Las difíciles horas en los albergues de Valdivia

  • FOTO JUAN DAVID ÚSGUGA
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Por Juan Diego Ortiz jiménez y Vanesa RestrepoEnviados especiales - Valdivia. | Publicado el 19 de mayo de 2018
Infografía
Hidroituango: evacuados en Valdivia, así viven
en definitiva

En Valdivia se abrirán nuevos albergues para atender a la población evacuada de Puerto Valdivia. Hasta la fecha no se han habilitado campañas o cuentas para la recolección de ayudas.

Hasta el primer paso del día es difícil. Es tan angosto el margen entre carpa y carpa, en el albergue principal de Valdivia, que a los damnificados les cuesta desplazarse dentro del coliseo, que sirve de alojamiento temporal a 2.000 personas evacuadas -casi todas del corregimiento Puerto Valdivia-, aguas abajo de la central Hidroituango. Las condiciones son complejas.

Y aunque EPM anunció que en los albergues se instalaron 52 unidades sanitarias, que hay abastecimiento de agua potable y también recreación para los niños, todavía hay varios asuntos por resolver.

Rito Mena, uno de los líderes del grupo de albergados que llegó el miércoles desde el Puerto, se quejó por la alimentación “de las personas que lo perdimos todo. No tenemos útiles de aseo, lo que pedimos es que nos den solución a nuestros problemas. Así fuera un bocado de arroz, pero nos lo comíamos en nuestras casas. La necesidad prioritaria es la comida. Estamos cansados”.

Según el Puesto de Mando Unificado (PMU) que opera en Valdivia, 600 familias coparon la capacidad locativa en el casco urbano. El problema es la inminencia de que otros 1.200 pobladores ribereños, de Puerto Valdivia y el corregimiento El Quince, de Tarazá, que aún no han evacuado, lleguen en próximos días al municipio.

El también líder social, Jimmy Pozo, coincide en que el panorama es difícil, especialmente para niños y adultos mayores. “Muchas personas almorzaron a las 9:00 p.m. (del jueves). Duele ver cómo el Estado, durante una calamidad pública como esta, no tiene funcionarios suficientes para atendernos como seres humanos: hay ancianos durmiendo en el piso, no hay duchas, y para muchos no alcanzaron las carpas. Las personas que están acá nos han colaborado de buen corazón, pero no tienen las herramientas suficientes”, indicó.

Jonás Darío Henao Cardona, alcalde de Valdivia y vocero del PMU, dijo que desde la noche del jueves han llegado sucesivamente nuevos desplazados al casco urbano.

Reconoció las dificultades que se presentan en los albergues y pidió paciencia con la alimentación “porque no estamos llegando a un restaurante sino a un albergue al que no sabemos cuántas personas sigan viniendo. Están garantizados los baños, pero no las duchas. Sabemos esa necesidad”, detalló.

Y aclaró que desde que comenzó la evacuación el pasado miércoles 16 de mayo, el interés prioritario de las autoridades es que estos pobladores ribereños suban al casco urbano para que estén a salvo ante una eventual creciente súbita del río Cauca.

Además, a esta situación se suma la denuncia de Teresa Jaramillo, quien dirige un punto de preparación de alimentos y afirma que a estos albergues ha llegado gente que no es damnificada y “eso también ha colapsado la atención”.

Falta apoyo psicosocial

No solo se trata de falencias en la repartición de los alimentos y ayudas humanitarias, otra solicitud de la comunidad es la atención psicosocial con urgencia porque “la gente todavía tiene pánico”, según denunciaron los líderes sociales del coliseo.

Ante esto, EPM reportó que, con el apoyo de los profesionales del hospital local, se ampliará la cobertura de ese servicio.

La trabajadora social, Catalina Jaramillo, opinó que se necesita hacer pedagogía de lo que está sucediendo en la central de Hidroituango pues las personas evacuadas desconocen la situación y eso “genera más caos, porque no entienden por qué dejaron sus casas”.

El párroco de Valdivia, Bernardo Gallego, señaló que el actual problema en los albergues puede durar “hasta 20 días, según la reunión que tuvieron los alcaldes en la Gobernación... estamos buscando la generosidad de toda Colombia. Ojalá se pongan la mano en el corazón”.

