El Gobierno nacional insiste en cumplir el cronograma para la dejación de las armas, pero ni la ONU ni las Farc están de acuerdo.
En las zonas veredales los guerrilleros mantienen su armamento a la espera de sus superiores para entregarselos a la ONU. En la foto guerrillera del frente 18.
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Donaldo Zuluaga
El rosario de errores de las zonas veredales es largo y de todos los colores. El Gobierno cedió ante las presiones de la oposición para establecer veredas tan remotas a las que nunca había llegado el Estado, como sitios donde las Farc dejarían las armas; de esa manera quiso borrar el fantasma del Caguán, aseguran los expertos.
También se equivocó al ceder a las presiones de la oposición y de los medios de comunicación sobre el Día D: las Farc insistieron en que el conteo iniciara después de aprobada la ley de amnistía, pero el Gobierno “se ranchó”, en palabras de Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, en decir que fuera inmediatamente después de la refrendación.
“El Día D fue la primera equivocación. El Gobierno parece...