Víctimas de la masacre de Bojayá descansarán en paz

  • No se sabe a ciencia cierta cuántas personas murieron en Bojayá, los cálculos de la comunidad ascienden a 92. Medicina Legal espera establecer la cifra exacta. FOTO Juan Antonio Sánchez
    No se sabe a ciencia cierta cuántas personas murieron en Bojayá, los cálculos de la comunidad ascienden a 92. Medicina Legal espera establecer la cifra exacta. FOTO Juan Antonio Sánchez
Por Olga Patricia Rendón M. | Publicado el 22 de octubre de 2016
en definitiva

Este martes los sobrevivientes de Bojayá establecerán la ruta, junto con las entidades del Estado, para exhumar, identificar y enterrar dignamente a los muertos de la masacre.

Los niños muertos en la masacre de Bojayá no han podido convertirse en ángeles y querubines y los adultos no pudieron dar el paso para ser los ancestros que resguardan a sus nietos.

Haber sido enterrados de cualquier manera por el miedo a las balas, a las amenazas que lanzaban los miembros de las Farc que obligaron a los que quedaron vivos, tras la masacre del 2 de mayo del 2002, a enterrar en una fosa común a sus seres queridos so pena de quemarlos, no ha permitido que trasciendan como en su cultura está establecido.

Ni siquiera las cuentas han sido claras. “Al inicio se planteó una cifra de 119 personas, en el proceso que hizo Fiscalía hablan de 79, pero ahora con Medicina Legal se dice que se hicieron alrededor de 88 necropsias, aunque solo hubo identificación plena de 79”, cuenta José de la Cruz Valencia, uno de los sobrevivientes. Pero si esa cifra se le suman los bebés que estaban por nacer, a los de Bojayá les faltan 92 personas.

Exhumación

Más de un mes después de haber enterrado a su seres queridos en la fosa común, llegó la Fiscalía a exhumar los cuerpos para identificarlos, con apoyo de sus laboratorios de genética, pero no pudieron hacerlo plenamente: “si hay diferentes miembros de una misma familia, no se sabe cuál es el hijo o cuál es el papá. Eso ya lo dice el análisis forense de la investigación que hace el perito forense, el médico, el antropólogo y el odontólogo, con la comparación que hay del ante-mortem con lo de post-morten” y para la época eso era imposible, explicó Kevin Mejía, director regional de Medicina Legal.

Valencia ejemplificó el problema: “como en la familia Palacios, que murieron cerca de 32 personas y solamente se lograba identificar que la persona pertenecía a ese núcleo pero no se sabía si era Pedro, Juan, María, todas esas cosas no nos han dejado la suficiente información para que uno esté tranquilo y hacer el duelo como debe hacerse”. Además, hay tres o cuatro personas que nunca han aparecido y que no saben si están mal identificados o todavía estén vivos quién sabe en qué condiciones.

Por eso este martes en Quibdó las víctimas se reunirán con Medicina Legal, la Unidad para las Víctimas, la ONU Derechos Humanos y la Fiscalía para definir el proceso de exhumación e identificación de los cuerpos que dejó la masacre.

Un duelo sin fin

Catorce años y medio después los sobrevivientes no han podido hacer su duelo.

Para nadie es un secreto que las comunidades con raíces afro tienen una relación especial con sus muertos: “nosotros les hacemos unos rituales mortuorios a los adultos y otros muy diferentes a los niños, a los angelitos, todos esos elementos para nosotros tienen un valor muy significativo”, relató José Valencia.

El informe “Bojayá la guerra sin límite”, del Centro Nacional de Memoria Histórica, indica que “la ausencia de ritual es, en efecto, un severo daño sociocultural que se vive de manera colectiva e individual, pues impidió a la comunidad realizar los rituales que resguardan la armonía entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos”.

En esta oportunidad los sobrevivientes le harán honores a sus seres queridos, las alabaoras les cantarán y todos los rituales los dejarán irse para el lugar de los muertos.

Contexto de la Noticia

informe fAMILIAS AFECTADAS

· Ibargüen Palacios: Madre (42 años) y 3 hijos (3, 10 y 13 años).

· Rivas Calvo: Madre (33 años) y 5 hijos (8, 5, 2, 2 años y un mes).

· Córdoba: Dos hermanos (28 y 23 años) y dos hijos (5 años y un día).

· Palacios Mosquera: Madre (47 años) y dos hijos (13 y 10 años).

· Rivas Palacios: madre-abuela (40 años); dos hijos (26 y 10 años); dos nietos (6 años y 17 meses).

· Perea: Tío y sobrino (11 y 4 años)

· Guzmán González: Abuela (47 años) y cuatro nietos (13, 10, 9 años y 21 meses).

· Mena Mosquera: Madre (34 años) y tres hijos (20, 15 y 3 años).

· Mena Chaverra: Abuela y nieto (64 y 18 años).

· Hurtado Cuesta: Abuela y nieto (62 y 20 años).

· Palacios: 29 personas: Padres, abuelos, hermanos, esposas, hijos, tíos, sobrinos de todas
las edades.

Olga Patricia Rendón Marulanda

Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

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