Débora Arango,la mujer

  • A pesar de las críticas Débora Arango conservó siempre una actitud amable y estuvo dispuesta a recibir a quienes la visitaban. Este retrato es de 1996. FOTO Archivo
    A pesar de las críticas Débora Arango conservó siempre una actitud amable y estuvo dispuesta a recibir a quienes la visitaban. Este retrato es de 1996. FOTO Archivo
Publicado el 04 de diciembre de 2015
EN DEFINITIVA

Débora Arango fue importante en la revolución femenina porque con sus obras hizo visible las problemáticas de la mujer. Ella, en sí misma, fue una adelantada, y enfrentó las críticas con calidad.

La revolución femenina en Colombia se dio alrededor de los años 70, a pesar, dice la columnista Florence Thomas, de que ya se había dado la lucha por el voto femenino, que se obtiene en 1953 y se ejerce por primera vez en 1957.

En esa época Débora –en 1953 tenía 46 años– ya había pintado desnudos y mujeres, protagonistas de su obra, que ella miró como sujetos sociales, que ella mostró con sus problemáticas. “Prostitutas, madres, indigentes, obreras y religiosas surgen en diversas facetas en las que ya lo femenino no es un objeto de contemplación sino de expresión de una realidad dolorosa que la sociedad prefiere no mirar de frente”, se lee en el texto de María del Rosario Escobar y Alberto Sierra, del libro Débora Arango, ediciones Gema.

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Sus obras fueron importantes para hablar de los derechos de las mujeres, porque las hacía visibles. No solo era el tema, también ella misma se estaba metiendo en terrenos que eran, sobre todo, de hombres.

“Las mujeres en el arte ha sido otro de los universos difíciles para las mujeres. Las mujeres que saben leer, o que escriben, son mujeres peligrosas. Una mujer que pinta como cualquier hombre artista, o que es mejor, es peligrosa. Débora hace parte de esas mujeres a las que les tocó vivir eso”, explica Florence, quien además señala que Arango nació en un tiempo ajeno “que no estaba preparado para ser visto con ojos de mujer”.

La crítica hizo que incluso no volviera a exponer por 15 años y que se encerrara en Casablanca. No mostrar no significó no seguir pintando ni diciendo, aunque el mensaje llegó después.

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Para la gestora cultural Martha Elena Bravo, quien fue su amiga, Débora era la voz creativa de una mujer. “Ya las había habido en Antioquia con literatas como María Cano, con personas como Sofía Ospina de Navarro, mujeres que le dieron al departamento una presencia femenina muy fuerte, pero Débora representó la voz contundente de la mujer capaz de nombrar el mundo, de reconocer y nombrar el cuerpo, de hacerlo visible sin temores, sin pacaterías”.

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Para la artista, el cuerpo de la mujer era un paisaje humano, que servía para mostrar los problemas sociales e, incluso, las contradicciones del género femenino. “Yo no sé si fue revolucionaria, pero ella sí presentía las cosas. Como presintió la transvanguardia (movimiento postmoderno que apeló al regreso de los colores), de la misma manera presintió las luchas por el respeto de la mujer”, señala la maestra Beatriz González.

Florence precisa que Débora no se declaró feminista, “por supuesto que no”, pero eso no se necesita para luchar por unos derechos, para criticar o pronunciarse. No lo hizo desde la política, sino desde el arte.

Su lucha silenciosa hizo que su reconocimiento llegara tarde, cuando ya tenía muchos años. Sus grandes retrospectivas se han hecho después de su muerte. Aunque alcanzó a sacarse una espina.

Al día siguiente de haberse montado la muestra individual en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, en 1955, sus obras fueron descolgadas por orden del gobierno franquista. Martha Elena Bravo cuenta que un día les dijo, a ella y a los del Mamm, que se quería sacar el clavo de esa exhibición.

En 2004 lograron exponer en el Museo de América, que está en la Universidad Complutense de Madrid, al lado de donde era el Instituto de Cultura Hispánico. Pasaron 49 años. “Se puso feliz, me acuerdo que se le salían las lágrimas, ese había sido un paso de su vida muy duro, imagínate lo que significa que le descolgaran una obra, en una época tan fuerte de censura”.

La misma Débora lo dijo alguna vez: “Nunca pinté con la idea de que podía mostrar. No podía mostrar. Si todo esto hubiera llegado antes habría hecho mucho más. Estuve muy cohibida. Todo lo pinté a escondidas”..

Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO

Contexto de la Noticia

Mónica Quintero Restrepo

Es periodista porque le gusta escribir. A veces intenta con la ficción, y hasta con los poemas, y entonces se llama Camila Avril. Le gusta la literatura, el arte y contar historias. Es periodista de Cultura y editora de Tendencias. Un día estudió Hermenéutica Literaria.

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