No le haga “conejo” al sector de la salud con el juego ilegal

  • En Colombia hay 83.097 máquinas electrónicas tragamonedas (MET) autorizadas por Coljuegos. FOTO Edwin Bustamante
    En Colombia hay 83.097 máquinas electrónicas tragamonedas (MET) autorizadas por Coljuegos. FOTO Edwin Bustamante
Por camilo trujillo villa | Publicado el 04 de abril de 2017

Es complicado. Los casinos han sido la perdición de muchos pero, al mismo tiempo, uno de los grandes contribuyentes para mantener a flote el sector salud.

Solo el año pasado, de los 1,5 billones de pesos que el sector de juegos de suerte y azar aportó a las arcas de la Nación, cerca de la mitad corresponde al segmento regulado por Coljuegos (según esta entidad), que es la empresa industrial y comercial del Estado administradora del monopolio rentístico de los juegos de suerte y azar. El resto de estos recursos lo recaudaron las loterías departamentales y las apuestas permanentes, conocidas como chance, juegos de suerte y azar asignados al nivel territorial, es decir, a las gobernaciones.

Entre enero y diciembre de 2016 Coljuegos transfirió 441.046 millones de pesos al sector salud, 234.785 millones de pesos al Fondo de Solidaridad y Garantía (Fosyga), 95.851 al Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales (Fonpet), 74.576 millones de pesos al Fondo de Salud y 22.670 millones de pesos a Colciencias.

En simultánea, el Gobierno Nacional intensificó las acciones de vigilancia y control en contra de la ilegalidad en el sector, ya que el dinero apostado en lugares que no cumplen las normas son recursos valiosos que se dejan de recibir para la salud de los colombianos.

En el último gran operativo, realizado en octubre del año pasado en Medellín, se retiraron 106 máquinas electrónicas “tragamonedas” y capturaron a cinco personas por operación ilegal en juegos de suerte y azar.

Los operativos se adelantaron en Belén, Aranjuez, El Bosque y en el Centro de la capital antioqueña. Según cálculos de Coljuegos, si estas 106 máquinas hubiesen operado legalmente, habrían recaudado 263 millones de pesos anuales para el sector salud.

En 2016, los funcionarios de Coljuegos, en compañía de las autoridades civiles y de Policía de cada municipio, incautaron en todo el país 3.534 máquinas electrónicas “tragamonedas” que funcionaban de manera ilegal; según la entidad, los elementos recaudaban al año más de 12.000 millones de pesos. Estos decomisos representan un incremento de 26,4 % en comparación con los de 2015.

“Nuestro propósito desde Coljuegos en 2017 es continuar apostándole al juego legal y responsable, generando recursos para la salud”, manifestó Juan Bautista Pérez Hidalgo, presidente de Coljuegos, quien también invita a los jugadores para que lo hagan en establecimientos autorizados y así contribuir a la financiación de la salud de los colombianos.

Sin embargo, parece ser que en Antioquia, tanto jugadores como ilegales todavía no acatan la invitación. Hace un mes, en Bello, norte del Valle de Aburrá, funcionarios de Coljuegos y agentes de la Policía Metropolitana incautaron 73 máquinas electrónicas e intervinieron ocho establecimientos.

Entonces, con tantos lugares para jugar, ¿cómo saber cuándo estamos sentados en un establecimiento autorizado por Coljuegos y que cumple con todas las normas exigidas?

Características de legalidad
Existen, por obligación, varias señales visibles al público y procedimientos en los establecimientos localizados que le indican a los jugadores que están en un casino legal y que el dinero apostado será una contribución a la salud de los colombianos.

La más fácil, importante y obvia, es el aviso de “Autoriza Coljuegos” en la entrada del casino. Este debe tener el número de contrato del establecimiento, el cual se puede verificar en tiempo real, si está vigente o no, en la página de la entidad. El letrero es obligatorio y está incluido en el manual de manejo corporativo de Coljuegos, el cual también obliga al operador a tener otros avisos, con ciertas especificaciones.

