Dibujo y pintura ya no son reyes en facultades de arte

  • Foto de archivo. CRÉDITO Donaldo Zuluaga
    Foto de archivo. CRÉDITO Donaldo Zuluaga
Por JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 05 de febrero de 2017
Infografía
Dibujo y pintura ya no son reyes en facultades de arte
en definitiva

En distintas escuelas de artes, las básicas y tradicionales no reciben tanto énfasis como en el pasado. Hay nuevas tendencias, que unos toman con mayor o menor intensidad.

Hace unos días, Carlos Andrés Gómez, un artista plástico que se establece en el andén de Bellas Artes a pintar retratos con óleos o carboncillos, con formación en un instituto similar a este en Cali, al indagarle si los alumnos de esa institución se acercaban a preguntarle por asuntos técnicos del manejo de pigmentos o de telas, respondió que se acercaban a verlo pintar, sí, pero no a indagarle por nada de eso porque estas técnicas tradicionales: pintura al óleo, acuarela; escultura en piedra o barro; dibujos con carboncillos; grabado; talla, pertenecían a la historia del arte. En muchas facultades no enseñan estos temas —dijo— o, si lo hacen, no tienen el énfasis que tenían cuando él era estudiante de artes.

El énfasis de las facultades hoy —siguió diciendo— está en las nuevas manifestaciones, el arte conceptual, el performance, la instalación, el video, la fotografía...

A partir de esto, uno diría: nada hay quieto bajo el Sol. Las artes han cambiado en el paso de los siglos. En los últimos años, las exposiciones que se ven en los museos y las galerías, no son solo las de las artes tradicionales, pintura, dibujo, escultura, grabado... Manifestaciones que privilegian a uno de los sentidos: la vista. En esos sitios que albergan la creación, se encuentran propuestas que se dirigen a otros sentidos. El tacto, el olfato, el oído...

Desde los últimos decenios del siglo pasado, en nuestro medio, estamos viendo las instalaciones, por ejemplo. Los artistas ya no son solamente los que buscan en el fondo de la piedra las figuras ocultas, los que intentan representar sus ideas en telas, los que tiznan con sus carboncillos los papeles o presionan materiales entintados para conseguir que uno de ellos deje sus marcas en el otro.

Por eso, es explicable que los programas académicos de las facultades de artes, como los de las demás carreras, cambien en el tiempo.

últimos en llegar a la fiesta

Al plantearle estas cuestiones a Óscar Roldán, el artista y curador de arte que ahora ocupa el cargo de Director de Extensión Cultural de la Universidad de Antioquia, dijo:

“Creo que lo que dices podría ser cierto. Definitivamente está sucediendo. Pero no me refiero a la facultad de la Universidad de Antioquia, que por cierto tiene un programa académico muy parecido al histórico, con fuerza en artes tradicionales, ni a ninguna en especial, sino como tendencia en las universidades latinoamericanas y colombianas”.

Roldán afirmó que la nuestra es una sociedad acostumbrada a llegar tarde a las fiestas. El arte conceptual tuvo su furor en el mundo en los años sesenta y setenta del pasado siglo y nosotros comenzamos a vivirlo muy al final de la centuria o más bien en esta. “Vamos detrás de la vanguardia”. Y las facultades, entonces, empezaron a buscar la forma de no quedarse atrás, de enseñar estas corrientes que, por supuesto, había que enseñar, y comenzaron a disminuir la fuerza en “la parte práctica”, en el hacer.

Porque comenzó a privilegiarse el concepto de que el artista no era el que sabía hacer sino el que concebía la idea, así no supiera cómo realizarla y tuviera que mandarla a hacer.

Ya en el resto del mundo, Norteamérica, Europa, volvieron a entender que es necesario saber hacer. No es raro, dijo Roldán, que en este momento, en universidades de Chicago, estudiantes de artes estén trabajando en sus talleres de madera, de fundición, de manejo de moldes o en otro que les permita adquirir pericia con el vidrio.

“Nosotros no tenemos la misma conciencia. El fantasma del arte contemporáneo llegó con el sofisma de que en el arte lo que interesan son las ideas, no la realización de la forma. Eso, en el primer mundo, está revaluado. Saber transformar el discurso y la Naturaleza en una creación nueva, es importante”.

Menciona que el arte conceptual es complejo. Que el arte actual se suele equiparar con arte contemporáneo, pero que, si pensamos bien, el arte de Leonardo D’Vinci fue contemporáneo a las realizaciones de los Medicis... Lo contemporáneo —sin importar la época— tiene como principal característica que quiere separarse de lo convencional. El pensamiento contemporáneo pone en juicio o en situación crítica el pensamiento anterior para producir algo nuevo.

“Lo que conozco sobre las escuelas latinoamericanas de artes, en general, es que han descuidado el dibujo, la pintura... Y no creo que lo importante sea dibujar por dibujar, sino que el dibujo esté al servicio del pensamiento... Pero se debe saber hacer bien”.

Roldán llega a ser categórico: “hay escuelas de artes en las que los alumnos salen sin saber dibujar ni pintar”.

