El Guernica de Pablo Picasso ocupa toda una pared doble del Museo Reina Sofía, en Madrid. Una batalla en blanco y negro que conmociona al que mira de frente por los movimientos, por las figuras enredadas y en guerra. Si alguna vez uno ha visto el Guernica de Beatriz González, la pintora colombiana, que estuvo una vez en el Museo de Arte Moderno de Medellín, y que es en colores amarillos y azules, la primera impresión del Guernica original es de desasosiego: no hay color.
La experiencia de encontrarse con una obra de arte tiene esa sensación indescriptible de confrontarnos con los viajes internos que hemos hecho, con lo visto antes. El Guernica de Picasso es uno en la cabeza cuando se ve por internet, y otro cuando se mira en su sitio.