Petro y su discurso desde la orilla de las diferencias sociales

  • En su mayoría los validadores de la campaña de Petro a la Presidencia son jóvenes universitarios y representantes de la vieja izquierda democrática colombiana. FOTOCOLPRENSA

    En su mayoría los validadores de la campaña de Petro a la Presidencia son jóvenes universitarios y representantes de la vieja izquierda democrática colombiana. FOTO

    COLPRENSA

Por: José Guillermo Palacio | Publicado el 09 de mayo de 2018

El 11 de septiembre de 1973, impactado por el crimen del presidente chileno de la Unidad Popular, Salvador Allende, en el asalto militar dirigido por el sable de Augusto Pinochet, la vida puso a Gustavo Francisco Petro Urrego en el mundo de la política. “De Allende admiró su decisión de dar la vida por una causa antes que traicionar principios”, comenta Jorge Rojas, su exsecretario privado y de Integración Social en la Bogotá Humana.

Los hechos de aquel septiembre del 73 lo impresionaron. Tenía 13 años y estudiaba en el Colegio Nacional La Salle, de Zipaquirá.

Con su elección Allende le demostraba a la izquierda continental la validez de la vía de las urnas para alcanzar el poder y la fuerza de su Unidad Popular se extendía de norte a sur con los mensajes de los cánticos e himnos de la nueva canción chilena, interpretada por los grupos Inti-Illimani y Quilapayún.

Petro dio su primera “batalla política” en el colegio de Zipaquirá, en las mismas aulas en las que estudió el nobel de Literatura Gabriel García Márquez, cuya figura querían borrar algunas directivas lasallistas, en ese entonces, por considerarla comunista. Él ganó esa partida al probarles que, pese a sus credos, no podían negar la existencia de Gabo en el colegio.

Nació el 19 de abril de 1960 en el municipio cordobés de Ciénaga de Oro. Fueron sus padres el campesino Gustavo Petro y la profesora Clara Nubia Urrego. La casa que lo vio nacer seguramente ya cumplió su ciclo sobre la tierra. En la última foto que Petro se tomó en la misma se ve una construcción de tapias altas, fresca, sala y dos o tres piezas. Parte de su techo de paja se lo había llevado el viento o el peso de las lluvias y la soledad.

En su segundo grado de escuela la familia dejó la pradera cordobesa y se mudó a Zipaquirá, un pueblo más cercano al mundo de las oportunidades.

Impulsado por las corrientes comunistas de aquellos tiempos, cuando tenía entre 15 años, fundó el periódico estudiantil “Carta al Pueblo” y un centro cultural dedicado a Gabriel García Márquez. Como muchos otros lectores del Nobel leyó una y otra vez Cien Años de Soledad, tantas que terminó por denominarlo “la biblia”.

Desde niño ha sido un lector consagrado. En la adolescencia alimentó su imaginación con las historias mágicas de Cien Años de Soledad basadas en hechos políticos de la vida nacional, como robarse unas elecciones cambiando los votos; otras tan cotidianas como criar gallos de pelea en caseríos costeños y enamorarse; o inverosímiles como conocer el día exacto en que alguien iba a morir de muerte natural y todos en el pueblo aparecían con cartas en su lecho para que se las entregara a los difuntos cuando se encontrara con ellos en el más allá.

Años de guerra

A sus 16 años alcanzó su título de bachiller y logró uno de los mejores puntajes en el Icfes de ese año en el país. Al siguiente, aún sin cédula de ciudadanía, en el momento “más tenebroso del gobierno de Turbay Ayala, cuando las cárceles estaban llenas de izquierdistas, universitarios, comunistas, sindicalistas y todo lo que representara oposición, Petro se filó con el M19, guerrilla que surgió por el robo de las elecciones al general Rojas Pinilla”, dice Gonzalo Salas, exmilitante de izquierda, quien hoy lo acompaña en su proyecto presidencial

En el M19 se matriculó con el alias “Buendía”, para rendirle culto a la figura de uno de los protagonistas de la novela de Gabo, Cien Años de Soledad, el coronel Aureliano Buendía, quien emprendió 32 levantamientos armados, algunos de ellos nacionales y todos los perdió contra el establecimiento.

