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Campesinos de Envigado ven cómo el crecimiento urbano ha cambiado su entorno. ¿Por qué siguen allí?
Casas viejas, esas de los abuelos, de los tíos. Las de corredores amplios decorados con plantas de colores. Aquellas donde habitaron grandes familias y son símbolo del campesino, de la herencia agrícola de estas tierras.
Esas construcciones aún persisten en el Valle de Aburrá, se niegan al vértigo del crecimiento urbano en los municipios del sur, casi siempre de manera vertical. Por ejemplo, en Envigado, en 2016 se registraron 1.600 unidades de vivenda licenciadas y en 2017 la cifra se incrementó a 2.100.
Allí, recorrimos algunos caminos, buscando entre edificaciones modernas y calles estrechas aquellas casas campesinas que perduran y se resisten a un inminente adiós.
En la loma de El Chocho, el verde sigue estando presente, pero, basta con acercarse...