Pico y Placa Medellín
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La frescura que da estar en la cima de las montañas que se imponen en el Oriente del Valle de Aburrá, a un promedio de 2.000 metros sobre el nivel del mar, y convivir con nueve cuencas hidrográficas que se extienden por cientos de hectáreas de bosques, ha desatado una vertiginosa conurbación en una región que hoy afronta consecuencias ambientales como la sobredemanda de agua.
El Oriente antioqueño, ese paraíso soñado para vivir, ha desestimado los recursos naturales. Incluso, algunos hablan del error que se comete al privilegiar factores económicos —necesarios en el desarrollo de la región—sobre los ecosistemas, impactados por la construcción inmobiliaria.
Pero es momento de hacer pausa en las prácticas de urbanizadores. Y existe la conciencia de que sin sostenibilidad no hay vida, ni siquiera el apocalíptico escenario de la devastación ambiental connotaría el atractivo que hoy representan Rionegro, La Ceja, El Retiro, El Carmen de Viboral o Guarne, entre otros.
El panorama del altiplano...