Aunque en Medellín hace más de dos años no se muere un niño por desnutrición, en seguridad alimentaria la vida no es color de rosa para miles de familias -el 53,6 % del total- que viven la angustia de no tener una jornada que les garantice al menos los tres “toques” del día: desayuno, almuerzo y comida.
El testimonio de Yenni* (una joven madre soltera con dos hijos y sin un padre que responda por ellos) evidencia la situación.
-Para darles alimento a ellos mi familia me colabora un poquito y yo me ayudo con la venta de chatarra o cobre, pero eso no alcanza-, dice Yenni, que reconoce que sus dos pequeños (uno de cuatro años y el menor de 9 meses) tienen problemas nutricionales ya que nunca han disfrutado una buena y sana alimentación.