HISTÓRICO
Claves para ser un buen jefe
  • Claves para ser un buen jefe | Shutterstock |
    Claves para ser un buen jefe | Shutterstock |
Efe | Publicado el 26 de octubre de 2012

Aunque comparten su apodo, The Boss (el jefe), no todos los encargados de dirigir a grupos humanos en las empresas y organizaciones tienen el mismo éxito que el popular cantante y compositor estadounidense Bruce Springsteen,  a la hora de conseguir que sus seguidores bailen y canten al son de su música.
 
¿Cuáles son los hábitos, actitudes y capacidades que convierten a una persona que ostenta el mando en un auténtico experto en el liderazgo y la gestión de equipos humanos? ¿Qué debe hacer un jefe para alcanzar el éxito y que ha de evitar para eludir el fracaso, no sólo ante la empresa sino con sus subordinados?.
 
Para el escritor, bloguero y columnista estadounidense Geoffrey James (geoffreyjames.com) que ha entrevistado a ejecutivos de éxito y observado sus estrategias comerciales, una de las reglas para dirigir un grupo radica en coordinar los objetivos de cada trabajador para vincularlos con los objetivos generales del colectivo y conseguir una buena cooperación entre todos.
 
Autor del libro De negocio a negocio de venta, James indica que, en vez de premiar a un trabajador hay que recompensar al grupo y variar el reconocimiento y la atención en vez de concentrarlos en la misma gente, porque si se convierte a un empleado en estrella, los demás se  desmotivan y se crea una sensación de falta de valoración que influye negativamente en su rendimiento.
 
Lo más importante es el equipo
Para James, un líder debe dejar a los empleados desarrollar su trabajo y asesorarlos, solo cuando sea estrictamente necesario o ellos lo soliciten, ya que si en lugar de pensar estratégica y globalmente, interviene constantemente y se centra en detalles técnicos desmotivará al grupo y hará más lento el trabajo, impidiendo que sus empleados saquen lo mejor de sí mismos.
 
En opinión del experto estadounidense un buen jefe debe colocar a su grupo de trabajadores al mismo nivel, e incluso por encima que los clientes e inversores, porque son el motor de la empresa y crean valor añadido. Los miembros del equipo,  si perciben esta responsabilidad y obran en consecuencia, impulsarán la carrera del directivo.
 
Si los empleados se quedan en el último lugar en el ranking de prioridades, hará que no se impliquen ni se identifiquen con el proyecto, ya que si el jefe no se preocupa por ellos, ellos terminarán despreocupándose de sus funciones, según James.
 
Otro de los secretos del buen jefe, según el experto, consiste en hacer al trabajador las preguntas necesarias para que reflexione sobre la razón de hacer cada cosa y pueda desarrollar sus propias ideas, en lugar de darle una orden tras otra.
 
Si a un subordinado se le dan unas pautas cerradas, se le obliga a actuar con base a una orden o a cumplir unas directrices muy estrictas, perderá la oportunidad de pensar y actuar por sí mismo y crecer profesionalmente, según Geoffrey James.
 
Los jefes demasiado controladores que utilizan amenazas para dirigir a sus subordinados y las empresas que no valoran las contribuciones de los empleados, terminan frustrando a sus trabajadores, lo cual puede reducir su productividad laboral, según investigadores dirigidos por el doctor Nicolas Gillet, de la Universidad François Rabelais, en Tours (Francia).
 
Para su estudio, los investigadores preguntaron a los trabajadores de 1.118 compañías pequeñas, medianas y grandes qué pensaban sobre el estilo administrativo de sus supervisores y cuánto respaldo sentían que recibían de sus empresas.
 
Cuanto más sentían los empleados que sus superiores y su compañía les respaldaban, más satisfechas estaban sus necesidades básicas de autonomía y competencia, mejor era la forma en que se relacionaban con los demás y más felices y satisfechos se sentían en su trabajo.
 
Cultivando el bienestar laboral
Aquellos empleados cuyos supervisores eran coercitivos, autoritarios y les presionaban, o que creían que sus compañías no les apoyaban, sentían que sus necesidades no eran satisfechas y tenían niveles más bajos de bienestar laboral (se sentían peor en el trabajo), lo cual repercutía negativamente en su rendimiento.
 
"Para satisfacer las necesidades de los empleados, los supervisores deben proporcionarles opciones en lugar de utilizar amenazas y fechas límites. Esta estrategia podría mejorar el bienestar de su fuerza laboral", han señalado los investigadores.
 
La impaciencia y la facilidad para decepcionarse son rasgos de personalidad de un jefe que empeoran el ambiente laboral. Es preferible mantener la cabeza fría y la distancia adecuada con los empleados que actuar de modo imprevisible o emocionalmente inestable, según explican Robert Hogan y Joyce Hogan en su estudio Asesorando a líderes: un vistazo al lado oscuro.
 
Otro factor nocivo para la popularidad de un jefe, es la dificultad para adaptarse a los cambios e innovaciones, porque la capacidad de adquirir nuevas habilidades es esencial para su propia mejora personal y porque así se asegura de que sus subordinados le imiten, explica David Brookmire en su informe Tratando con ejecutivos que han cometido errores fatales.
 
Por su parte Jack Stark, en su libro La fórmula del campeonato, asegura que otros de los obstáculos para ser un buen líder consiste en pensar que los demás intentan perjudicarle o le critican a sus espaldas, lo que le lleva a cambiar su comportamiento de manera artificial.
 
“Independientemente de las capacidades de influencia y conducción innatos de una persona y de su carisma natural, las dotes del liderazgo eficaz pueden aprenderse y adquirirse”, según el psicólogo clínico y de empresa George Kohlrieser, de la Escuela de Negocios IMD, en Estados Unidos.
 
Asegura Kohlrieser que “lejos de los líderes coercitivos de épocas pasadas, los dirigentes actuales tienen que forjar vínculos para inspirar a sus equipos a lograr las metas anheladas, y más que nunca tienen que enseñar los beneficios del cambio”.
 
Los líderes también deben “jugar para ganar, en lugar de para no perder, lo cual hace que el trabajo sea un lugar más apasionante, agradable y atractivo para ellos mismos y para todos aquellos a su alrededor”, explica Kohlrieser, según el cual aún “más importante que contar con carisma, es aprender a expresar pasión y ser auténtico, porque lleva a la gente a confiar en el líder”.