En sus tiempos de guerrillero era un convencido de que había otros métodos más efectivos y seguros para alcanzar el poder: las urnas. “Sabía de qué estaba hablando y cómo alcanzar su sueño. Aunque empuñaba las armas hacía parte del ala que abogaba por el diálogo para poner fin a los conflictos”, dice un excombatiente de la extinta organización.

Del fusil a la política

Es un ser absolutamente noctámbulo y, por ello, poco madrugador. Se graduó como economista en la Universidad Externado de Colombia y le apasionan las matemáticas. Según afirmó Jorge Rojas, en una de sus elucubraciones mentales, Petro dijo: “si un político entiende las matemáticas puras, si ejercita su mente para resolver teoremas y acude a las ciencias exactas para entender el mundo, tal vez pueda interpretar de otra manera la sociedad y la naturaleza”.

A sus 24 años fue elegido por la Alianza Nacional Popular como concejal de Zipaquirá. En la plaza de la localidad hizo pública su vinculación al M19, dejó su curul en el Concejo y partió a la clandestinidad. Un año después su aventura terminó en la cárcel. Soportó el encierro leyendo. Cuando recuperó su libertad averiguó dónde iba la revolución y volvió a las armas moviéndose entre Santander y Tolima. Allí terminó vinculándose al proceso de paz que lideró Carlos Pizarro Leongomez con el gobierno de Virgilio Barco.

Con otros guerrilleros desmovilizados fundó la Alianza Democrática M19, protagonista en la redacción de la Constitución de 1991, gracias al apoyo electoral que logró luego de la firma de la paz, el nueve de marzo de 1990 y poner fin a 20 años de vida armada.

En 1991 alcanza una curul en la Cámara de Representantes por Cundinamarca, las amenazas de muerte en su contra se recrudecen y lo obligan a abandonar el país.

A su regreso, en 1997 vuelve a la Cámara por la colectividad Vía Alterna, que reúne a exmilitantes del M19, entre ellos Antonio Navarro Wolf. En ese periodo es protagonista de los debates contra la infiltración paramilitar en las distintas esferas del Estado. Señala la penetración de estos grupos en la Fiscalía General de la Nación, para ese entonces dirigida por Luis Camilo Osorio.

En 2002 la mayoría de las fuerzas de izquierda logran unirse y crean el Polo Democrático Alternativo con candidatos al Congreso, la Presidencia de la República y alcaldías como la de Bogotá, que llevó a ese cargo a Samuel Moreno Rojas, quien pasa sus días en prisión, luego de que el propio Petro lo denunciara públicamente por corrupción.

En 2006, con la tercera votación más grande del país, llega al Senado donde la prensa especializada le reconoce su protagonismo en los debates contra la infiltración paramilitar en el Congreso y le entrega la mención “Senador del año”. Sus debates llevaron a la pérdida de investidura y encarcelamiento de más de 60 padres de la Patria.

“Al Petro congresista hay que reconocerle que ha sido claro y contundente en sus debates, que es un contradictor leal, no ataca por la espalda y no apela a la posverdad a la que están apelando otros candidatos, hecho que le hace mucho daño a la campaña electoral. Lo otro es que sacó al Congreso del letargo en el que había caído tras la Constitución de 1991, cooptado por el narcotráfico, el paramilitarismo y la corrupción”, afirmó el exasesor del Parlamento Latinoamericano, Guillermo Arismendi.

“Los paras afirmaron que tenían el 35 % del Congreso y Petro probó vínculos del 30 % de los padres de la Patria con la organización”, precisó el catedrático Arismendi.

