Chirajara, un año sin respuestas

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Colprensa | Publicado el 13 de enero de 2019

“Todo iba bien. Andaba limpiando la pata del pilón. De un momento a otro se sintió un estruendo muy grande. Los gritos llenaron el ambiente, camuflándose con el ruido del tablero al partirse y caer sobre nosotros. Una roca me golpeó la cabeza y no supe más. Desde ese momento la vida ha sido un calvario”.

Quien habla con voz lenta e incrédula, como si aún estuviera viviendo aquel 15 de enero de 2018, es Emigdio Bernal, un hombre de 48 años, quien ha pasado la mitad de su vida inmerso en el arte de soldar puentes vehiculares en hierro. Pero qué hoy no es recordado por esto sino por ser uno de los trabajadores sobrevivientes a la caída del puente atirantado Chirajara.

Menos de 30 metros faltaban para que las dos plataformas de concreto se juntaran por sus puntas y formaran así el puente más largo de Colombia, con una longitud de 446 metros. Un viaducto que, sin embargo, se veía pequeño en medio de la monumental cordillera donde estaba en pie a manos del Concesionario vial de los Andes (Coviandes), con diseños de Héctor Urrego, y subcontrando a Gisaico S.A e ICMO S.A.

El sol de ese lunes, a mitad de enero del año pasado, se alzó en su esplendor indicando que el medio día había llegado y con este el momento del almuerzo. Gran parte de los trabajadores del Chirajara, una estructura que sería vista como un orgullo en la ingeniería del país y que jugaría un papel vital en la comunicación de la vía Bogotá-Villavicencio, salieron a “recargar energías”. Pese a esto, alrededor de 20 personas se quedaron puliendo la obra de estructura diamante, hasta que, atónitos vieron como una parte del viaducto colapso sobre ellos.

Ocho lograron sobrevivir al siniestro, algo que es visto, un año después, como un milagro. Pero uno a medias, porque de este no hacen parte Alberto Calles, Giovani Quiroz, Julio Salgado, Gildardo Jiménez, José Bertel, y los demás compañeros de Emigdio Bernal. Compañeros por más de 20 años que trabajaban en la estructura de más de 280 metros de altura. De ellos, según Bernal, solo quedaron recuerdos y una última foto tomada el 23 de diciembre, donde las sonrisas inmortalizaron ese momento.

“Es muy duro de explicar lo que sentí cuando supe quienes habían muerto. Fue una vaina muy berraca el despertar como de un sueño y ver a mis compañeros ya en una tumba. El daño psicológico es irreparable, el aterrizaje no se ha dado del todo”, cuenta el soldador de la empresa ICMO.

Latigazos metálicos de las guayas gigantes que sostenían la estructura, y que se quebraban como alambres frágiles una tras otra, fue lo que hizo inminente el derrumbe sin dar tiempo a un aviso de que la pila B del viaducto caía y un polvo cubría lo que habían sido más de tres años de construcción.

“A mí me sacaron una hora después del accidente. Estaba inconsciente y con un fuerte golpe en la cabeza que necesitó de unos cuantos puntos. En mis recuerdos está solo una imagen de mi persona en una ambulancia hacía Bogotá, mientras que el equipo médico me preguntaba el nombre y la cédula, pero ni eso podía responder de lo aporreado que estaba. No sé porque sobreviví, es un milagro”, comenta Emigdio.

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El después

La caída de la estructura, según los sobrevivientes, partió sus vidas en dos. El tiempo pasó y aunque el siniestro siguió siendo mediático por varios meses, debido a la investigación que se abrió por parte de la Fiscalía General de la Nación a las empresas vinculadas, las víctimas tuvieron, por otro lado, que seguir intentado reconstruir su vida mientras están a la espera de respuestas.

