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Policías antioqueños, muertos en Nariño, compartieron la ilusión de un empleo digno

En Bocas de Satinga, Costa Pacífica, fueron asesinados por el Eln en la noche del pasado lunes.

  • Auxiliar de policía John Jaime Oquendo, oriundo de Angelópolis, y en el círculo Édison Montoya, de Támesis. FOTO Cortesía
    Auxiliar de policía John Jaime Oquendo, oriundo de Angelópolis, y en el círculo Édison Montoya, de Támesis. FOTO Cortesía
  • Policías antioqueños, muertos en Nariño, compartieron la ilusión de un empleo digno
17 de febrero de 2016
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Compartieron, durante seis meses, la lejanía, la soledad y el peligro, pero ambos llegaron a Bocas, de Satinga, Costa Pacífica de Nariño, en busca de una misma ilusión: obtener una libreta militar para conseguir un trabajo digno.

A los auxiliares de la Policía Édison Montoya Ledesma y John Jaime Oquendo Camargo la muerte los sorprendió juntos, patrullando una calle de ese pueblo casi olvidado del sur del país, cuando guerrilleros del Eln les segaron la vida a estos jóvenes extractados de las entrañas campesinas del suroeste de Antioquia.

Desde el parque de Támesis, al cual llegó procedente de la vereda Campo Alegre, en busca de noticias de los funerales de su hijo, Jorge Montoya, un hombre que vive del cultivo del café, no dejaba de recordar el día en que su niño, porque era el menor de cinco hermanos, partió hacia Nariño en busca de una libreta militar para poderse emplear, porque a sus 20 años, no había podido conseguir trabajo.

“No entiendo cómo mandaron a mi hijo por allá tan lejos si solo los preparan tres meses y los llevan para sitios tan peligrosos, pero la necesidad lleva a los campesinos a que se enfrenten a esos riesgos, así estén exponiendo sus vidas”, contó el campesino.

Mientras tanto, en el barrio Villa Hermosa, de Medellín, Yudy Andrea Morales esperaba ayer a que le confirmaron la hora de la llegada hoy a esta ciudad del cadáver de su hermano medio John Oquendo.

Relató que John y Édison se hicieron muy amigos y en los últimos días compartieron hasta el celular, porque a John se le dañó el suyo. “A las 7:15 p.m. del lunes me llamaron para informarme sobre lo acontecido. Cogí el teléfono, llamé a Édison, pero nadie contestó, entonces entendí que ambos estaban muertos”, dijo.

“Mi hermano tenía 24 años, era tímido, no le gustaba la calle y se fue para la Policía para poderse emplear, pero lo mandaron, con poca experiencia en el manejo de armas a un sitio tan inseguro”. Sus padres residen en una finca de Angelópolis .

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