Récords vergonzosos en siembra y producción de coca

  • Desde 2013, cada año, han aumentado las hectáreas cultivadas con coca, y ha mejorado la eficiencia del cultivo. FOTO Reuters
    Desde 2013, cada año, han aumentado las hectáreas cultivadas con coca, y ha mejorado la eficiencia del cultivo. FOTO Reuters
Por Olga Patricia Rendón M. | Publicado el 20 de septiembre de 2018
17 %

aumentó el cultivo de hoja de coca en el país en 2017, según la ONU.

31 %

creció la producción de clorhidrato de cocaína el año pasado, según la ONU.

En Definitiva

Aunque el Gobierno logró la meta de erradicación forzosa y se acercó a la de sustitución voluntaria, las hectáreas de coca aumentaron en 2017. La producción de cocaína fue histórica.

Dos lamentables récords históricos fueron revelados ayer por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito y el Ministerio de Justicia. A diciembre 31 de 2017 en Colombia había sembradas 171.000 hectáreas con hoja de coca y con esos cultivos se produjeron 1.379 toneladas de cocaína. Nunca antes hubo tanta siembra ni tanta producción de alcaloide.

Si bien el aumento de los cultivos (17 %) fue inferior al del 2016, cuando se registró un 52 %, llama la atención el incremento de la productividad de cocaína, con el 31 %. Lo que quiere decir que los narcotraficantes han logrado fórmulas para hacer más eficiente la planta, pero también han contado con la ventaja para ellos de que las matas están más grandes y producen más hojas.

La explicación es que en algunas regiones del país no han sido atacadas por la autoridad. Las cifras así lo muestran: en 2012 se producían 5,2 toneladas de cocaína por cada hectárea sembrada al año, en 2017 fueron 8,2 toneladas, argumentó Leonardo Correa, coordinador del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos en Colombia (Simci).

“Los narcos están trabajando sobre principios de agricultura inteligente, es decir, abonos más controlados y variedades mejoradas, lo que significan más cocaína disponible”, expresó el ministro de Defensa, Guillermo Botero.

Por eso, manifestó que para el gobierno del presidente Iván Duque este es un asunto de Seguridad Nacional.

Juan Carlos Garzón, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, explicó el fenómeno que está viviendo el país: “las Farc regulaban la economía ilegal, los cultivos de coca y su enlace con los demás eslabones de la cadena, al quedar ese vacío, se crean incentivos para que otros actores entren a controlar el eslabón. Con el desarme había pocos actores comprando, la gente estaba guardando la producción y los precios bajaron, pero, con el tiempo, esos vacíos fueron llenados, y ahora tenemos una economía ilegal muy activa con múltiples actores participando e integrándose de diferentes maneras”.

Garzón asegura que aún no se sabe cuál es el tope al que podría llegar la producción de coca, porque en este asunto confluyen dos inercias: “la de la política de seguir cometiendo los mismos errores y la de esas comunidades que dependen de las economías ilegales”, si no se paran ambas condiciones, nunca habrá solución.

Erradicación y sustitución

El Gobierno se impuso una meta clara el año pasado: acabar con 100.000 hectáreas de coca, 50.000 serían con erradicación forzosa, y el resto con la sustitución voluntaria.

Dice Garzón que el “Estado erradicó donde pudo”, dada la presencia de actores armados que, en un afán por controlar los cultivos, no permitían el paso de la Fuerza Pública. Tomando los 11 municipios que concentraron el mayor número de hectáreas en 2016, se encuentra que, con excepción de Tumaco (Nariño), los niveles de erradicación manual fueron bajos. En las imágenes satelitales del documento puede observarse cómo las manchas claras han ido disminuyendo, mientras los clústeres se oscurecen (ver infografía).

“También hay que tener en cuenta que la resiembra en zonas de erradicación forzosa, sin la intervención de alternativas de desarrollo, puede alcanzar entre el 25 % y el 30 % en los primeros tres meses y superar el 50 % después de un año”, agrega la FIP.

En cuanto a la sustitución, 54.000 familias firmaron acta de compromiso para erradicar de manera voluntaria sus cultivos de coca, pero muchas no alcanzaron a arrancar las plantas antes del 31 de diciembre. Los efectos positivos de esta iniciativa podrían verse reflejados en el informe de 2018, aunque el programa está desfinanciado (ver paréntesis).

El gobierno quiere hacer un corte de cuentas con la administración de Juan Manuel Santos, por lo que acordó con la ONU un nuevo informe con corte a agosto de 2018, para de esa manera “poder mostrarle al país la realidad que recibimos. Seguramente serán más hectáreas”, contó la ministra de Justicia, Gloria Borrero.

Estados Unidos presiona

“Me preocupa profundamente que los cultivos ilícitos se hayan expandido en años sucesivos en Colombia, México y Afganistán, y ahora están en niveles récord. La producción y el tráfico de drogas en estos tres países afectan directamente los intereses nacionales de los Estados Unidos, y la salud y seguridad de los ciudadanos estadounidenses”, señaló el presidente estadounidense, Donald Trump, en un memorando la semana pasada.