Así mismo, en todos los casinos debe haber un aviso que diga: “Prohibido el ingreso a menores de edad” y hacer cumplir esta restricción. Si la Policía entra al casino y encuentra un menor de edad, puede sellar el lugar.

“A los casinos legales no nos interesan los menores de edad, ¡para nada! Primero, porque debemos cumplir las normas. Segundo, por el gran riesgo que representa para nosotros. Tercero, no son los clientes ideales para el negocio.

Consideramos que los mejores clientes son las personas que saben con responsabilidad lo que se gastan. Es más, el ludópata, el jugador compulsivo, tampoco nos interesa. Preferimos a las personas que vienen con frecuencia y saben jugar; como alguien que va a un bar y toma con moderación; yo le aseguro que, así como a los bares no les interesa el borracho que se bebe hasta el agua del florero y arma problema, a nosotros tampoco nos gusta tener al que llega y se gasta una fortuna en una noche, porque ese es el que va a salir después a generarnos mala fama”, asegura León Darío Montoya Piedrahita, abogado asesor de la Federación Nacional de Concesionarios de juegos de Suerte y Azar, Cornazar.

Otra característica que ayuda a distinguir a los legales de los ilegales es tener, en un lugar visible, la norma de retención en la fuente de los premios. En consecuencia, en todos los establecimientos legales se tienen los formatos para diligenciarlos y se le aplica a los ganadores

La cantidad de máquinas que tiene un casino es otra señal clara para saber si el jugador está en un casino legal o no. En una ciudad como Medellín, por ejemplo, que tiene más de 500.000 habitantes, los casinos legales tienen, como mínimo, 20 máquinas o más.

El público también debe identificar fácilmente el aviso que especifica quién es el oficial de cumplimiento del casino: una persona que mitigue el riesgo de lavado de activos.

Prevenir la ilegalidad
Por la cantidad de dinero ilícito que circula en nuestro país, los casinos se convierten en lugares atractivo para lavarlo; sin embargo, el Estado cada vez más endurece los controles para evitar que se cometa este delito.

Por eso, en Colombia, las personas jurídicas (empresas) de juegos de suerte y azar localizados, autorizadas por Coljuegos, deben adoptar el Sistema Integrado para la Prevención del Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (Siplaft), con el único objetivo de prevenir que sean utilizados para fines delictivos.

“Nosotros tenemos un sistema de gestión de riesgos, el cual es manejado por un oficial de cumplimiento dentro de cada empresa. En nuestro gremio, cada establecimiento localizado (casinos o bingos) debe tener una persona que cumpla con estas funciones. Este oficial protege al establecimiento y mitiga los riesgos del lavado de activos y financiación del terrorismo”, explica Elizabeth Maya Cano, presidenta de Cornazar.

El oficial de cumplimiento, hace parte del personal de nómina de cada casino, debe tener unas características específicas —apto para ejercer la labor—, cumplir unas condiciones y haber sido aprobado por el ente regulador (Coljuegos). Es decir, este individuo no puede ser cualquier empleado del casino, lo ideal es que tenga poder de decisión dentro de la empresa.

Este tipo de auditor genera un manual de políticas de cumplimiento normativo. Además, crea un código de conducta para los públicos internos y externos del casino.

“Estamos obligados a capacitar —mínimo, una vez al año— a nuestros empleados para que identifiquen conductas irregulares de los jugadores. Igualmente, dentro de las salas toca diligenciar unos reportes de premios, de alertas y de operaciones sospechosas; estos dos últimos se envían a la Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf) y lleva, en la medida de lo posible, la identificación de la persona sospechosa”, afirma Maya Cano.

Las alertas más comunes son: fraccionamiento de premios, que el jugador presente un documento de identidad falso o que no corresponda a la persona, que llegue alguien a jugar con una gran cantidad de dinero en efectivo (de alta denominación), que ingrese a una máquina altas sumas de dinero y apueste lo mínimo, que el cliente se niegue a explicar la procedencia del dinero que apuesta, que se niegue a firmar la declaración de retención en la fuente, entre otras señales.

