El sol punzante de las 10 de la mañana hace brillar la superficie del pequeño muelle que sirve de puerto de llegada a Capurganá. Parece cubierto de diminutos diamantes, aunque no sea más que el reflejo del agua que ha caído sobre la pelada estructura de cemento, gracias al oleaje bravo del Golfo de Urabá.
Una visión paradisíaca para los turistas extranjeros que llegan en masa en las temporadas altas al pueblo, en busca de desconectarse de las comodidades de la ciudad en un ambiente tropical, pero infernal para los 15 nepalíes que esta mañana de miércoles se aprestan a subir a una lancha de la Armada, que los llevará al puerto de Turbo, al otro lado del golfo.
¿Le parecería igual de bello el mar si no supiera nadar? La mayoría de migrantes que...