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Para salir de prisión, el labriego se acogió a la Justicia Especial para
la Paz. Pagó 13 años de cárcel.
La justicia, que a veces cojea pero llega, y en otras ocasiones es rápida con sus sentencias, tardó 13 años en darse cuenta que el campesino Gilberto Torres Muñetón, no era guerrillero, y mucho menos “el Becerro”, jefe del frente 57 de las Farc, acusado de la masacre de Bojayá, Chocó, cometida en 2002.
En sus últimos días en la cárcel de Cómbita, en Boyacá, Gilberto se aferró, como un moribundo a la vida, al indulto temporal que concede la Justicia Especial para la Paz, JEP, la cual hasta ahora ha beneficiado a más de 1.100 militares y 1.658 guerrilleros, y que dio su boleto de salida el pasado 26 de octubre después de 4.708 días de encierro, señalado de forma equivocada.
Al cruzar el gran portón gris y azul, Gilberto exhaló un vaho frío que a...