Estos son los efectos del estrés en el cuerpo humano

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Publicado el 20 de junio de 2017
Infografía
Efectos del estrés en el cuerpo humano

Imagínese que es una cebra. De repente se percata de que un león está cerca; se mantiene inmóvil mientras el corazón le late desbocado. En una escena siguiente el león tuvo suerte y comienza a arrastrarla por el polvo. Este no es un buen momento para mantenerse en shock, porque aún podría salir de esa situación. Ahora imagine que es un león y no ha comido en días. No haberse lanzado por la cebra le habría costado la vida.

La supervivencia es una buena razón para que los mamíferos segreguen naturalmente las hormonas del estrés. Hay otras igual de importantes: las situaciones desafiantes como el aprendizaje.

Según David Pineda Salazar, profesor del doctorado en psicología la Universidad San Buenaventura y del doctorado en ciencias básicas biomédicas de la Universidad de Antioquia, “el cerebro está diseñado como tejido para aprender a través de diversos procesos que implican cambios estructurales (...) y para esto necesariamente debe pagar un peaje: el estrés”.

La palabra está más que usada, y no todo el mundo la emplea con el mismo significado. Demi Moore salió estos días a decir que se le cayeron los dientes por estrés.

De acuerdo al libro Neurociencia cognitiva de Diego Redolar Ripoll, psicólogo, máster en Neurociencia y doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, algunos relacionan el estrés con el corazón acelerado, los músculos tensos, disparos hormonales, y otros a animales huyendo de sus predadores, es decir, con actos de supervivencia, por ejemplo, cuando se presenta un atraco.

Por otro lado hay quienes lo usan como sinónimo de agobio, prisa, obligaciones artificiales de la vida actual, sensación de impotencia ante los acontecimientos y malestar general en el cuerpo. “Estos puntos de vista sobre el estrés no son incompatibles ya que este es a la vez un mecanismo biológico de supervivencia y una fuente de malestar”.

No es el estrés

El problema no es en sí mismo el estrés, sino el exceso, y ello se vuelve peligroso y exigente. Según Pineda, esto ocurre en todas las especies: “Si la respuesta al estrés se activa durante demasiado tiempo, las posibilidades de desarrollar una enfermedad crónica aumentan considerablemente”.

Entonces, ¿cuáles podrían ser las razones para secretar las hormonas del estrés de manera inapropiada?

Las respuestas varían. Pensar en el cambio climático, sentir el eco de los gritos de la persona que lo insultó por el tráfico en la mañana, tener mucha carga laboral...

“También hay condiciones en algunos sujetos que los hace muy vulnerables al estrés moderado o bajo. Son poco tolerantes. Su sistema nervioso autónomo nace hiperreactivo. En la otra esquina están los imperturbables, los tranquilos por naturaleza. Son capaces de soportar niveles altos de estrés, sin que su sistema nervioso autónomo se descontrole”, explica Pineda.

Por el contrario, cuando hay alta vulnerabilidad ante la presión, se evidencian los problemas. En 2015, según el Ministerio del Trabajo de Japón, en ese país murieron más de 2.300 personas por Karoshi, que en español significa muerte por exceso de trabajo. Aunque parezca una leyenda urbana, es un fenómeno social reconocido en el país del Sol Naciente desde 1987, cuando el Ministerio de Salud empezó a recopilar estadísticas.

Para definir el desgaste extremo de un empleado, el psicólogo clínico Herbert Freudenberger estableció en los setentas el término Síndrome de Burnout (del quemado).

La información disponible sobre este es fragmentada y aún no hay un estudio epidemiológico que permita visualizar el porcentaje de población real que lo padece, aunque existen investigaciones que buscan su relación.

Una de ellas publicada en 2009 en la Revista Española de Salud Pública contó con una muestra de 11. 530 profesionales de la salud residentes en España y América Latina, y aseguró que la prevalencia de esta enfermedad es de 5,9 % en Colombia.

Los desafíos

A la mayoría de habitantes de este planeta se les presenta un reto con la homeostasis. Un término acuñado por Walter Bradford Cannon, fisiólogo de la Universidad de Harvard Medical School, para referirse al conjunto de procesos que se ponen en marcha con el fin de mantener estable el medio interno del organismo, ante los estímulos que puedan desequilibrarlo.

Ser golpeado fuera del equilibrio homeostático causa estrés. “Esta respuesta puede ponerse en marcha no solo ante una lesión física o psicológica, sino ante su expectativa y, asimismo, puede repercutir sobre el rendimiento de la persona y su estado general de salud”, según Redolar.

El cuerpo responde en esas circunstancias segregando una serie de hormonas, siendo la adrenalina la más conocida para restablecer el equilibrio.

Según cuenta Pineda, el sistema nervioso no evolucionó para ser activado crónicamente. La movilización constante de la energía aumenta la probabilidad de ciertos trastornos metabólicos, mientras que los aumentos sistemáticos de la presión arterial desgastan los vasos sanguíneos.

“El organismo también libera hormonas del estrés por exposición a toxinas, dietas excesivas y falta de sueño; esto conduce a que el cortisol (hormona que libera el cuerpo, en situaciones de estrés) se altere activando enzimas que hacen que depositemos grasa abdominal, en lugar de usarla como fuente de energía, y esta grasa a su vez produce más cortisol generándonos más estrés...”, complementa Natalia Chaparro, coach de nutrición holística con énfasis en el área de endocrinología.

