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Vargas Lleras, estancado

  • Carlos Andrés Pérez | Carlos Andrés Pérez
    Carlos Andrés Pérez | Carlos Andrés Pérez
02 de diciembre de 2011
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Cuando un político tiene aspiraciones futuras, cada cargo en el que está debe tener dos condiciones: hacerlo visible y mantenerlo vigente hasta que llegue el momento de la elección que le interesa ganar. Es así de pragmático y así de simple.

Cuando Germán Vargas Lleras aceptó ser el ministro del Interior y Justicia del gobierno actual sabía que tenía por delante las reformas que el presidente Juan Manuel Santos iba a proponer, incluso contaba a su favor que este iba a ser un gobierno de ruptura, y cuando las administraciones tienen esa característica siempre hay golpes de opinión que favorecen intereses futuros.

Hizo bien Vargas Lleras al aceptar ese Ministerio y destacarse como el escudero de Santos en proyectos visibles como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, el estatuto Anticorrupción y las facultades para reformar el Estado, entre otras.

Sin embargo, el siguiente golpe para mantenerse en la alfombra roja con los reflectores prendidos, la reforma a la Justicia, ya no es de su resorte desde que pasó a manos del nuevo ministro de ese ramo, Juan Carlos Esguerra, que brillará menos porque tiene otros intereses.

Ahora el papel más importante de Vargas Lleras será el de portero en el Congreso para atajar los senadores y representantes que se van sin votar los proyectos que le interesan al Gobierno; es decir: será mensajero de sus compañeros de gabinete para lograr que la relación con el Legislativo siga funcionando como hasta ahora. ¿Y eso le interesa a alguien que quiere ser presidente de Colombia? ¡Por supuesto que no!

El otro espacio que podría haberle traído réditos dentro del gobierno, el Ministerio de Defensa, lo ocupó hace tres meses Juan Carlos Pinzón, un amigo personal de Santos. Así las cosas el margen se cerró bastante para un ministro que aspira a gobernar.

Si algo tuvo que haber aprendido Vargas Lleras del error que cometió cuando se le indisciplinó al expresidente Álvaro Uribe, es que para llegar a la meta que él quiere, tiene que hacer la fila y la lección le debe decir que su próxima tarea es renunciar en el último trimestre de 2012 y cargar sobre sus hombros la campaña de reelección de Santos, a la vez que empieza la suya para el Senado.

Nuevamente volvería a un espacio donde brilla con luz propia y sin duda se destacaría entre sus pares.

Cuatro años de escudero del gobierno de Santos en el Congreso le darían a Vargas Lleras la posibilidad de estar en primera fila para las presidenciales de 2018.

Tendría vigencia, notoriedad y habría superado su principal problema: ya conoce el gobierno por dentro.

Pero si en este nuevo año, el Ministro del Interior no encuentra una manera de reimpulsar su gestión -antes de su retiro-, correrá el riesgo de que sean otros los que se paren en la fila de sucesión, algunos puestos antes que él.

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