La música no solo sonó antes de que los integrantes del coro Junges Ensemble de Alemania llegara a Medellín a tocar con la Filarmónica. Los pies también se movieron: prepararse pasó incluso por aprender a bailar salsa.
Venir fue un proceso que empezó hace cerca de tres años. Sin embargo, Catalina Restrepo, que es de la ciudad y estudió dirección de orquesta en Eafit con el maestro Alejandro Posada, tenía la invitación hecha casi desde hace nueve años, cuando llegó a ser parte del Junges. Según ella, las referencias sobre Colombia (la violencia, la inseguridad, lo de siempre) no dejaban que se concretara.
Hasta que hace unos años el gerente de la Filarmed, Alfonso Arias, los escuchó durante un viaje y ahí empezó el proyecto formal. Era difícil, porque era un viaje largo y costaba mucho dinero.
No obstante, la emoción fue llegando, de a pocos. Catalina les empezó a mostrar fotos del país, de la ciudad, los puso a escuchar música colombiana e, incluso, ayudó hablar del clima y las frutas. Vieron el lado positivo, y si bien al principio hubo nervios y hasta pensaban que venían a la selva, y solamente 15 se habían apuntado, al final los 60 cupos se llenaron, con lista de espera que dejó esperando a varios. Además de una beca del Instituto Goethe, hicieron crowdfunding para reunir el dinero necesario para venir.
Intercambio cultural
El Junges es considerado uno de los mejores coros juveniles de Alemania. Ha ganado varios premios que así lo certifican, como el Concurso Coral de Berlín. Por eso, lo más importante de su visita es el intercambio cultural. Por un lado, y para ellos, el de conocer la ciudad. Por el otro, el de tocar con la Filarmónica y el Ensamble Vocal de Medellín, que funciona de aprendizaje para todos.
En el primer ensayo, cuenta Frank Markowitsch, el director del coro y del concierto de esta noche, lo primero fue hacer un juego de idiomas. Del español al alemán, y al revés, y al final hasta escucharon canciones colombianas.
Para el ensamble de la ciudad es también un reto. No cantarán en español, sino en alemán. El repertorio que escogieron es de esta nación europea. Requiem für Mignon Op.98b de Robert Schumann, Alt-Rhapsodie Op.53 de Johannes Brahms y Die erste Walpurgisnacht Op.60 de Felix Mendelssohn.
Querían, sigue el director, traer música de Alemania, y les pareció que sería buena idea si era romántica. “Lo que sé de Colombia es que la gente es muy emocional”.
Será un concierto de mover fibras. La de Schumman, por ejemplo, es sobre el funeral de una pequeña niña. Al principio, comenta Frank, es muy triste, pero luego cambia, cuando el coro aparece y hay una mirada más optimista. Volver a la vida, seguir, pese a todo.
Para él, el repertorio está lleno de esperanza, y tiene eso que tanto le interesa, conmover al que escucha. Más que lo técnico, si bien debe haber un balance, la parte emocional es lo que más importa, porque esa es la intención de la música, llevar a otros lugares, imaginar. Sentir.
Entonces empiezan a cantar en alemán Wen bringt ihr uns zur stillen Gesellschaft? En el programa está la traducción. ¿A quién nos traes en nuestra silenciosa compañía? Lo importante es escuchar. “Cada uno puede entender el sentimiento, incluso sino sabes la situación, puedes imaginarla”.