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Las 400 personas desplazadas que están en Pie de Pató comienzan a sentir las consecuencias del confinamiento.
Las últimas tres noches de Luis Asprilla han sido un tormento. Afuera del coliseo de Pie de Pató, en el Alto Baudó, que le sirve de casa temporal a él y a 399 personas más, el líder comunal solo piensa en los animales y cultivos que dejó en su parcela, ubicada en la comunidad Peña Azul, en el sur de este municipio chocoano. Toma café y fuma.
Fueron 10 horas de camino por selva y trocha para escapar de la amenaza impuesta por los fusiles de los grupos armados que se metieron en su territorio el pasado sábado a las 10 de la mañana. Pero sus pies no le duelen, le duele que cuando decida retornar llegará a una casa sin nada, porque dice, siempre que pasan esos episodios en los que uno y otros se dan bala, ellos salen y sus pertenencias se pierden.
Luis llegó hasta Pie de Pató con lo que tenía puesto: unas sandalias, un pantalón corto y una camiseta de la selección Colombia. Lleva tres días en un salón que sirve para hacer deporte, pero en el que hoy solo se ven ollas de comida, colchonetas para...