“Colombia es hoy día el centro mundial de la salsa”: Chamaco Rivera

  • FOTO MANUEL SALDARRIAGA.
    FOTO MANUEL SALDARRIAGA.
Por Daniel Armirola R. | Publicado el 28 de noviembre de 2015

Una reputada voz salsera, enraizada en el barrio y la calle, se encuentra por estos días en Medellín, realizando distintas presentaciones. Se trata de Chamaco Rivera, quien fuera durante inicios de los setenta el cantante estrella del legendario Willie Rosario, interpretando éxitos como “De barrio obrero a la 15”, “Devuelve mi alegría”, “Nicolás”, “La vida”, entre otros.

EL COLOMBIANO tuvo la oportunidad de dialogar con Rivera sobre la actualidad del ritmo, la creciente importancia de la escena colombiana, sobre anécdotas pasadas, y el significado de la salsa en su carrera.

Cuéntenos de sus inicios, ¿de qué parte de Puerto Rico proviene y cómo decide ahondar en la salsa?
“Soy de Guayama, un pueblito costero del sur de Borinquen, muy cerquita a Ponce. Grandes leyendas como Papo Lucca, Pete ‘el Conde’ Rodríguez, Eddie Palmieri y Héctor Lavoe son de esa región también, del sur. Yo migré muy joven a Nueva Jersey, donde empecé con un grupo pequeño, llamado el New Jersey Swing Combo. Duré muy poco, como dos años, hasta que me mudé a Nueva York. Allá inicié en grandes ligas, con la Sonora Casino de Mike Hernández. Eso fue sobre los años 69-70”.

Pleno Boom de la salsa en Nueva York, ¿cómo era el ambiente?
“Era algo increíble, salsa de lunes a lunes. Ambiente alegre y bien bailable. Estaban los salseros más famosos. Ahí fue donde conocí al maestro Willie Rosario, que me dio esa gran oportunidad. Grabamos dos trabajos desde 1971, el primero fue ‘De donde nace el ritmo’ y el segundo ‘Más ritmo’. 20 temas en total que los canté yo, afortunadamente fue un inicio excelente. Fue la experiencia más bonita que he tenido como salsero”.

¿Cómo es Willie Rosario? En pasada entrevista, Junior Córdova se refería a él como “una roca, casi invencible”.
“(Risas) Él sirvió en las Fuerzas Armadas de E.U, era policía militar, eso había que decirlo. Para beneficio de la salsa, un carácter como el de Willie Rosario era el que necesitaba la escena en esa época. Para fortuna de todos, él ha sido una persona muy seria, y todos los que trabajamos con Willie hemos aprendido mucho de él. A ser personas, más que solo músicos. Es un gran amigo y lo consideramos familia, permanecemos en contacto, aún estando él en Puerto Rico y yo en la Florida. Es mi hermano. Ya va en los 85 años, pero está muy bien, sigue activo. Todas las producciones de Willie Rosario, en distintas décadas e incluso en las recientes, fueron muy buenas, interpretando de varias formas la salsa”.

¿Después de su era en la orquesta de Rosario qué es de su carrera?
“Formé mi propia orquesta, hice varios discos. Unos fueron buenos, otros malos, porque no siempre pasa lo que uno espera que pase. A veces incluso es al contrario, teniendo pocas esperanzas, tal como en el caso de ‘De barrio obrero a la 15’. Estábamos terminando la grabación del LP ‘De donde nace el ritmo’, y Willie nos dice, ‘nos falta un tema para completar el disco, ahí hay un señor que se llama Trini Clemente, que tiene un son montuno que se llama ‘De barrio obrero a la 15’. Pongamos ese tema como para rellenar’. ¡Y miren qué clase de relleno! Ese fue el pasaporte al éxito”.

¿Cuál es el concierto más memorable en toda su carrera?
“El más importante para mí fue cuando vine por primera vez a Colombia, al Teatro Jorge Isaacs de Cali. Eso para mí fue apoteósico. Cuando yo vi al público caleño dándome un aplauso, cantando conmigo, supe que no iba a olvidar ese concierto. Además de eso he estado en Francia, España, Puerto Rico, Nueva York, entre otros países. El último que hice fue el del Salsa Fest acá en Medellín. Yo no estaba en mi mejor noche porque me cogió una gripa. Tuve que echar pa’ lante y al segundo tema le pedí disculpas al numeroso público que acudió, explicándole lo que me estaba pasando. La respuesta fue un aplauso, como quien dice ‘hágale Chamaco, siga tranquilo’.