Emigdio, quien fue diagnosticado en ese momento con un trauma craneoencefálico y una lesión en su pierna izquierda, ha pasado estos 365 días incapacitado. Con un movimiento lento, resentido por los escombros que aguanto su pierna, este soldador intenta continuar dando pasos pese a cuatro cirugías que buscan reconstruir su rodilla, ligamentos, meniscos y nervios afectados por la ruptura de la arteria principal de la extremidad inferior.

“Luego de despertar en shock, y que me mantuvieran sedado porque no podía creer que mis compañeros hubieran fallecido en Chirajara, me hicieron la primera cirugía en la pierna. Un tutor fijo de ocho varillas fue enterrado a mis huesos para poderla sostener, y después otro tutor con cuatro varillas. La última cirugía fue el 7 de diciembre para la reconstrucción de la rodilla, pero el pie me quedó dañado. El daño es irreversible, no solo físico sino mental”, agrega el hombre.

Volver al sitio parece impensable. Sin embargo, no solo él sino sus demás compañeros han vuelto al vacío que dejó el puente en busca de algo que les dé un indicio de quien sería el responsable. Emigdio volvió tras seis meses del colapso, allí su billetera había quedado entre escombros y apunta de muletas bajó hasta el lugar para recuperarla.

“Estaba intacta, sucia, pero todo lo que tenía ahí se mantuvo guardado. Al momento de pasar lo único que me dieron ganas fue de llorar. Un sentimiento que no tiene explicación, recordar a los compañeros en fotos y luego saber que quedaron vueltos nada, ellos eran mi familia. Pero lo peor es ver que ha pasado un año y nadie nos ha buscado para decirnos qué va a pasar ahora”, recuerda el soldador.

Así como él, otro de los trabajadores de la empresa ICMO S.A, Éder Rivera, también visitó el sitio de la tragedia. Su mejor amigo, Alberto Calle, fue una de las víctimas mortales y el volver a Chirajara, según cuenta, es como si el terreno se estuviera moviendo nuevamente. Sus lesiones fueron principalmente en la espalda, que a pesar de sus 51 años de edad nunca había sufrido ninguna molestia, hasta el suceso de ese 15 de enero.

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“Volví hace aproximadamente dos meses. Quería mirar el Chirajara y ver si todo era como lo recordaba. Sí lo era, pero sin el puente y ahí me embargo el susto más grande de mi vida, porque en todos mis años de experiencia nunca se nos había caído un puente. Es muy doloroso recordar y ver que los implicados en el caso ni una disculpa nos han ofrecido a los afectados”, narra Rivera.

Este hombre, oriundo de Barranquilla y con 32 años de experiencia en soldadura, no encuentra explicación para lo ocurrido. Sin embargo, resalta que la “catástrofe” pudo ser mayor porque en “cualquier momento el puente caería”. Un mes antes, el expresidente Juan Manuel Santos había recorrido el lugar y pisado la placa que caería días después.

“Todos los que estaban arriba del puente murieron. Hoy puedo contar la historia, pero mis compañeros no tuvieron la misma suerte. Menos mal el puente no se cayó cuando el presidente estuvo allá con toda su cúpula sino la catástrofe hubiese sido más grande. Ahora, si hubiéramos unido el puente, con carga, estando en uso, estaríamos hablando de 200 o 300 muertos. Ese puente se iba a caer sí o sí”, comenta el soldador.

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“El pilón nos traicionó”

El tiempo avanzó y en estos doce meses, se dieron las honras fúnebres de los fallecidos, se abrió una investigación para determinar quién sería el responsable del caso, y aún los afectados continúan con las revisiones médicas. Sin embargo, argumentan que durante todo este tiempo algo les hace falta y es conocer quiénes son los responsables de lo ocurrido.

“Ni Gisaico ni Coviandes nos han dado una disculpa. Ni siquiera llamaron a decir disculpen muchachos. Uno esperaría que los jefes se hubieran acercado a uno, pero nada”, agrega Rivera.

