HISTÓRICO
Al ritmo de Son Batá crecen los sueños
  • Al ritmo de Son Batá crecen los sueños | Jaime Pérez | La sede de Son Batá, en el barrio El Salado de la Comuna 13 vive de puertas abiertas. Músicos y bailarines llegan "a su casa", como define la oficina principal. En la foto, de izquierda a derecha, John Fredy Asprilla, Lorena, Kelly, María José, John y el Nene. Abajo, pensativo, John Jaime Sánchez.
    Al ritmo de Son Batá crecen los sueños | Jaime Pérez | La sede de Son Batá, en el barrio El Salado de la Comuna 13 vive de puertas abiertas. Músicos y bailarines llegan "a su casa", como define la oficina principal. En la foto, de izquierda a derecha, John Fredy Asprilla, Lorena, Kelly, María José, John y el Nene. Abajo, pensativo, John Jaime Sánchez.
Lilliana Vélez De Restrepo | Publicado el 10 de diciembre de 2011

"No sé qué hubiera sido de mi sin Son Batá... quizás andaría por ahí molestando", expresó Andrés, más conocido como Aguao, músico percusionista que encontró en esta corporación artística y cultural, más que una oportunidad de vida, un hogar.

"Yo me había ido de Medellín y al regresar supe que mis amigos habían propuesto esta iniciativa. Un proyecto que me enganchó y que me ha servido demasiado... una forma de vivir", agregó el joven de 23 años.

Su opinión coincide con la de muchos otros jóvenes y niños que hacen parte de este colectivo de artistas que se divide en tres grupos de música, dos de danza y uno de teatro. En total son 230 integrantes de las comunas 13, 8, 9 y 6.

Aquí no importan ni la edad ni la raza. "Lo más importante es fomentar los sueños y lograr que crean en sí mismos. Es arte para descubrir el poder que está en cada uno de nosotros", explica John Jaime Sánchez, cofundador y director.

En los seis años que lleva la corporación, son cerca de 500 jóvenes los que de una u otra forma se han beneficiado de esta entidad que es un referente de la lucha por la no violencia, la aceptación de la diferencia y la organización juvenil.

"Son Batá para mí lo es todo. Me ha permitido ganar respeto, es mi segundo hogar", confiesa Popo, integrante de Bantú, el grupo de jóvenes músicos de Son Batá que este año, sin ser del Pacífico, ganaron el concurso de chirimía Petronio Álvarez el pasado mes de agosto en el estadio Pascual Guerrero de Cali. Ahora Popo sueña "con llenar muchos estadios más con la música nuestra".

La escuela de iniciación musical es ya un reconocido semillero. Y aunque la meta no es formar grandes artistas, como precisa John Jaime, lo que sí han logrado es formar grandes personas.

"Somos testigos de la transformación. El arte crea la capacidad de soñar, conlleva compromiso y disciplina y despierta tu sensibilidad. Todo esto es básico para triunfar en la vida", enfatiza el director.

Así lo entienden también los integrantes del colectivo, como John Fredy, cantante, coordinador artístico de Son Batá y estudiante de trompeta: "¡Son Batá es mi vida! No puedo concebir la vida sin el grupo", afirma emocionado.

Para Kelly, una joven bailarina con énfasis en street dance , haber llegado a la corporación ha sido lo mejor.

"Aquí me siento como en casa. Además de que puedo bailar, que es algo que me gusta mucho, me ha servido para no coger malos pasos. Me ha ayudado a pensar en el futuro más allá del papel de una mujer que solo piense en conseguir un novio, quedar en embarazo y no ver más allá de la comuna. Yo sueño con ser una persona importante", resaltó.

A sus 13 años, Lorena comparte esta posición y agrega que para ella, que baila hip hop desde hace casi dos años, Son Batá significa aprendizaje, mucha disciplina y también diversión.

Incluso la pequeña María José, de seis años, la pasa feliz. Ella no solo estudia flauta, sino que también canta. "Mañana cantaré Parió la luna, se anticipó a decir. "El hecho de que estén aquí, que sientan que son importantes y que hay otros caminos es lo que me alienta a seguir", concluyó John Jaime.