Y así fue. El público colombiano debe saber que yo me siento muy orgulloso de ser puertorriqueño, pero en todas partes digo que si no hubiera nacido en Borinquen, me hubiese encantado nacer en Colombia. Definitivamente, esto cada día me gusta más. Yo le cuento a mis hijos y a mis nietos cómo es esto, y hay partes que ellos no creen hasta que ven los videos. En Puerto Rico yo no he visto ese calor humano, ese cariño. Y acá me dan demasiado”.

¿Qué está pasando en Puerto Rico con ese declive de la salsa?
“Yo no sé que pasó, porque a la juventud ahora no se le instruye en lo que es la cultura salsera. La radio está muy contaminada con música que no es salsa. Yo entiendo que todos tienen derecho a oír lo que quieran. Pero en mi opinión el reggaeton y la bachata no son competencia de la salsa. Sin embargo, en Puerto Rico hoy día se oye mas reggaeton, más bachata y más merengue que salsa, y eso a uno le duele. La radio puertorriqueña debe respetar más a sus músicos y a los salseros. Eso que no hacen en Puerto Rico lo hacen acá en Colombia, en Perú, en Francia, incluso hasta en Alemania. Allá en Europa hay hasta escuelas de salsa y son algo impresionante. En cambio, en Puerto Rico se descuidó el tema, y Dios permita que cojan de ejemplo a Colombia”.

Años antes de morirse, Cheo Feliciano afirmó que “Colombia conserva viva la salsa, es su centro”. ¿Usted por tanto coincide?
“Sí. Ustedes tienen una cosa: los colombianos no son fanáticos de la salsa, ustedes son historiadores de la salsa. Eso es mucho. Fanático puede ser cualquiera, pero historiadores es otra cosa. Aquí se ven muchas personas que son enciclopedias, como el propio ‘Checho’ acá en Medellín. Y con conocimientos precisos sobre su historia, no inventos. Cheo Feliciano tenía razón. A mí me preguntan en E.U que si Colombia está como está en la salsa, y yo les digo que sí. Pero para venir acá se necesitan pergaminos y trayectoria. Eso ustedes lo conocen muy bien y cada día nosotros los salseros nos sorprendemos más de su país”.

Su voz se valora mucho por tener esa vena barrial, de calle, algo innato para la salsa. ¿Es una expresión natural o la fue encontrando?
“Es algo natural. Yo vengo de un barrio pobre en Puerto Rico, me crié siempre entre gente humilde. No puedo ser de otra manera. Yo he estado nominado para un Grammy con José Feliciano cuando hicimos ‘Consuelo’. He estado en tarima grande con artistas como Rocío Jurado, Chuck Mangione, entre otros. Para mí siempre ha sido, en cualquier caso, como cantar en el barrio, con amigos y familiares, en una fiesta. Yo siempre he ido a pie en la música, gozándome esto. Soy del pueblo y me debo a la gente humilde. Además que nunca he vivido de la profesión. Tengo mi pensión y mi plan de retiro. También mi compañía de reparaciones y mantenimiento en Florida. Y así soy feliz”.

¿Fue ingrata la salsa con los músicos durante el Boom?
“Bastante. El artista salsero ha sufrido mucho, pero no expresa sus problemas en una tarima. Porque eso no es problema de ustedes. La gente paga una boleta para oír buena música, y el salsero debe entregarse a esa misión. Durante los setenta fue muy duro, porque no se retribuía muy bien. Héctor Lavoe y Frankie Ruiz, que en paz descansen, tuvieron buenos pagos, pero según producían gastaron. Pero con sus virtudes y defectos siempre los quise y los respeté. En cualquier caso, eso muestra lo problemático que era el oficio para todos nosotros. No era fácil”.

Durante décadas que ha estado usted vinculado a los ritmos caribeños, ¿qué significado tiene la salsa en su vida?
“Siempre tuve la posibilidad de estudiar. Pero si hubiese sido un abogado, alguien grande, a lo mejor tendría mucho dinero, pero no hubiera sido feliz. La salsa me dio a mí, por tanto, felicidad. Esa palabra envuelve muchos ritmos: guaracha, guaguancó, mambo, son montuno. Hasta el bolero entra en ese renglón. La gente que le gusta la salsa encuentra en ella un desahogo alegre. Un corazón que no canta o baila salsa no tiene latidos”.

Contexto de la Noticia

Para saber más DE CONCIERTO

Sergio “Checho” Rendón lleva este sábado a Chamaco al popular Son de la Loma, en Envigado, donde desde las 11:00 de la noche se esperan horas de camaradería, cerveza, melodía y sobretodo salsa, ritmos africanos. Allí, en concierto, Rivera espera sacar del baúl todas las joyas musicales que le garantizaron un sitio para la historia salsera.

Daniel Armirola Ricaurte

Salsero a ultranza. Volante de salida. San Lázaro me protege antes del cierre. Máster en Periodismo - El Mundo (España). Redactor Internacional - El Colombiano.

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