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Andrés* se retiró hace un año de la Armada, cansado de sufrir en el monte y de recibir malos pagos. “Le dije a un general que había perdido la fe en la causa. Mi retiro demoró tres meses desde que solicité la baja. No fue mucho”, afirma.
Este militar, de 30 años, hizo parte de las Fuerzas Especiales, de Contraguerrilla y del Gaula Militar Urbano. Aprendió, con cursos de la Armada Nacional a ser un hombre de guerra , todo lo que necesitó para cumplir su sueño: ser un “mercenario” en Dubái. Luchar en un conflicto ajeno solo por un beneficio económico y personal convierte a un combatiente en un mercenario, no comparte ideología, nacionalidad ni preferencias políticas.
Andrés pasará del Fuerte Militar Larandia, en Florencia, Caquetá, a uno de los...