Tres nuevos albergues

El Alcalde de Valdivia anunció también que, para reducir el hacinamiento actual, se dispondrán tres nuevos espacios con capacidad para 400 personas. Serán adecuados refugios en las escuelas Pedro Vásquez, La Habana y el Nevado. “En este pueblo no estamos acostumbrados a aguantar hambre, pero sí a pasar algunas necesidades. Me duele que mi gente tenga que pasar por esto”, anotó. Aclaró que no ha sido autorizada ninguna colecta pública en el país y que en el municipio no hay toque de queda vigente.

Así es la atención

En el coliseo de Valdivia, los alimentos son preparados en puntos externos a los albergues. Madres comunitarias y funcionarios del programa Maná, de la Gobernación, apoyan la tarea con cocinas improvisadas en la vía pública. La repartición de las raciones es tarea de funcionarios de la Administración Municipal y organismos regionales.

Según la Alcaldía de Valdivia, el problema con la alimentación en los albergues no se debe a falta de comida sino a la distribución de esta misma en los alojamientos ante la llegada constante de personas evacuadas.

Los líderes comunitarios amenazaron que, de no ver resueltas sus necesidades, bloquearían el tráfico en la troncal a la Costa Atlántica.

Sin embargo, esa misma vía fue cerrada para mitigar cualquier riesgo, según informó la Gobernación de Antioquia luego de una reunión con el Ministerio de Transporte.

“Se ordenó el cierre total preventivo en el corredor Yarumal - Caucasia y, en los dos sentidos Medellín – Costa Atlántica, ante la situación de máxima alerta que se presenta por el proyecto Hidroituango”, manifestó Andrés Cháves, ministro de Transporte (e).

La Gobernación de Antioquia reportó que la medida se mantendrá vigente hasta el próximo martes 22 de mayo, fecha en la que se efectuará una nueva revisión. Mientras tanto se habilitaron las vías alternas Montería - Sincelejo - La Costa, y Puerto Berrío - San Alberto - La Costa ..

Contexto de la Noticia

orden de evacuación sigue firme

El municipio con más problemas en la evacuación de personas es Caucasia. Su secretario de Gobierno, Fernando Gómez, después de dos alertas -la del sábado y la del miércoles- dice que la gente “ya no cree que vaya a pasar nada, y por eso se están negando a dejar sus casas. Hemos trabajado en concientizarlos del riesgo que sigue latente”, dijo. De hecho el alcalde Óscar Aníbal Suárez difundió entre la comunidad un video invitando a salir de las zonas ribereñas. “Tenemos 7 puntos de albergue en el coliseo, una escuela, cancha de Pueblo Nuevo, cancha de Buenos Aires, estadio Municipal, sector de San Rafael y la antigua base del Ejército de El Palmar, pero pocos han llegado”, dijo.

En Nechí la situación no es muy diferente. Eneider Hoyos, secretario de Gobierno, reveló que la mayoría de familias que han aceptado salir de sus casas se hospedaron con vecinos. “Muchos han salido a otros municipios y hasta a otros departamentos (Córdoba), porque además en el casco urbano no hay zonas altas ni capacidad para instalar las 4.000 carpas que necesitaríamos”, dijo.

Lo que sí se está haciendo desde la Alcaldía es reforzar el dique del río en el corregimiento de Colorado y el muro de contención que protege el casco urbano, informó Hoyos.

En Tarazá la gente ha evacuado hacia las zonas rurales, informó la alcaldesa Gladys Miguel. “Tenemos dos personas con fincas en los alrededores del pueblo que nos cedieron los potreros para instalar carpas que llegaron el viernes. Y hoy también acondicionaremos dos colegios”, agregó.

Los municipios recibieron ayer las primeras ayudas pero, según ellos, son insuficientes.

¿Estamos preparados? expertos opinan

Carlos Alberto Gil Valencia, exdirector del Dagrd (organismo de gestión de desastres de Medellín), explicó que Colombia cuenta con uno de los sistemas nacionales de gestión del riesgo más completos del continente. “Está encabezado por el presidente, y liderado por la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo. En jerarquía le siguen los consejos departamentales y los municipales. La reacción a las alertas son en orden inverso: de lo local a lo nacional”, dijo.

