HISTÓRICO
Catalina Maya, de cara lavada
  • Catalina Maya y Adrián Fernández se conocieron en Cartagena y, en esta ciudad, se casaron en 2005. La llegada de Valentina y la espera del segundo bebé tienen a la pareja llena de felicidad.
    Catalina Maya y Adrián Fernández se conocieron en Cartagena y, en esta ciudad, se casaron en 2005. La llegada de Valentina y la espera del segundo bebé tienen a la pareja llena de felicidad.
  • Catalina Maya y Adrián Fernández se conocieron en Cartagena y, en esta ciudad, se casaron en 2005. La llegada de Valentina y la espera del segundo bebé tienen a la pareja llena de felicidad.
  • Cortesía familia Fernández MayaSi es niño, Niko y si es niña Miranda. Esos son los nombres que eligió la pareja para el hermanito de Valentina, muy veraniega en esta imagen.
    Cortesía familia Fernández Maya
    Si es niño, Niko y si es niña Miranda. Esos son los nombres que eligió la pareja para el hermanito de Valentina, muy veraniega en esta imagen.

  • La pareja tendrá su segundo hijo en abril del próximo año.
  • Está feliz con su esposo, el piloto Adrián Fernández, y su hija Valentina.
  • Así vive la modelo y ahora mamá en su casa de Arizona (E.U.)
Por
Ana Cristina Restrepo Jiménez
Scottsdale (Arizona), E.U.

Pies desnudos, ropa ajustada. Toda de negro. Se sienta sobre el mesón de su baño, al lado de una pequeña escultura de madera que representa la maternidad.

Frente al espejo, da un vistazo a su cara lavada. Es un lienzo. Saca unas "pinturas" y matiza los trazos de su rostro. Ignora el reflejo y, como marino que harto de navegar se echa a la mar con la carta enrollada bajo el brazo, Catalina Maya se maquilla sin mirar?

La bella durmiente.
En los áridos terrenos del desierto de Sonora, de atardeceres anaranjados y lavanda, y frente a un muro de montañas rocosas, está la casa de estilo colonial español del corredor mexicano Adrián Fernández y su esposa, la modelo Catalina Maya.

Toñita, paisana del señor de la casa, abre el portón. La voz del cantante Luis Miguel invade los espacios del lugar donde cada pared, en las alcobas, salones y corredores, cuenta a través de fotos una historia de amor.

Sobre la mesa del comedor, un tetero y una pañalera. En el piso, el abuelo juicioso estudia un manual de instrucciones para armar un gimnasio de bebés; y el monitor de ruido registra, en tono bajo, la agitada respiración de alguien que apenas estrena pulmones...

Una voz un poco ronca avisa desde el baño: "¡Lista!". Y sale ella, Catalina Maya, mamá desde hace seis meses, y modelo otra vez -sólo por esta tarde-, para una sesión fotográfica.

Entra en una alcoba decorada con mariposas y fotos de la infancia de sus padres. A un lado de la cuna, los libros de la casa: guías prácticas sobre el embarazo y crianza, y un par de cuentos infantiles. La bebé no quiere fotos, acurrucada con su jumper de corduroy, esconde la cabeza.

La mamá se rinde y decide que el Ave María haga el trabajo. Después, más canciones de Andrea Boccelli. Pero nada funciona.

"Ay, ¡qué bonita es la vida!", un vallenato con sabor mexicano, por fin, despierta a la bebé. El papá la toma en brazos y, con Catalina, la lleva al clóset para escoger su ropa.

Blanco es el color de hoy.
En el cambiador, a Valentina la esperan los placeres de una diva, crema y perfumes Musti, de Bulgari, y Jacadi Paris.

La mamá susurra al oído de su niña, le canta, cuenta y compone. Desde hace seis meses, Catalina ha poblado su casa de personajes que pone en escena para entretener a la bebé: Fidel (osito), Tulio (títere), Claudio (caballo de madera), María Moquitos y Doña Lagaña. Y es que desde que conoció a Adrián Fernández en la Carrera de las Estrellas (Cartagena, 2005), su vida cambió radicalmente.

El príncipe feliz
Cuando Adrián Fernández vio por primera vez a Catalina Maya, al otro lado de la acera en la Ciudad Vieja, ignoraba que tenía al frente a una modelo famosa y buscó la manera de llegar a ella? desde entonces, muchos vallenatos y rancheras han sonado, al punto de tenerla a ella con un leve "deje" mexicano en su hablar? y a él, con el "seseo" propio de los habitantes de este valle.

Él, corredor y empresario del automovilismo. Ella, modelo publicitaria y comunicadora social de la Universidad Pontificia Bolivariana, había trabajado con las juventudes de Álvaro Uribe Vélez y en cubrimientos especiales para Julio Sánchez Cristo.

Después de dos años de matrimonio decidieron formar una familia y pasaron ocho meses de ansiedad, hasta que un especialista en fertilidad le recomendó a Catalina examinar a fondo lo que parecía ser "un quiste de agua".

Por precaución, el día antes de someterse a los rayos X, se hizo una prueba casera, mientras hablaba con una amiga por teléfono.

Positiva. La repitió de inmediato. Positiva otra vez. Y una tercera vez: no había duda.

