La pasada semana un hecho de gran trascendencia apareció en el espacio latinoamericano. La Alianza del Pacífico se formalizó sin demasiada estridencia en el desierto de Atacama en Chile, lo que es demostrativo de la seria discreción de la que han dotado sus impulsores a uno de los más vanguardistas proyectos integracionistas continentales.
Perú, México, Colombia y Chile se proponen dotar a sus economías de un espacio activo de coordinación política, de interacción comercial, de promoción económica y de atracción de capitales basados en sus complementariedades, en su demostrada solidez económica y en su estable capacidad de crecimiento.
Si la nueva alianza de los países ribereños del Pacífico se presenta como prometedora dentro del espacio continental, lo que la dota de mayor potencia es que su foco de atención externo no se encuentra esta vez dentro del hemisferio sino fuera de él, en la otra orilla del océano que lo separa de Asia. Ese es el espacio geográfico mundial de mayor potencial de crecimiento en los años por venir y ya nadie discute que a la vuelta de pocos años China, el líder de la región asiática, superará en talla a EE. UU.
Los Tratados de Libre Comercio existentes entre los países aliados configuran un buen punto de partida para sostener una estrecha relación entre unos y otros. No piensan los actuales asociados, sin embargo, ir más lejos que eso en lo institucional y es esta apertura una condición que elimina rigideces y facilita los contactos con países como China, su objetivo más inmediato. Sobre una base casuística, sin ataduras de otro género, sin secretarías, oficinas o presupuestos conjuntos, se irán armando proyectos concretos entre ellos y con sus pares asiáticos.
Es una oportunidad portentosa la que se le está ofreciendo a China al ponerle frente a sí a un conglomerado de talla, dinámico, estable, en el momento en que el coloso de Asia le apuesta estratégicamente a nuevos destinos geográficos susceptibles de brindarle estabilidad, competitividad, perspectiva de crecimiento y buenas condiciones de inserción para los negocios. Venezuela, Argentina y Cuba, en Latinoamérica, quedarán para continuar amarrando alianzas con un contenido político o politiquero, pero el ambiente proclive a negocios dentro del espíritu de ganar-ganar va a encontrar un mejor asidero en países con un historial económico compatible y con vocación expansiva.
¿Cuál mejor socio multilateral para China que un conjunto que concentra más de un tercio del Producto Interno Bruto de América Latina y más de 50% del comercio de esa región con el mundo?
¿Quién mejor que un conglomerado que supera los 200 millones de habitantes con un PIB per cápita aproximado de 11.000 dólares y 1,7 billones de dólares de Producto Interno?
Este espacio de integración del litoral pacífico recién llegado a la escena latinoamericana, no intenta disputarle protagonismo a Mercosur, ni restarle relevancia a la CAN y mucho menos hacerle contrapeso a Brasil o cerrarle las puertas al ALBA. Su propósito es integrador y su mirada está puesta en la región más dinámica y prometedora: China.
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