HISTÓRICO
Amor y pasión, lo esencial
  • Amor y pasión, lo esencial | Hernán Vanegas | "Hay una desigualdad de la distribución del capital lingüístico y cultural entre la ciudad y el campo todavía en este momento", dice Jesús Alberto Echeverri Sánchez, docente de la Universidad de Antioquia.
    Amor y pasión, lo esencial | Hernán Vanegas | "Hay una desigualdad de la distribución del capital lingüístico y cultural entre la ciudad y el campo todavía en este momento", dice Jesús Alberto Echeverri Sánchez, docente de la Universidad de Antioquia.
Alejandro Gómez Valencia | Publicado el 29 de octubre de 2011

La semilla que le germinó en primaria, en el Colegio el Sufragio, no se marchitó cuando salió expulsado de esa institución, en cuarto de bachillerato.

Esa pepita de la pasión por la docencia se la dio a Jesús Alberto Echeverri Sánchez su profesor de cuarto elemental, Ernesto Muñoz. Y quedó tan bien sembrada que cuando el pupilo empezó a rodar por varios colegios del Valle de Aburrá no paró de crecer. Siguió echando raíces cuando él empezó a leer a los filósofos de la época, se acercó al sufrimiento del país y conoció las luchas sociales.

Por sus nuevas ideas, las mismas que llevaron a las directivas de El Sufragio a recomendarle que buscara otra institución, ingresó a la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia. Allí no solo se hizo docente, también investigador y auxiliador de la educación en el país. En las Normales Superiores, motores de la educación en las zonas rurales, lo reconocen como un rescatista de los buenos valores de esas instituciones.

Esa labor, que no ha parado durante 36 años, le dan el título a Jesús Alberto de formador de docentes. A eso se debe el homenaje como Maestro de Maestros que recibió esta semana en las XII Jornadas del Maestro Investigador, organizadas por la Universidad Pontificia Bolivariana.

Usted ha sido un historiador de la educación, ¿qué le ha sorprendido en sus pesquisas?
"Me encantó Simón Rodríguez como maestro, él era venezolano y fue maestro muy temprano del libertador Simón Bolívar. Era un lector incansable del Emilio de Jean-Jacques Rousseau y trasladó las tesis de ese libro a la educación del Libertador. Me encanta su valor por que los españoles lo cogen leyendo el libro bajo una cama. Lo iban a ahorcar pero la familia del Libertador intercedió por él y lo expulsan de Venezuela. Me gusta su carácter aventurero, es maromero en un circo de Moscú, pero la lección que me deja es que a pesar de sus viajes por Europa y los idiomas que aprende él siguió amando a América Latina".

¿Por qué lo consideran a usted como alguien que recuperó las normales superiores?
"Cuando las iban a suprimir en los años 90 lo que hicimos fue plantear, no una defensa de la Normal como institución, sino de la tradición normalista. Y de esa tradición normalista unos rasgos como, por ejemplo, la vocacionalidad, el espíritu metodológico, la afinidad que la Normal mantiene con los territorios en los que está instalada. Esas virtudes combinarlas con las demandas de la época".

¿Esa defensa estuvo relacionada con su investigación histórica?
"Sí, tiene que ver porque ese trabajo histórico me lleva a comprender lo importante que es la conservación de los rasgos progresistas y fuertes que se pueden encontrar en la tradición".

¿De ahí viene su trabajo como formador de docentes?
"Lo venía trabajando con las maestrías en la U. de A. Pero esa experiencia de las normales me mejora muchísimo como formador, me lleva a ser un formador no solo de inteligencias, sino también de almas de maestros y a aprender a amar a los alumnos. Fuera del saber que tenía sobre la Historia y la Pedagogía me enseña el lado humano del proceso de enseñanza y de la formación de los maestros".

¿Cuáles es el mayor reto que encuentra en ese trabajo de formador?
"La soledad en la que viven los maestros en nuestro país. Siempre se ha hecho énfasis en el asunto salarial, pero yo diría la soledad ética, intelectual y cultural en que viven".

¿Cuáles son las competencias que cree debe tener un maestro?
"El primero requisito es amarse y conocerse profundamente a sí mismo, tanto como ser humano como maestro. Luego tener un gran conocimiento de la teoría, la tradición y la práctica pedagógica, y un gran conocimiento de la ciencia que vaya a enseñar".

¿Nota algún cambio en la vocación en los docentes?
"Ha habido un cambio importante. Los maestros, por ejemplo, han sido una de las víctimas más fuertes del conflicto armado y han mostrado un gran valor ético e intelectual para resistir esas luchas y también para celebrar las alegrías del pueblo".

Es común la queja de que ahora los maestros esquivan lo rural.
"Hay problemas de aislamiento cultural, de condiciones económicas pero también es que hay un gran guerra en el campo y se hace muy difícil el ejercicio de la profesión. Ha habido un desplazamiento masivo de personas y también los maestros han buscado un cierto refugio en las ciudades. Pero hay historias de maestros sumamente importantes que han sido capaces de dar su vida por defender a sus comunidades".

¿Qué tanto cree que incide la tecnología en la labor de un docente?
"Para mí sigue siendo esencial el amor y la pasión que pongan en la práctica de la Pedagogía, en el aprendizaje de la ciencia que se va a enseñar y del oficio, pero indudablemente creo que los maestros tienen que estudiar, articular y aplicar todas las ventajas que para la enseñanza están dejando la ciencia y la tecnología".

¿Cómo le parece que está Medellín en educación?
"Creo que se ha hecho suficiente énfasis en la infraestructura y la tecnología. Para mí el factor principal de la educación es el maestro. Hay que volver a invertir grandes capitales en la formación del maestro, en hacer que sea el hombre más culto de esta sociedad. Después de esta inversión grande en tecnología y en infraestructura se debería dirigir inversión al maestro".