Llamó a su marido: "Ven, por favor. Rápido (¡cuál será la reacción de un piloto de carreras bajo esas circunstancias!), tengo mucho dolor de estómago".

Tan pronto compartieron la noticia, y sin tener idea del sexo del bebé, Catalina mandó a hacer tarjetas con la inscripción "Valentina Fernández Maya" y se dedicó a comprar ropa de niña.

Consiguió un ultrasonido para no perder ni pálpito de esa vida que crecía en sus entrañas y así pasaron las nueve lunas de Catalina, que culminaron con veinte kilos de más, uno que otro dolor de cabeza, somnolencia y ganas de comer chitos, panelitas, arequipe, mango biche y antojitos mejicanos con sabor a limón.

Mientras tanto, Adrián asistía al Daddy Boot Camp, campamento de reclutas aprendices de las artes de la puericultura: cambiar pañales, preparar teteros y combatir al termómetro cuando pasa de los 37 grados.

El primer parto de Catalina Maya fue inducido: "No sentí nada, tenía la epidural. Cuando llegó la doctora ya estaba en diez de dilatación. Yo tenía muy claro que cuando sintiera un medio coliquito iba a decir: ¡no puedo, no puedo!".

En abril del 2008, Catalina y Adrián serán padres otra vez: "Con este parto voy a hacer lo mismo: un show, aunque no tenga dolor".

País de las maravillas
A Catalina, ave nocturna, "nada le ha dado duro de ser mamá". Ni los meses de malestar ni los impredecibles horarios de un recién nacido?

La única molestia para ella fue el dolor del posparto al abandonar la clínica.

"Al quedar en embarazo no dimensionas qué tan grande puede ser la felicidad sino hasta que cargas a tu hijo. Cuando empiezas a sentir al bebé es una emoción grandísima. Pero en momento del parto, cuando me pasaron a la gorda y la pude sentir y ver cómo me miraba? ¡me derretí!", dice Catalina.

"Lo que más me gusta de la maternidad son los sentimientos que despierta, la ternura que esto implica. Saber que mi bebé es sólo para mí y para el papá".

Asegura que su mayor debilidad es comprar ropa, define la belleza como "una manera de identidad propia. Algo muy particular y único que identifica al ser, que lo hace sentir distinto a los demás". Por eso, considera que las mejores modelos en Colombia son Claudia Bahamón (su mejor amiga, que también pronto se estrenará como mamá) y Adriana Arboleda.

Y colorín, colorado?
Catalina se ve reflejada en Valentina: "Su carácter es como el mío. A todo se acomoda y todo le gusta". Y aunque es prematuro predecir el futuro comportamiento de la bebé, considera que se inclinará por las carreras: "Es lo que ve todo el día con el papá".

No le molesta que su hija modele ahora, sin embargo, no le gustaría que escogiera esa profesión: "El medio es muy competido y son muy duros los sacrificios del mundo de la belleza y el glamour".

Su único miedo es que ella o Adrián le falten a la niña.

Atrás quedan trece años de sesiones fotográficas y pasarelas. Sólo quiere dedicarse a su hogar y familia. Hace unas semanas, fue con Adrián al concierto de Luis Miguel en Las Vegas (por primera vez en la vida, la bebé se quedó dos noches bajo el cuidado de su tía, en Scottsdale) y, en este momento, Catalina descansa con su esposo y Valentina en California, a unas horas de su casa en Arizona.

La menor de tres hermanas e hija de una pareja con cuarenta años de casados, hoy siente que la prioridad en su vida es conservar "los valores de las culturas mexicana y colombiana": "En esta navidad a mi casa no llegará Santa Claus sino el Niño Jesús. Todas las noches rezo con mi bebé". Y cada vez que regrese a Colombia, el destino principal será la finca de los abuelos de Valentina, en el Suroeste de Antioquia.

En diciembre será el bautizo de Valentina, que estará en brazos de la madrina que cargó a su mamá: Mónica, la hermana mayor de Catalina.

La pareja, que planea tener tres hijos, acordó que ella daría nombre al primer bebé y Adrián lo haría con el segundo. La intuición le dice a Catalina que tendrá un hijo varón, cuyo nombre será Niko De ser niña, se llamará Miranda.

Cae la tarde. El cielo de Arizona ya es una sábana terracota y gris. Se apagan los reflectores. Y callan los clics. Lava su cara. El maquillaje sobra (siempre sobró).

Dar luz al rostro de Catalina Maya es encender una vela? bajo los rayos del sol.

Así recuperó su figura después del parto
Catalina ha recuperado su talla normal y está lista para perderla otra vez: "Me gusta más mi cuerpo ahora que antes. Ahora tiene más forma".

Durante el embarazo cuida su figura con una preparación casera para prevenir estrías: mezcla aceite de oliva, aceite cristal, aceite de mandarina, aceite de vitamina E y gel de ducha; y, al bañarse, se lo aplica con la mano, no con estropajo ni esponja.

Practica el yoga para embarazadas y el baile Zumba. Y, para evitar las manchitas de la cara, se aplica el antisolar FPS 60 y complementa su dieta con vitaminas prenatales.