A finales de enero del año pasado, la firma Modjeski and Masters, de Estados Unidos, fue contratada por el concesionario de la vía al llano, Coviandes, para que investigara lo ocurrido, dando como resultado que el colapso se produjo tras errores en el diseño. Días antes, varias teorías se manejaron, entre ellas, que los materiales del puente eran débiles y que hubo errores en la cimentación.

Durante la presentación de los resultados de la investigación, que tomó cerca de tres meses a la firma estadounidense, Alberto Mariño, gerente de Coviandes, aseguró que la falla en el diseño hizo que la estructura no soportara las cargas y terminara derrumbándose.

Tras más estudios que evidenciaron que la parte que quedó en pie no era segura, se decidió que la estructura sería implosionada para allí levantar nuevamente el puente. Fue el 11 de julio del año pasado, cuando Chirajara dijo adiós totalmente a ser un puente en forma de diamante, de él solo quedaron los recuerdos y la expectativa de como será el nuevo viaducto.

“Haber visto la implosión desde acá, desde la televisión, fue muy duro. Es imaginar estar allá, sin poder hacer nada, sin correr si quiera”, narra Rivera, quien además sostiene que “el pilón no sirvió. Antes del 15 de enero de 2018 yo subía todos los metros que fueran, ya hoy no pudo subir sino un solo metro, no puedo cargar sino es dos kilos y antes yo era un soldador calificado. Ese pilón nos traiciono a todos, no bastó la experiencia”, agregó Rivera.

La implosión estuvo a cargo de Atila Demoliciones. Para el trabajo, que se inició sobre las 2:10 de la tarde, fue necesaria la utilización de 200 kilos de explosivos, 3000 metros de cordón detonante y 30 detonadores. En total, 300 personas trabajaron en las labores de demolición del puente.

Al momento de la detonación, tras 15 minutos de preparación previa, una nube de polvo se levantó sobre esta zona ubicada a 63 kilómetros de Bogotá, en Guayabetal, Cundinamarca, por cerca de diez minutos.

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El nuevo puente

Tras un año, los coletazos de la caída del puente siguen sintiéndose. Luego de la implosión, Coviandes anunció que el nuevo puente Chirajara iniciaría obras en mayo de este año, para estar listo en 27 meses a manos de la firma francesa Eiffage, junto a su filial en Colombia, Puentes y Torones. Sus especificaciones continúan manteniéndose, en su mayoría. Sin embargo, las torres serán en forma de Y con una expansión de 446 metros y con una profundidad al cañón de 286 metros.

Para el experto en puentes, Jaime Erasmo Garzón, la construcción del nuevo Chirajara es una “oportunidad” para reivindicar a las víctimas y a la ingeniería colombiana, que fue puesta en tela de juicio tras el siniestro.

“Chirajara fue un golpe bajo para todo el país. El nuevo puente debe ser muy técnico y con base a lo pasado para evitar futuros inconvenientes en la estructura. Son varias lecciones que dejó esto, porque desde el diseño se debe revisar todo una y otra vez. A la ingeniería nos deja muchas lecciones entre ellas el tener interventorías que estén mas pendientes de la parte técnica y no de la económica, porque una falla de este tipo puede llevar a que el costo se triplique. Solo nos queda esperar que el Chirajara logre ser la obra que todos esperamos”, expresa Garzón.

Víctimas e implicados con el caso Chirajara están a la espera de que la Fiscalía General dé a conocer su informe sobre el caso. Aunque se esperaba para el año pasado, el ente de control no se ha pronunciado al respecto. Mientras tanto, este martes 15 de enero de 2019, Egmidio y Éder, junto con los demás trabajadores de la obra, recordarán a los fallecidos a través de oraciones.

Colprensa buscó comunicación con Gisacio S.A y Coviandes. Sin embargo, en el primero nunca contestaron y en el segundo manifestaron no estar disponibles para declaraciones por el momento. Así mismo, la Fiscalía le indicó a Colprensa que el fiscal del caso no se encontraba en el momento.

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