Pico y Placa Medellín
viernes
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Todos recuerdan en su mente la trágica noche del 31 de marzo cuando una avenida torrencial (avalancha), desboco su fuerza por los ríos Sangoyaco y Mulato, y las quebradas Taruca, Taruquita, San Antonio, El Carmen, Conejo y el Almorzadero, destruyendo 17 barrios de Mocoa, capital del Putumayo, que dejó 328 víctimas mortales.
Un reloj de pared quedó estático en el tiempo marcando las 11:27 de la noche, hora exacta de la avalancha. La noche era oscura, fría y llovía fuertemente. Nadie se imaginaba la magnitud de la tragedia sino hasta que despuntó los primeros destellos de luz del primero de abril.
Las primeras imágenes eran de destrucción total. Los barrios al nororiente de Mocoa quedaron sepultados entre gigantescas rocas, palos y lodo, enmarcados en el dolor de las personas que lograron sobrevivir a la furia de la naturaleza. “Fueron 15 minutos que duré aferrado al marco de mi ventana viendo como la avalancha arrastraba todo lo que encontraba a su paso”, narró Heleodoro Jojoa, uno de los...