Cuando habitantes de Nechí y El Bagre realizaban un recorrido, el pasado 14 de mayo, por el río Nechí, como parte de una asesoría ambiental adelantada por el Instituto Popular de Capacitación, IPC, se toparon con una triste escena: una gran cantidad de peces muertos flotaban en el agua, con una apariencia poco agradable y olores fétidos. Los hechos se registraron a la altura de las veredas Sabalito y El Guamo.
Juan Esteban Jaramillo, investigador del Observatorio de IPC, indicó que según las denuncias de los habitantes, esto se debe al daño de un jarillón (especie de muro de tierra paralelo al río) de una entidad minera que adelanta labores allí, lo que ocasionó que elementos contaminantes se dispersaran aguas abajo del río.