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Bacrim: trampa conceptual (4)

  • Michael Reed H. | Michael Reed H.
    Michael Reed H. | Michael Reed H.
15 de mayo de 2011
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En las tres columnas anteriores destaqué la continuidad de algunas cualidades de los grupos armados organizados de hoy con las de los grupos paramilitares. Resalté similitudes entre sus estructuras y su forma de actuar, la existencia de vínculos con agentes estatales y su rol en las economías ilícitas. Igualmente, subrayé algunos cambios en las manifestaciones violentas, pero exhibí que estas variaciones deben verse como parte de un fenómeno dinámico y evolutivo.

En esta última entrega enfatizo otro elemento que aboga por reconocer la continuidad entre las denominadas bacrim y los grupos paramilitares: su involucramiento en la definición del poder político local.

Las investigaciones y juicios de vínculos entre congresistas y paramilitares realizadas por la Corte Suprema de Justicia y la acción de la Fiscalía en contra de varios políticos locales pusieron de manifiesto la relación entre política local y actividad paramilitar. El tiempo corrido después de impuestas y, en algunos casos, cumplidas las sanciones penales, pone en evidencia la maleabilidad de los escenarios locales y la inmensa capacidad de los agentes sancionados para continuar ejerciendo influencia política, aún después del reproche penal.

La relación entre grupos armados organizados y política local es dinámica y responde a una lógica relacional que fluye en ambos sentidos. Este abordaje evita la discusión "del huevo y la gallina", es decir, de si fue lo político lo que copó lo paramilitar o viceversa. La explicación relacional, expuesta por Charles Tilly, rechaza la identificación del origen del mal como versión explicativa de un fenómeno y se preocupa por escudriñar los intercambios que tienen lugar en un contexto determinado y cómo esas transacciones van, a su vez, moldeando la manera como se relacionan los agentes sociales y cómo acontecen las transacciones en un lugar determinado.

Durante las últimas décadas, el uso de estructuras paramilitares en la política local fue evidente. Hay regiones en donde las transacciones entre políticos y las estructuras paramilitares fueron manifiestas, como en los departamentos de Antioquia, Sucre y Casanare, y otras en donde el intercambio fue más oculto, por ejemplo, en Cundinamarca y Boyacá. No obstante, en todas las regiones del país se detecta la utilización de la violencia como parte de la contención electoral y el ejercicio de lo público -desafortunadamente, tornándose en una característica del régimen político colombiano.

En el fondo, no se trata de una penetración de los grupos armados organizados en la política ni de una politización de los grupos armados organizados. Se trata de algo más estructural: la implantación de formas violentas en el ejercicio de lo público. Durante las elecciones locales de 2011, algunos políticos y grupos armados organizados seguirán utilizando el recurso de la violencia como una forma de acceder y mantener el poder local y, de esta forma, Colombia seguirá avanzando, a pasos agigantados, hacia un proceso de des-democratización.

El proceso de des-democratización no necesariamente implica un giro directo hacia el autoritarismo, pero sí un movimiento a la inversa del proceso de democratización. Las sucesivas transacciones entre grupos armados organizados y estructuras políticas en el nivel local conforman un escenario político excluyente, que se mantiene a través de la violencia. El reconocimiento de continuidad entre la dinámica paramilitar y los grupos armados organizados de hoy daría lugar a un punto de partida para hacer frente a esta tendencia.

Encarar este fenómeno puede ser más difícil que combatir a un régimen abiertamente autoritario, puesto que el proceso de des-democratización mantiene las formas de la democracia. "La información, los códigos y los recursos y las energías" utilizadas en el ejercicio político mantienen apariencias democráticas, pero son calificadas por las formas subrepticias de la violencia coercitiva. (Tilly)

Al igual que los paramilitares fueron determinantes en las últimas tres elecciones locales, los grupos armados organizados de hoy, esos que todos llaman bacrim, lo serán en las próximas elecciones en los lugares en los cuales ejercen influencia. ¿Será que son tan distintos los fenómenos?

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