Pico y Placa Medellín
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En una sola noche se pierden fortunas, familias y profesiones. Hay que proteger a los menores.
En 27 años de juego compulsivo, el constructor Francisco R. Martínez perdió más de 2.000 millones de pesos en casinos y juegos de máquinas tragamonedas.
Su problema es tan complejo, que tras recibir 240 millones de pesos en un contrato, separó 60 millones para liquidar a sus trabajadores y enviarles dinero a sus dos hijos. Los 180 millones de pesos restantes los perdió, uno a uno, en maratónicas jornadas en casinos y máquinas tragamonedas. Nada pudo sacarlo del abismo en que cayó.
Comenzó a jugar a los 21 años, cuando un amigo lo llevó a un casino. Ese día lo acogió la suerte. Su amigo se retiró del juego, pero él, como se creía con buena suerte y ya ganaba dinero con su profesión como constructor, comenzó a moverse entre los casinos y todo...