Y se pregunta: “¿por qué muchos de los egresados de las escuelas de arte no tienen éxito en los museos?” Cree que ni siquiera lo tienen muchos en lo que se llama arte conceptual, porque en los MDE, una gran mayoría de los expositores corresponde a artistas extranjeros; los locales son pocos. Y si reflexiona sobre este punto a partir de estos planteamientos... ¿Tendrán que ver con una posible respuesta a esta inquietud?

Lo uno y lo otro

¿Qué dijo Sergio Arias, encargado del mercadeo de Bellas Artes? “Esa tendencia, de dejar atrás el arte tradicional, sí existe, pero en Bellas Artes siguen siendo importantes los talleres de trabajos manuales, como dibujo, pintura, fotografía...”.

Recordó que hasta antes del decenio de los ochenta del siglo veinte, el énfasis de las facultades era plástico. Después se ha tornado visual, más que todo, siguiendo las tendencias del arte posmoderno, en el cual no solamente son importantes las ejecuciones de la plástica, es decir, de la relación decididamente directa con los materiales. Por eso, en muchas facultades, como la de la Universidad Nacional por ejemplo, se llama Facultad de Artes Visuales; no plásticas.

“Pero creo que siempre se van a enseñar las artes básicas y tradicionales, como la pintura, el dibujo, el grabado, la escultura. Aparecen nuevas tendencias, se integran a estas en el programa académico, pero no creo que las desplacen”. Y comparó este fenómeno con el del periódico, del que algunos creyeron que desaparecería con la aparición de la radio, primero; de la televisión, después; de la Internet y las redes sociales, más tarde, pero en la vida real, conviven todas con buena salud, aunque tengan fortalezas distintas.

“En el último semestre —contó Sergio— observamos una exposición, no de elementos pintados o esculpidos, sino elaborados con fetos de perros...”, de modo que, como lo pregona la posmodernidad: todo es válido.

Por su parte, Gabriel Mario Vélez, decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, dijo que esa, la tendencia a debilitar el énfasis en las artes tradicionales, la pintura, la escultura, la pintura, el dibujo y el grabado, no es una directriz, pero sí es “una dinámica natural”.

La facultad que dirige contiene un Departamento de Artes Visuales, que incluye las plásticas. Cree que una discusión sobre la supremacía de las plásticas sobre las visuales o viceversa es una discusión inútil. Sabe que hay una manifestaciones artísticas —las tradicionales de las que estamos hablando—, en las que la relación del artista con la materia, con los materiales, es directa.

“En nuestro caso —mencionó Gabriel Mario— se ha modernizado el pénsum, para atender las dinámicas contemporáneas del arte, que han cambiado. Pero no quiere decir que nos desvinculemos de las artes tradicionales. Son importantes los talleres de escultura, dibujo, pintura, grabado, dibujo, pero están al servicio de las dinámicas contemporáneas. Les damos a los estudiantes los recursos tradicionales de dibujo, por ejemplo, pero también los del performance, el video arte, la fotografía”.

Tiene información de que existen escuelas más tradicionales que la de la Universidad de Antioquia, que tiene siete semestres de dibujo.

Recordó que en la actualidad, muchas propuestas se dirigen al olfato, con olores que suscitan emociones o evocaciones; al oído; la vista; el pensamiento, con videos o secuencias sonoras... Otras propuestas que invitan a los espectadores a interactuar.

Contó que en su facultad, el programa de Plástica cambió el pénsum hace tres años. Ahora, sostuvo, hay una estructura más flexible. “Que los estudiantes tomen los talleres de escultura, grabado o pintura que necesiten para sus ideas creativas, para sus obras”.

Lo que ha cambiado, dijo Gabriel Mario, también es la manera como se enseña: “Si en el renacimiento el maestro le enseñaba al alumno cómo hacía él sus cosas para que las hiciera igual, ahora lo que se busca es que encuentre su propio camino; que sea él mismo y se desconecte de las maneras de trabajar del maestro”.

Contexto de la Noticia

radiografía Lo tradicional y lo nuevo

Sergio Arias, de Bellas Artes, sostiene que en el arte, lo importante no es la ejecución, sino el pensamiento. La concepción de la idea. Y que en Bellas Artes, el programa está dirigido a que los alumnos consigan pensar, investigar y explorar.

Quien entra a la página de Bellas Artes y al programa académico de Artes Plásticas, encuentra talleres. También materias que ayudan a entender la realidad, como semiología, epistemología, constitución política, investigación, socioantropología... Y en las asignaturas prácticas, además de los talleres de pintura, dibujo, escultura, también los hay de fotografía, imagen digital y otros.

En la Universidad de Antioquia, los estudiantes deben cursar 52 créditos de talleres de esas técnicas tradicionales mencionadas, de 128 que tiene el programa completo.

John Saldarriaga Londoño

Envigadeño dedicado a la escritura de periodismo narrativo y literatura. Libros publicados: Al filo de la realidad (cuentos), Contra el viento del olvido, en coautoría con William Ospina y Rubén López (periodismo), Crónicas de humo, El Arca de Noé (crónicas) y Vida y milagros (crónicas), El alma de las cosas (relatos), Gema, la nieve y el batracio (novela). Recibí el Premio a la Excelencia Periodística de la Sociedad Interamericana de Prensa en 2005; el Premio CIPA, en 2004.

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