Sin rodeos: Uribe ha sido el mejor Presidente en muchas décadas. Lo reconocen cuatro de cada cinco colombianos, que aprueban su gestión, y tres de cada cuatro, que tienen una imagen favorable de él. Se alegará que la popularidad nada dice, o dice muy poco, sobre la gestión de un gobierno. Es parcialmente cierto. Pero en el caso de Uribe el apoyo popular tiene sólidos fundamentos: su carácter y los resultados de su trabajo.
Para empezar, es un animal político superlativo. Vive sólo para la política. No tiene interés en lo mundano. Siempre está, en sus palabras, "en campaña permanente". Toda su energía se concentra en la búsqueda de soluciones concretas para los problemas de la gente: cifras, lugares, planes y programas, encajan en una memoria prodigiosa que nunca deja de asombrar. Los votos llegan por añadidura.
En su tarea recorrió el país sin descanso. Sacó el gobierno del Palacio de Nariño y lo acercó al ciudadano, llevándolo a lugares que nunca habían sido siquiera nombrados por un funcionario del gobierno central. Los 305 consejos comunitarios, además, mostraron que no había lugar vedado para el Estado.
Austero, sin vida social, trabajó, trabajó y trabajó, fines de semana y festivos incluidos. Persistente y obstinado, persiguió sus objetivos como un perro de presa. La acusación de microgerencia es una caricatura. Siempre tuvo perfectamente claros sus objetivos estratégicos y no cesó en su búsqueda.
Los resultados están ahí: desde su llegada el homicidio cayó un 45% y el secuestro un 90%. El Eln prácticamente no existe y las Farc están estratégicamente derrotadas. Perdieron las dos terceras partes de sus integrantes, dos miembros del Secretariado y decenas de jefes del Estado Mayor, bloques y frentes. 30.000 paramilitares se desmovilizaron. Los narcocultivos cayeron de 180 mil hectáreas a 63 mil. La producción de coca de 680 toneladas a 430.
La mejora en seguridad generó un círculo virtuoso que trajo inversión, incrementó el recaudo y permitió aumentar el gasto social. La inversión saltó del 16.5% al 25.8% del PIB. El capital extranjero se multiplicó por 3.5. El crecimiento se dobló y pasó de 2.1%, a 4.3%, promedio, entre 2002 y 2009. Las exportaciones se cuadruplicaron: este año serán algo menos de 40 mil millones de dólares. La deuda externa cayó en un 53%. Ahora es el 21.8% del PIB. La inflación en el 2009 es la más baja en 55 años: apenas 2%. El recaudo tributario creció un 77% en comparación con el 2002.
En lo social el resultado es mucho mejor de lo que le reconocen: la pobreza por ingreso autónomo cayó un 9%, lo que significa dos millones que salieron de la pobreza y seis millones que no cayeron en ella. Si se usan criterios multidimensionales los resultados son aun mejores: bajó del 43% hace ocho años al 26%. El programa de familias en acción pasó de cubrir 320 mil familias en 400 municipios a 2'900 mil en los 1.102 municipios del país. La cobertura en educación es casi total. El desempleo disminuyó del 16,2% al 11,6%.
Con cifras en la mano, y para dolor de sus contradictores, se entiende mucho mejor la popularidad y el carácter histórico de la gesta de Uribe.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8