HISTÓRICO
América Latina y la atención de la educación superior
Daniel Rivera Marín | Publicado el 12 de noviembre de 2011
Una quimera. Para muchos pensar en una educación pública de calidad, de amplia cobertura, y si no gratuita, por lo menos con precios que puedan pagar todos los estratos sociales, puede ser como ver ese animal mitológico griego del imposible.

Aunque como decía uno de los carteles que los muchachos del movimiento estudiantil sacaron en la marcha del jueves pasado, "¡Alerta! la esperanza se toma las calles". Y precisamente eso es lo que tienen los jóvenes, esperanza.

En América Latina se han gestado, gracias a procesos democráticos en los que la comunidad educativa ha tenido su aporte, modelos educativos incluyentes y de oportunidades.

Andrés Oppenheimer, en su libro ¡Basta de Historias! (Debate) destaca que en una conversación que tuvo con Bill Gates, le preguntó que cuáles eran los países latinoamericanos más avanzados en educación, investigación y desarrollo, y que el dueño de Microsoft le respondió sin asomo de duda que Chile, y de lejos.

Chile y sus becas
Y el autor acuña que esa respuesta de Gates se debe, en primer lugar a que el país del sur ha hecho en los últimos años progresos sustanciales "la coalición de partidos de izquierda que gobernó durante dos décadas hasta el triunfo del presidente Sebastián Piñera en 2010 triplicó el presupuesto educativo". Y no solo eso, sino que aumentó las horas de estudio en las escuelas de 940 por año a 1.200.

Y es que según cifras del Banco Mundial y del Ministerio de Educación chileno, para la década del 90 la escolaridad promedio de los chilenos era de 8,7 años, pero en 2008 subió a 11,8 años, la más alta en América Latina.

Sin embargo, desde abril de este año los estudiantes chilenos empezaron una movilización quijotesca que paralizó el país, debido a que el sistema educacional se basa en una importante participación privada, mientras que el Estado solo provee el 25 por ciento, algo así como el 0,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que Argentina, donde la educación es gratuita y los postgrados muy baratos (cientos de estudiantes colombianos migran al país austral para cursarlos), es del 6 por ciento.

En este punto, José Alonso Hoyos, asesor en educación superior, recuerda que el lema que reza que cinco años estudiando y se pagan 15, que surgió en las marchas locales, viene es de Chile y agrega que el problema que tiene ese país no es de calidad sino de precios. Además, otro avance positivo, y que el mismo Secretario de Educación de Medellín, Felipe Andrés Gil Barrera, ha estudiado de cerca, es la gran cantidad de becas para postgrados que iniciaron en el gobierno de Michelle Bachelet, un fondo de 6.000 millones de dólares que se traduce en 6.500 becas anuales.

La calidad está en Brasil
Para José Alonso Hoyos, sin embargo, por encima de Chile, en cuanto a mejores condiciones de educación superior, está Brasil, porque según dice, en el país del carnaval están las universidades latinas mejor posicionadas en los estándares mundiales. "Uno podría decir que sin ser el Estado ideal, allí se encuentran las mejores condiciones con calidad y con alta financiación del Gobierno. Aunque no podemos olvidar los problemas de equidad que tienen".

Que el país del fútbol bonito que emociona estadios esté ubicado en un lugar privilegiado se debe a que el 1,5 por ciento del producto nacional bruto se va para la ciencia, tecnología e innovación. Andrés Oppenheimer dice que esa cifra es más del doble que en la mayoría de los países latinos.

A lo anterior, se suma que Brasil gradúa cerca de 30.000 estudiantes en maestrías al año, pero eso choca con la realidad de la inequidad y del analfabetismo. La clave, dice Fernando Reimers, director del Programa de Políticas Educativas Internacionales de la Universidad de Harvard, en ¡Basta de Historias! , es que "en Brasil se ha creado una concurrencia de voluntades del sector público y privado en donde todos están involucrado en mejorar la educación".

Para el asesor en educación superior, una de los mayores indicadores de calidad en la enseñanza está en la cantidad de dinero que se invierte per capita, y así llegamos a México.

Dinero per capita
El experto señala que en Latinoamérica la institución que más invierte en un estudiante es la Universidad Autónoma de México, donde cada alumno vale 8 mil dólares al año. Y eso que está lejos de las que más invierten, entre ellas se encuentran la Universidad de Harvard con 106 mil dólares por estudiante al año, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) con 216 mil dólares y el California Institute of Technology, con la gran suma, y el primer puesto a nivel mundial, un millón de dólares.

"En Colombia, dice el Ministerio de Educación, un estudiante vale 3 millones y medio de pesos al año (1.800 dólares), entonces para hablar de una educación superior buena, tenemos que hablar necesariamente de dinero", sumó Hoyos.

Lo que hay por mejorar
Queipo Timaná, exdecano de la facultad de Educación de la Universidad de Antioquia, opina que una de las desventajas de Colombia es la poca oferta que tiene de doctores, "solo graduamos 92 por año". Aunque el académico, destaca el avance de Medellín y Antioquia en becas para realizar postgrados, "un esfuerzo por encima de la media del país".

También agrega que uno de los objetivos en Colombia es que se mantenga la educación pública, pero que crezca la cobertura, "que la gente de bajos recursos tenga todas las posibilidades de estar en una universidad".

En el mismo tema, José Alonso Hoyos, subraya que la educación superior no es universal, "cuando se llega a una cobertura del 60 por ciento se está en buena condición, porque se dice que un país con menos del 40 por ciento no es viable".

Y según el mismo Hoyos, el Gobierno Nacional "viene diciendo que estamos con una cobertura del 37 por ciento", y eso que desde hace un par de años se incluyen los datos que brinda el Sena.

El aumento que se ha dado viene de la mano de esfuerzos que ha realizado la universidad pública, "sin que se hubiera hecho con muchos recursos".

Alberto Uribe, rector de la Universidad de Antioquia, cree que lo primero que se necesita para que la educación superior nacional se destaque en el continente es financiación adecuada, para mejorar la calidad y ampliar la cobertura.

El rector de la segunda universidad de Colombia suma que la gratuidad de la educación tiene que llegar a los estratos menos favorecidos, "el que tiene con que pagar que lo haga, al que no tiene hay que apoyarlo y de hecho nosotros lo hacemos con los estratos uno y dos".

Educación de calidad, con buena cobertura y de todo tipo, aunque no es un quimera, sí es un cuento en el que muchos narradores tienen que aportar su parte.