También, la inhibición de la digestión, el crecimiento, la reproducción y la vigilancia inmune, por ejemplo, producen un mayor riesgo de inflamación del colon.

¿Se puede manejar el estrés? Sí. Hay varias posibilidades. Analizar su personalidad para identificar si es vulnerable a cualquier nivel de estrés o si es de quienes lo resiste y casi no se perturba por situaciones de peligro o de reto. Así podría tomar mejores decisiones, como un tipo de trabajo que se adapte a su manera de ser.

Otras opciones que la ciencia contempla son la meditación, mantener una alimentación balanceada y hacer ejercicio. Por supuesto, como es un tema individual, debe buscar la manera que más le funcione.

¿Una enfermedad moderna?

Actualmente, las patologías con mayor relevancia e impacto para la sociedad son aquellas que generan un daño acumulativo y pausado. Enfermedades neurodegenerativas y cerebrovasculares, obesidad, diabetes, patologías cardíacas y cáncer son algunos de los ejemplos que preocupan a la opinión pública.

Podría haber dudas sobre por qué hay personas a las que les afecta el estrés de manera sustancial, mientras que en otras el impacto que tiene es mucho menor. Clemens Kirschbaum, de la universidad de Dresden, sugiere que hay diferentes fuentes que explican esta variabilidad y entre ellas están la personalidad, la sensibilidad de los tejidos, el género, la predisposición genética, el tipo de exposición al agente estresante, el estilo de vida y los patrones biológicos de respuesta.

Cada vez son más las evidencias científicas que respaldan la idea de que el estrés puede constituirse como un importante factor de riesgo para este tipo de patologías.

Así que el reconocimiento de la interacción entre el cuerpo y la mente adquiere importancia. Redolar asegura que “las emociones pueden tener un gran impacto en el funcionamiento del organismo y en la salud de la persona”.

El estrés depende no solo de los parámetros físicos de la estimulación ambiental, sino sobre todo de cómo el organismo percibe y reacciona ante dichos estímulos y esto, en última instancia, depende de las características del cerebro.

Así que cuide los límites. El estrés le puede salvar la vida en un momento de peligro, pero si lo sobrepasa todos los días, quizá ocurra lo contrario.

Un instante de estrés

La mejor manera de comenzar a apreciar los efectos del estrés es detectar los síntomas que se producen como respuesta. Si usted es el león o la cebra, lo que más necesita es energía para alimentar los músculos y prepararse para correr.

En este momento el cerebro dispone de los recursos que se necesitan para escapar o atacar, como enviar sangre-glucosa a los órganos del cuerpo y energizarlos. Todo eso lo más rápido posible, la diferencia de un segundo podría salvarle la vida. Lo que importa es el momento actual, por eso se desactiva el largo plazo.

Si usted es la cebra y tiene que huir, no se preocupará por la digestión, que requiere horas, es lenta y costosa energéticamente. Usted estará tratando de evitar ser el almuerzo del león. Además se apaga el crecimiento y la reproducción. Estas son cosas importantes, pero caras para el cuerpo, y no fundamentales para salvarle la vida en ese momento.

Si está corriendo por su vida y ese león está dos pasos detrás, es mejor posponer la ovulación. Hacer esperma más tarde. Crecer hasta la semana que viene. ¿Pubertad? Mejor mañana. Por supuesto, ni siquiera pensará en sexo.

Ahora, imagine que su cuerpo no experimenta esto por un instante, sino por semanas y meses enteros. Incluso años. ¿Qué vida es esa?.

Contexto de la Noticia

El estrés en la sala de redacción

La mañana empieza despacio, alcanza hasta para un café y una conversación. Luego es como si los minutos se volvieran más rápidos o duraran menos. Hay que cerrar. La adrenalina sube. Hay poco tiempo y no has escrito una letra. Las fuentes apenas te contestaron, hay una página completa vacía. Pasa igual cuando alguien se muere a las 8:00 de la noche, y ahí sí que no hay tiempo, a las 9:00 deberías estar dando la última lectura. Se te acelera el corazón y las manos y la cabeza. Frente al computador las palabras empiezan a salir, rapidísimo. Estas emocionado. No hay tiempo, lo sabes. Una letra más, que diga algo, que lo diga bien. El editor te dice que rápido, que hay que cerrar, y el corazón se agita más, y las manos, pobres dedos, tan de afán. No hay posibilidad de colapsar ni de pensar en el miedo. El miedo es tu aliciente. El estrés tu amigo. De pronto pones el último punto, te paras y el alma, si es que existe por ahí, vuelve. Tranquilo. Podrías volverte a tomar un café, pero ya es muy tarde.

Glosario

Estrés: Respuesta adaptativa del organismo destinada a movilizar recursos energéticos, a corto o largo plazo, para enfrentar una amenaza.

Ansiedad: Transtorno mental que se genera después de que factores que liberan hormonas del estrés ya han desaparecido.

Trauma: Lesión física generada por un agente externo o un golpe emocional que genera un perjuicio persistente en el inconsciente.

Helena Cortés Gómez

Periodista, científica frustrada, errante y enamorada de los perros. Eterna aprendiz.

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