
El festival internacional Entre cuentos y flores cumple once años. Jota Villaza es el cuentero al que una vez la historia se le vino a la cabeza y contagió a los demás. Ahora es uno de los eventos infaltables de la feria.
El famoso alguna vez, Marco Mosquera se lo cuenta con una voz rápida, que hay que alcanzar. Se lo cuenta en un cuento de Mauricio Trujillo, que sirve para empezar: "Había una vez, que era una vez, que era dos veces al tiempo, que quería ser una vez de una vez por todas (...)".
Y se lo cuenta estos días en público. Parado al frente del escenario, de un nuevo Entre cuentos y flores, que de historias ya lleva 11 años bien contados.
En el 1999 habían hecho un festival en la feria y la corporación Vivapalabra lo había operado, pero al año siguiente quisieron hacer otro y se encontraron un no.
Entonces con ganas, pero sin plata, intentaron hacer uno en su sede, entre amigos. Y hasta los que no eran tan cercanos los empezaron a llamar, que ellos también querían participar.
Fue tanto así, que les tocó realizar el primer concurso, aunque apenas desde hace cuatro años tengan el festival local, con categorías y todo, donde el premio principal es participar en medio de las flores de estos días.
"Queríamos un festival que tuviera que ver con la feria, para que ésta tenga más eventos netamente culturales", dice Jota Villaza, el cuentero que tuvo la idea y que es director artístico de Vivapalabra, desde donde se el encuentro.
La intención siempre ha sido darle un espacio a la cuentería porque, añade él, aquí hay "un potencial tremendo".
Después de tantos años de luchar, de sufrir incluso, puede contar el cuento. Decir que ha valido la pena.
"Al principio los artistas somos muy ilusos. El dinero era un tormento".
Y por eso después de tantos años, con la experiencia y el apoyo gubernamental, puede sentarse con el equipo de trabajo y estar extrañado, porque los detalles están listos, porque no hay que temblar ni siquiera para que el teatro se llene. "Hay una muy buena respuesta". Por estos días, se ríe él, la secuencia de llamadas que reciben en la corporación es impresionante.
No es porque sí
Jota no puede decir exactamente por qué contar cuentos. En cambio, puede asegurar el para qué: "Transmitir el calor de la palabra".
Entonces vale lo que dice la mexicana Laura Casillas, que está invitada este año: "El público colombiano es muy especial, porque está educado para escuchar cuentos. Les gustan y es muy exigente, así que se vuelve todo un reto".
De pronto tiene que ver con eso que expresa Marco y es que Colombia es un país oral: "Todo el tiempo nos la pasamos hablando y contándonos cosas. La señora se encuentra con la vecina de la esquina y 'te diste cuenta que Ruca, que el hijo, que no se qué'".
Y Jota puede contar sus cuentos tranquilo. Ponerse su sombrero y volverse un campesino, pues es de los cuenteros a los que les parece importante la pinta y la puesta en escena y hacer que el público, como en el teatro, salga renovado. "Nadie sale igual. Hay que ir al menos una vez en la vida".
Quizá por eso le ponen cada año las flores a los cuentos. Y si no con la palabra, mínimo con un ramo en el escenario o con la florecita que acompaña al logo.
Entre cuentos y flores es una osadía de cuentos. De creer que aunque no sea un evento de grandes masas, como una cabalgata o un festival de trova, tiene unos, muchos, suficientes espectadores, que quieren escuchar la palabra mágica: "(...) Mire, yo soy el extraño caso de una vez que es una vez, que soy dos veces al tiempo, que quiere ser una vez de una vez por todas".
Cuando estaba pequeño a Jota lo marcaron varias cosas: sus padres eran campesinos, su abuelo le decía papá y era algo enfermoso, por lo que no lo dejaban ni brincar. "Entonces en los cuentos yo me dedicaba a contar".
Jorge Ambrosio Villa Zapata, más conocido como Jota Villaza, es cuentero "oficialmente" desde 1985. Le gusta el cuento tradicional, aunque también ha hecho clásicos de García Márquez o Tomás Carrasquilla. No es de improvisar tanto como de ensayar, de tal forma que parece que se lo estuviera inventando. En 1997 propuso crear la corporación Vivapalabra.
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