Eso quiere decir que cuando ocurre una situación del riesgo, el municipio es el primero en responder con sus recursos, pero cuando se agota su capacidad, puede recurrir a la gobernación y esta, a su vez, a la Presidencia.

“La Unidad Nacional tiene bodegas grandes en zonas estratégicas con inventarios amplios de elementos de primera necesidad como colchonetas, mercados y kits de aseo. Lo dispendioso es la logística”, dijo.

Otro analista de gestión del riesgo que pidió no ser mencionado, cuestionó que las ayudas hayan tardado más de dos días en llegar, pues las condiciones de acceso a la zona no eran difíciles. “En Salgar o Mocoa, donde las vías quedaron destruidas, llegaron las ayudas más rapido. Habría qué ver qué problemas logísticos hubo en este caso”, apuntó.

¿Cómo avanza la solución?

Entre jueves y viernes, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo se reunió con el Dapard, funcionarios de EPM y alcaldes de los municipios del Bajo Cauca antioqueño para revisar los protocolos de emergencia. “En dicha reunión explicamos la magnitud de la amenaza con el fin de socializar los escenarios de riesgo y acciones de respuesta, prevención y necesarias para evitar que su comunidad se vea afectada ante una nueva eventualidad”, dijo el director de la Ungrd, Carlos Iván Márquez. Por su parte el gerente de EPM, Jorge Londoño, dijo en Medellín que las condiciones de clima y llegada de agua a la presa han mejorado en las últimas 24 horas. “Es muy positivo que el caudal de ingreso del río se ha reducido en cerca del 20 % y estamos sacando más agua de lo que nos llega”. Londoño estimó además que de continuar estables las variables que influyen en los trabajos (cantidad de agua que llega a la presa y que sale de la casa de máquinas), este lunes llegarían a la altura de 410 metros sobre el nivel del mar en la presa, la meta que permitiría dar tranquilidad a la gente.

Isabel se despide de 37 años de su historia con incertidumbre, ella sueña con volver

Regresó a su casa de piso de tablas en Puerto Valdivia, en donde vio crecer a sus hijos y al mismo pueblo, para recoger sus documentos de identidad y a darle, al menos, una ración de comida a tres cerdos y a una gata, que no pudo llevarse tras la orden de evacuación. María Isabel Sinitaberria, de vestido largo y cubierta de canas, ha vivido 37 de sus 72 años en el ahora desolado caserío ribereño.

El sábado pasado, cuando la creciente del río Cauca llegó con la voracidad de 6.000 metros cúbicos por segundo, casi tres veces su caudal habitual, estaba en la eucaristía que se celebra en el cementerio por las madres fallecidas. Se percató de la algarabía.“Algo grave está pasando”, le dijo a su compañera. “Pongamos todo en manos de Dios y sigamos en la santa Misa”, añadió.

Cuando la liturgia terminó, presenció cuando el río alcanzó el corral de los marranos y se llevó dos cerdos de engorde. Luego regresó a su casa y preparó su almuerzo como si nada estuviera pasando.

- ¿No le da miedo pasar el día acá?

- “No tengo tanto temor como dolor de que me tenga que ir de Puerto Valdivia. Amo la gente y a este pueblo. Fui una madre de familia sola, levanté nietos y particulares. No pude estudiar y, bajo mi pobreza, luché para que muchos jóvenes aprendieran a leer. Aquí la gente siempre me colaboró, por eso amo a este pueblo. Pero hoy siento dolor. Ver a Puerto Valdivia tan destrozado me causa tristeza. Va a quedar destruido el amor de mi vida, el pueblo donde crié a mis hijos”.

Se secó las lágrimas, respiró profundo y siguió su oficio. Echó a freir costillas de cerdo para completar el menú. Ya llegará el momento de lavar la loza, empacar el equipaje y de volver a trancar la puerta, con la incertidumbre de no saber si podrá volver a entrar.

Vanesa Restrepo

Periodista. Amo viajar, leer y hacer preguntas. Me dejo envolver por las historias.

Juan Diego Ortiz Jiménez

Redactor del Área Metro. Interesado en problemáticas sociales y transformaciones urbanas. Estudié derecho pero mi pasión es contar historias.

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