Con la misma vehemencia destapó la parapolítica puso al desnudo las relaciones de las Farc en el legislativo, las mismas que llevaron a la cárcel al representante Luis Fernando Armario. Durante los dos períodos del gobierno de Álvaro Uribe se convirtió en su más férreo opositor señalándolo de tener vínculos con los paramilitares, recibir apoyo económico de personas relacionadas a los mismos e incluso algunos de sus actos como gobernador de Antioquia que permitieron el nacimiento de las Convivir, las cuales terminaron cuestionadas por su relación con los paras.

Camino presidencial

La tempestad de su discurso y estrategia política no solo ha movido las aguas de sus opositores. Dentro de su movimiento mientras unos lo aclaman y le dan oxígeno, otros le cuestionan su obsesión por alcanzar la Presidencia, hecho que incluso dinamitó al Polo Democrático Alternativo en su primer intento de llegar a la Casa de Nariño como candidato de la colectividad en las elecciones de 2010.

Como siempre su estrategia dio resultado. Esa vez, contrario a lo definido por el grupo, creó una disidencia que obligó a realizar una consulta interna en la que derrotó al expresidente de la Corte Constitucional Carlos Gaviria Díaz (q.e.p.d.), quien calificó la jugada de Petro como una “maniobra claramente uribista”.

“Es lo más parecido a Uribe que hay en la izquierda”, dijo en 2010 a EL COLOMBIANO, quizás herido por la consulta que lo derrotó dentro de su propia organización, la misma que en los comicios de 2006 le había llevado a obtener 2.613.157 votos, cifra electoral histórica para la izquierda hasta ese entonces.

Las urnas fueron una dura lección para Petro en esa campaña, solo logró 1.331.267 votos, el 10 % de la votación total. Todo terminó con su renuncia al partido, luego que le negaran su intención de convertirse en su presidente.

Petro no sabe de derrotas, creó la Bogotá Humana y contra todo pronóstico ganó las elecciones, gracias a la división de los supuestamente llamados a manejar el cargo. Y hoy, con un plante de 2.849.331 votos, logrado en la consulta de los partidos de izquierda en las parlamentarias se la juega con por la Presidencia con la Colombia Humana.

Sombras y luces

La mezcla de ser un excelente orador y la construcción de un relato que lo hace ver como un perseguido del Estado y las élites colombianas, le han permitido figurar como uno de los grandes opcionados en la intención de voto en las encuestas, dice el politólogo Diego Corrales.

A su favor también está la polarización del país y sus élites en el poder que tiene jugando en bandos contrarios a los partidos que han acompañado al Gobierno y en ring aparte a la “extrema izquierda vs la extrema derecha”, debate en el que Petro se mueve “como pez en el agua” en un país polarizado desde los años 40 por el magnicidio de Gaitán, otro de sus ídolos y la violencia partidista. En este escenario no parecen tener mayores opciones posiciones de centro, como las que enarbolan otros de los candidatos en contienda.

Contra la corriente “petrista” se cruza sus bajos resultados como administrador de Bogotá y su indiscutible pasado con el régimen chavista que tiene a Venezuela. “Él debe aclarar su posición sobre Chávez y Maduro, actitud en la que ha sido muy dubitativo”, plantea Corrales.

“Petro, desde la Presidencia, aspira cambiar el modelo social y económico al país”, dice Humberto Jiménez, dirigente de izquierda, quien fue presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia, Adida.

Recuerda su entrevista en la revista Dinero, de junio de 2003, bajo el título de Nace el Neopopulismo. En la misma Petro explica las bases de ese “neopopulismo” que impulsó Chávez en su país y que él acompañó.

“El de Petro sería una suerte de gobierno socialdemócrata o un capitalismo con dimensiones humanas”, dice el historiador Guillermo Aguirre. Frente a sus yerros en la administración de Bogotá, los petristas se defienden argumentando que “evalúen las cifras reales”.

Pero tal evaluación no convence a analistas y periodistas como Germán Manga, conocedor del manejo de lo público, quien ve en el portafolio del candidato un sartal de promesas irrealizables que harían más pobres a los pobres que quiere salvar Petro.

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