A 15 años de Ralito, los paramilitares continúan

  • Después de la firma del Acuerdo de Ralito, el 15 de julio de 2003, los paramilitares se desmovilizaron en diferentes actos en tres años. FOTO Archivo Jaime Pérez
    Después de la firma del Acuerdo de Ralito, el 15 de julio de 2003, los paramilitares se desmovilizaron en diferentes actos en tres años. FOTO Archivo Jaime Pérez
Por Olga Patricia Rendón M. | Publicado el 16 de julio de 2018
en definitiva

El Acuerdo de Ralito logró la desmovilización de más de 31.000 paramilitares, pero con el aliciente de las economías ilegales muchos volvieron a delinquir y conformaron nuevos grupos.

En diez puntos los paramilitares y el Gobierno de Álvaro Uribe acordaron la ruta de lo que sería la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia, Auc, y su reintegración a la vida civil. Hoy, 15 años después de esa firma que llenó de esperanzas al país, quedan aprendizajes, logros y dificultades que no lograron zanjarse.

Gracias a ese Acuerdo de Ralito, rubricado por el entonces alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, nueve jefes paramilitares, los seis miembros de la comisión exploratoria, y los tres facilitadores del proceso por la Iglesia Católica, se desmovilizaron 31.671 combatientes y se entregaron 18.051 armas, en los 38 actos de desmovilización entre 2003 y 2006.

Ese fue uno de los principales problemas. Álvaro Villarraga, director de Acuerdos de Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica, explicó que “el diseño de ese proceso tuvo fallas estratégicas graves como el haber permitido una desmovilización por más de tres años con altos niveles de irregularidades y rearmes simultáneos”.

Y es que mientras se desmovilizaba el Bloque Cacique Nutibara, se creaba el Héroes de Granada, con algunos mandos medios que fueron enviados al oriente Antioqueño para crear esta nuevo grupo armado. Y así ocurrió en casi todos los casos.

Lo que sí logró este acuerdo fue disminuir los índices de violencia y generar un quiebre en la actuación del paramilitarismo.

Los logros

El Gobierno creó una política de reintegración muy robusta, que no existía antes en el país, pese a varias desmovilizaciones acumuladas, con un promedio de éxito del 76 %, según la Agencia para la Reincorporación y Normalización.

Y por otro lado creó la Ley de Justicia y Paz, que es justicia transicional para juzgar y condenar a los responsables de los delitos más graves. Los postulados a ese sistema debían pagar una pena privativa de la libertad de mínimo 5 y máximo 8 años, antes de acceder a los beneficios. El compromiso de no volver a delinquir era una de las condiciones para mantener los beneficios hacia el futuro.

Solo el 2 % de los desmovilizados aplicaron a esta ley, y cifras de la Fiscalía General de la Nación indican que desde el 29 de junio de 2010 hasta la fecha se han proferido 60 sentencias en contra de los exparamilitares sometidos. Ya casi todos están en libertad.

De acuerdo con Villarraga, “parte de los jefes, mandos medios e integrantes del paramilitarismo, con distintos niveles de compromisos se acogieron a la legalidad, a la justicia y se reintegraron a la vida civil, contribuyendo a las víctimas con revelaciones a la verdad, no de manera total, pero sí con aportes significativos, aunque es exigua la reparación proporcionada a las víctimas”.

Las disidencias

Por otro lado estuvieron los que siguieron delinquiendo. El 13 de mayo de 2008, en un operativo sorpresa, fueron extraditados a los Estados Unidos 14 jefes de las Auc que se habían sometido a la Ley de Justicia y Paz. El Gobierno argumentó que los exparamilitares incumplieron los requerimientos del proceso, principalmente porque seguían delinquiendo desde la cárcel.

Sin embargo, las víctimas sintieron que con ellos se fue la verdad. Doralina Carvajal Rodríguez, hija de Ana Libia Rodríguez y hermana de Everardo de Jesús Carvajal, desaparecidos en agosto de 2006 por el Bloque Cacique Nutibara, se quedó esperando que Diego Murillo Bejarano, alias don Berna, le respondiera qué pasó con sus familiares.

Pero no solo ellos delinquieron. “El Acuerdo de Ralito no consiguió el desmonte integral del fenómeno paramilitar, no fueron atacadas las bases de economía ilegal ni las alianzas estructurales que permean entes del estado, organismos sociales y regiones, así como se mantuvieron y permanecen agrupaciones armadas que han dado lugar a una fase posterior en la década reciente, de expresiones más degradadas del paramilitarismo en el sentido delincuencial, y que hoy constituye una problemática de primer orden”, explicó Villarraga.

De esa desmovilización resultaron nuevos grupos armado como el Clan del Golfo, el Erpac, los Rastrojos, los Libertadores del Vichada, entre otros.

Contexto de la Noticia

OPINIóN En perspectiva histórica

Camilo González Posso
Director de Indepaz
Visto históricamente ayudó a desmontar grandes estructuras de paramilitares y ese desmonte cambió la curva de ascenso de niveles de violencia de crímenes atroces en Colombia. La desmovilización fue parcial, hubo sucesores del paramilitarismo pero con modalidades diferentes, más atomizados, más pequeños, con lenguajes más asociados al narcotráfico, a los negocios y menos a las estrategias. El principal aprendizaje es que los acuerdos sí sirven, pero hay que hacerlos bien hechos, porque aunque no sean de carácter político sino de sujeción tienen implicaciones en la disminución de la violencia que es un efecto positivo para la sociedad. Las soluciones militares no son suficientemente efectivas.

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