A todo esto se le suma que, por seguridad, prácticamente todos los casinos cuentan con circuitos cerrados de televisión. Esta tecnología es de gran ayuda para detectar conductas irregulares o trampas. El registro sirve como soporte para las alertas y como material probatorio para un señalar un acto ilícito cometido en el casino.

Igualmente, las cuentas bancarias de los casinos también son vigiladas por los oficiales de cumplimiento y por las autoridades de vigilancia y control del sector financiero .

Contexto de la Noticia

Para saber más Jugar, una decisión muy personal

Este artículo no es una apología del juego y mucho menos una invitación a apostar. El único propósito que tiene es brindarle herramientas al lector para que sepa identificar si el establecimiento en el que está jugando cumple o no con toda la normativa exigida por el Estado. Los Juegos de suerte y azar deben ser concebidos como actividades que generen entretenimiento y diversión a todos los jugadores. Considero que los establecimientos localizados (casinos y bingos) pueden brindar esto si, como todo, la decisión de apostar no es influenciada por terceros y si se utilizan con responsabilidad y moderación. ¡Todo en exceso es malo!

Para saber más Estricta reglamentación para las máquinas electrónicas

El Decreto 1905 de 2008 manda que las máquinas electrónicas ‘tragamonedas’ deberán operar en locales comerciales cuyo objeto principal sea la operación de juegos de suerte y azar o de manera compartida con otro tipo de juegos localizados.

Así mismo, indica que hay unos mínimos demográficos para la tenencia de un número específico de máquinas en los establecimientos: 3 máquinas para los municipios de menos de 10.000 habitantes, 7 máquinas para los municipios entre 10.001 y 25.000 habitantes, 11 máquinas para los municipios entre 25.001 y 50.000 habitantes, 13 máquinas para los municipios entre 50.001 y 100.000 habitantes, 16 máquinas para los municipios entre 100.001 y 500.000 habitantes y 20 máquinas para los municipios de 500.001 habitantes en adelante.

En este sentido, es fácil concluir que las máquinas que están expuestas al público en tiendas o bares, no son legales. Porque, solo en una ciudad como Medellín, de 2,5 millones de habitantes, un casino debe tener, mínimo, 20 máquinas, todas con póliza y conectadas al sistema.

En este tipo de lugares (tiendas y bares que tienen máquinas ilegales) es donde, según la Policía y las autoridades civiles, los delincuentes lavan dinero y mandan a menores de edad a enviciarse con el juego. El general Óscar Gómez, comandante de la Policía Metropolitana, sostiene que combos delincuenciales inducen a los jóvenes al juego, para lo cual les facilitan el dinero. Cuando no pueden pagar los ponen de mulas para vender y transportar drogas, con el fin de recuperar el dinero.

“Es una renta criminal que vamos a atacar con un gran operativo”, aseguró el oficial.

El decreto 1905 de 2008 también establece que las máquinas que operan en el país deben cumplir con protocolos que aseguren que poseen un alto grado de confiabilidad en su operación y que deben estar siempre en línea y con el sistema de información de Coljuegos.

Para saber más Señales que indican posible adicción

• Se angustian jugando. No se divierten.

• Cuando están en otro lugar, piensan en el casino.

• No determinan un límite de gasto antes de jugar.

• Visitan con mucha frecuencia el casino.

• Piden dinero prestado a amigos, familiares o a prestamistas ilegales para poder seguir jugando.

• No toman libremente la decisión de irse a casa.

• Recuerden que los jugadores tienen la posibilidad de autoexcluirse de las salas de juego. El trámite es privado y confidencial. Solo debe acercarse al casino, con un acompañante, llevar la cédula y una foto 4x4.

Camilo Trujillo Villa

Periodista de la Universidad de la Sabana. Experto en temas de movilidad, transporte, infraestructura, desarrollo sostenible y gobierno. No hay historia pequeña.

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