Cuando Diana se fue para Estados Unidos ya era fotógrafa y también artista. Solo que allá, en Tampa, Florida, conoció otra técnica y otros personajes para fotografiar y pintar.
Es "paisa de pura cepa", confiesa, aunque a ese otro lado de América se fue hace 12 años y no ha vuelto desde entonces sino una vez. Se fue, por supuesto, a hacer lo que le gusta: ser artista.
Un día, por ahí hace siete años, cuando estudiaba photoshop se encontró una revista y una técnica que combinaba la fotografía con la pintura. Todavía no hablaba bien inglés, pero llamó a Fay Sirkis, que era el nombre que aparecía en la publicación, y le dijo que ella quería aprender esa técnica. Fay la realizaba, pero se quedaba en la pantalla. Después conoció a Jeremmy Sutton, que hacia algo parecido e imprimía en lienzo.
Así que Diana unió lo uno y lo otro y terminó su propia idea: primero toma la foto, luego la abre en el computador, con un software especial de pintura que es como tener los pinceles en la mano y da la sensación de óleo o de acuarela, lo que se quiera, "la diferencia es que tu no hueles", luego los imprime en lienzo y ya los termina de pintar a mano. "Se llama photo-painting y es espectacular".
Sin embargo, su gran apuesta no sólo va por el disfrute de la técnica o que pinte la cotidianidad, incluso desde un tornillo, o que le guste la textura y el color.
Con sus collages y su arte, Diana retrata personas con discapacidad. Ella, desde hace un buen tiempo ha estado cerca de estas personas, sobre todo con los que juegan fútbol en silla de ruedas. "A mí me inspiran algo muy lindo, yo los amo. Convivo mucho con ellos".
Lo que ha hecho es fotografiarlos y volverlos arte. Empezó haciendo collage y el año pasado hizo su primera pintura: plasmó a Juan Pablo, un joven con distrofia muscular.
"El día de la exposición le preguntaron cuál era la pintura más bonita y él dijo que la suya, que porque en ella estaba pintada su vida, sus triunfos, su familia", cuenta una Diana emocionada.
Su arte no les devuelve la posibilidad de caminar, por ejemplo, pero sí la sonrisa. "Son personas común y corrientes y usted no se imagina la emoción tan grande de verlos sonreír cuando se ven ahí. Lo que yo hago es darles ánimo y decirles que también son obras de arte e inspiran felicidad. Es incluirlos en la realidad de la vida".
Diana los vuelve fotografía y luego los pinta. Convive con ellos y cuenta su historia. Se trata también de llevar un mensaje, de no mirarlos con pesar, ni con tristeza. Ellos son seres humanos con otras habilidades, a los que hay que mirar igual. Lo que hace Diana es simple: compartir sus alegrías.
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