desmontables, porque uno de los pilares del proyecto es la posibilidad de trasladar los estadios a los países en desarrollo una vez que termine el Mundial. En algunos casos, como el University Stadium, podrían convertirse en pistas de atletismo, ya que la parte superior de la gradería se extraería después del torneo.
La idea de los qataríes es que los nueve escenarios nuevos serán construidos de forma modular. Esto permitirá su desmonte una vez finalizada la Copa del Mundo, para así poder construir 22 nuevos escenarios en países en vías de desarrollo.
Pero ¿cómo hizo un país pequeño, que apenas tiene la misma extensión que el departamento de Sucre en Colombia, para ganar la candidatura, si apenas ellos mismos se aguantan el calor? Pues con plata.
La organización garantiza que los estadios contrarrestarán las altas temperaturas del verano en Oriente Medio.
"Todos los campos serán refrigerados y con una emisión cero de carbono, ya que se autoalimentarían gracias a las placas fotovoltaicas de energía solar que permitirían transformar la energía del sol en temperaturas moderadas tanto para los jugadores como para los espectadores", anota el proyecto que fue entregado al Comité Ejecutivo de Fifa, y que se encuentra publicado en internet.
Los ingenieros del proyecto, en cabeza de la empresa alemana Albert Speer & Partner GmbH, ya diseñaron el Lusail Iconic Stadium de Doha, donde se jugaría la final. Tiene un sistema que permite pasar de los 40 grados del exterior a 25.
La cantidad de dinero, que pasaría de los 645,5 millones de dólares, es muy tentadora. Por eso ver a Qatar como sede es como un cuento de hadas, una fantasía.
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