Agregó que “los gobiernos deben redoblar sus esfuerzos para hacer frente al desafío planteado por las organizaciones criminales que producen y trafican estas drogas, y lograr un mayor progreso durante el próximo año para detener y revertir la producción y el tráfico”.

Al respecto, el general (r) de la Armada Rafael Colón, aseguró que “el gobierno debe mandar señales de acciones inmediatas porque el país no da para más experimentos”.

Glifosato, ¿la salvación?

Pese a la prohibición de la Corte Constitucional, el Ejecutivo considera que sin glifosato la lucha contra el narcotráfico está perdida, ya que desde que se dejaron de fumigar los cultivos, hace dos años, estos se duplicaron.

En un fallo de tutela, en abril del 2017, la Corte aplicó el principio de precaución con el objetivo de prohibir que “se retome el uso del glifosato en el programa de erradicación de cultivos ilícitos en forma de aspersión aérea”.

¿La razón? La Corte reiteró que el uso del glifosato aplicado así puede afectar la salud humana y poner en peligro no solo a las comunidades en donde hay cultivos de hoja de coca, sino al medio ambiente en su conjunto.

Así que el Gobierno busca las estrategias para cumplir los requisitos de la Corte para volver a asperjar: demostrar la ausencia de daño para la salud y el medio ambiente; realizar la consulta previa con las comunidades étnicas que pudieran resultar afectadas, y que las instituciones que realicen los estudios y la planeación de la aspersión no sean las mismas que ejecuten. Si esto no es posible, el Consejo Nacional de Estupefacientes debe buscar otro químico, no tóxico, para acabar con la mata de coca.

Ya el ministro Botero ha dicho que Colombia tiene que volver al glifosato, “no hay mejor herbicida”, y lo que pasa, según él, es que “estas mafias se han encargado de formar frente a la opinión pública sus efectos dañinos, que como todo químico los puede tener. Pero lo necesitamos”.

Finalizando el gobierno anterior, la Comisión Nacional de Estupefacientes aprobó el uso de glifosato en drones, lo que disminuía el área afectada con el herbicida, pero es problemático, ya que los grupos armados, e incluso los campesinos inconformes, los pueden derribar.

Sin embargo, para el general Colón, la acción integral del Estado no debe dar preponderancia al glifosato ni a la erradicación forzosa, sino que deben entenderse como parte de un todo, que debe contar, especialmente, con inversión en bienes públicos.

“Ya vimos que la aspersión sola fue un error, por ejemplo en Nariño entre 2001 y 2005 se asperjaron 300.000 hectáreas, pero cada año la cifra de hectáreas cultivadas aumentaba. No es la panacea. Solo se solucionará el problema si hay una estrecha coordinación entre las agencias y entidades”.

Comunidades se oponen

210 organizaciones sociales suscribieron un documento exigiéndole al Gobierno que no utilice ningún agente químico, y más bien sostenga el Programa Nacional Integral de Sustitución, dé garantías a los líderes sociales en los territorios y dé pie a la ley de tratamiento penal diferencial para los cultivadores.

Al respecto, Yoni Abril, coordinador de la Asociación de Campesinos de Catatumbo, expresó que los estragos del glifosato, sufridos en su comunidad por años, gracias al Plan Colombia, fueron evidentes, no solo con personas enfermas, sino animales y plantas muertas. “¿Quién puede querer que le rocíen veneno encima?, eso es lo que hacen con el glifosato, nos bañan en veneno, nuestras casas, nuestros animales, sembrados y fuentes de agua”.

El Gobierno definirá en las próximas dos semanas una ruta clara sobre cómo actuará de manera integral contra las drogas y dará el debate sobre los efectos para la salud y el ambiente que tiene el herbicida que promete ser la tabla de salvación para un país que, según el informe de la ONU, “nada en coca”.

Contexto de la Noticia

Paréntesis Sustitución Está desfinanciada

La sustitución voluntaria de cultivos está desfinanciada, según Emilio José Archila, alto consejero para el posconflicto. Son cerca de 2.7 billones de pesos lo que costará pagarle a 77.000 familias que se comprometieron a sustituir los cultivos ilícitos por sembrados legales (cada familia recibe cerca de 12.000 dólares), pero no existe partida presupuestal para ello. Según Miguel Ceballos, alto comisionado para la Paz, el Gobierno anterior creó una institucionalidad muy grande pero no dejó presupuesto para ejecutar los programas.

radiografía Así se mueven las regiones

El 64% del incremento de cultivos de coca se encuentra en los departamentos de Antioquia, Putumayo, Norte de Santander y Cauca. Nariño (7 % de incremento) sigue siendo el departamento más afectado por los cultivos de coca a pesar de que la siembra creció menos allí que en el resto del país. Tumaco sigue siendo el municipio más afectado del país a pesar de que la coca se redujo en un 16%. La mayor reducción se presentó en el departamento de Guaviare, donde se reportaron 1.915 hectáreas menos.

Olga Patricia Rendón Marulanda

Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

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