HISTÓRICO
Botaggisio le pone su rostro al dolor de las víctimas viales
Por MARÍA VICTORIA CORREA | Publicado el 27 de abril de 2013
Mary Bottagisio habla con tanta tristeza que a veces no se le entiende. Sus palabras son un llanto permanente. Comienza a contar la historia, su historia de vida, y se va silenciando, es como si se quedara sin palabras o sin sonido. Aún así habla desde su corazón:

"El 18 de marzo de 2005 un carro de servicio público mató a mi hermana menor cuando iba para la universidad en su bicicleta. Su hija tenía cuatro meses y medio. Mi mamá me llamó a la oficina, con la voz ahogada, a decirme que a mi hermana le había pasado algo: un violento vial acabó con su vida".

Mary se enmudece. Toma aire y continúa.

"Nosotros, los que tenemos que vivir lo invivible, hablamos de esa llamada fatal. Es una llamada en la que uno queda ahogado, en total desesperanza. A mamá le avisaron y salió corriendo con la bebé a buscar a su hija. El portero la vio corriendo y notó que iba descalza. A partir de ahí fue una lucha incansable de dos años para que sancionaran al conductor, generalmente esas muertes son olvidadas".

Fue por esto que en 2007, Mary creó la fundación "Por la vía por la vida, liga contra la violencia vial", de la que hoy es su directora. Su nombre es sinónimo de lucha constante por los derechos de las víctimas viales.

¿Todavía le cuesta trabajo contar la historia?
"Sí. La verdad es que esos momentos fueron muy duros. Durante tres años no dormí con la luz apagada y es ahí donde uno entiende lo que es un choque sicológico. Pensaba en el día en que la hija de mi hermana y mis hijos me preguntaran yo qué había hecho. Si la muerte de mi hermana fue en vano, no quiero que mi vida lo sea".

¿Su familia qué dice?
"Cada uno ha vivido el dolor distinto. Para mi mamá, ha sido difícil. Cuando me ve en la televisión me dice que me expreso muy bien, pero nunca ha querido implicarse, porque dice que nada le devolverá a su hija. Hay mucho dolor".

¿Usted qué hacía antes de la muerte de su hermana?
"Era empresaria. Le confieso que a través de la Fundación he aprendido a ir a lo esencial. El respeto hacia el otro en la vía es un tema de valores, de ética. Es saber que si me paso un semáforo en rojo, me convierto en una bala perdida y puedo matar a alguien. Los gobernantes han creado ciudades para los carros, pero somos 45 millones de peatones, frente a 8 millones de vehículos. Tenemos 6.000 muertos anuales en accidentes, más de 300.000 heridos al año, más de 40.000 personas que quedaron con secuelas permanentes y estas son solo estadísticas, pero resulta que detrás de cada cifra hay una familia".

¿La hija de su hermana sabe la historia?
"Tiene 8 años. Es una niña que tiene la desventaja de crecer sin mamá. Ella sabe la historia y sabe que soy su tía, que mis hijos son sus hermanos y que mi mamá es su mamá. Ella es el símbolo de lo que no debe pasar".

¿Dónde aprendió la terminología de seguridad vial?
"He estudiado mucho. No es como dicen que nosotros somos un grupo de mujeres locas que quieren exorcizar la muerte de la hija y de la hermana. Somos mujeres que hemos trabajado mucho, sabemos que la seguridad vial tiene unos componentes técnicos que son determinantes para evitar esas muertes y nos hemos dedicado a estudiar, a comer libros, a crear una red internacional de expertos. Esto se hace con corazón, pero lo que guía a la Fundación es el conocimiento".

¿Usted está todo el día metida en este tema o se dedica a algo más?
"¡El día y la noche…. Siempre tengo muchos temas pendientes como el proyecto de ley de transporte escolar, el día del peatón, enviarle información a los senadores, colaborarle al Ministerio de Transporte. Logramos que la Contraloría se vuelque al tema de la seguridad vial. Lo que queremos es que el país invierta en prevención y eso toma mucho tiempo".

¿Cómo está estructurada la Fundación?
"Hay una junta directiva y una asamblea que se reúne cada año. Contamos con 3.600 miembros adherentes a quienes les contamos lo que estamos haciendo. Es difícil trabajar con las familias de las víctimas porque hay mucho dolor".

Las cifras de muertes en las vías van en aumento, ¿no está perdiendo la batalla?
"Sí, a veces sentimos que estamos arando en el desierto. Hay días en los que hay experiencias que no son alentadoras y uno se pregunta, ¿para qué sigo si esto no va a cambiar?. Debo reconocer que en estos seis años hemos visto cambios, aunque no podemos sacar pecho porque no se han disminuido las muertes ni el dolor. En seguridad vial los resultados necesitan de esfuerzos y por eso, seguiremos presionando, este trabajo se acabará el día que no haya más muertes en las vías".

¿Quién está en contra de su discurso?
"Todos los que tienen el dinero de la seguridad vial y no la invierten. El país recauda cerca de un billón de pesos anuales únicamente por Soat, a eso súmele multas, peajes, pero eso no se reinvierte en seguridad vial".

¿Tiene aspiraciones políticas?
"No. Me ganaría una cantidad de problemas muy rápido. Solo tengo una aspiración y es que las madres no entierren a sus hijos, no quiero más sangre en las vías del país".